El derecho a comunicarnos libremente

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Por Roberto Veras

Nací en 1962 en La Vega (República Dominicana) tuve la suerte de nacer en un país libre, aun así, mis padres no tuvieron esa misma suerte, ni tampoco mis abuelos, crecí en un país atormentado por los cambios, la gente se enfrentaba a nuevos desafíos todos los días, eran como niños porque tenían que aprender a ser libres.

Para un país azotado por la tiranía durante más de 30 años, ese era un gran problema, la transición a la libertad fue rápida y con un costo de ciudadanos valiosos llevado a los cementerios.

Escuché muchas historias sobre esos tiempos de la tiranía de TRUJILLO. Asesinado el dictador, la gente comienza a hablar libre sin temor a ser arrestada o torturada por el SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Este fue el principal servicio represivo de ese régimen.

Cabe destacar, que en esa época había espías de seguridad en todas partes, entre amigos, parientes, vecinos o incluso entre profesores de escuela, no podías confiar en nadie, ni siquiera en tu mejor amigo, a algunas personas les lavaron el cerebro para ayudar a la seguridad.

Muchas personas fueron demolidas y la gente eran arrestados y torturados en las cárceles, obligados a renunciar a sus derechos, algunos de ellos sufrieron una muerte dolorosa después de días y días de tortura, otros simplemente perdieron la vida entre las frías paredes de las celdas de la prisión llamadas “La 40”.

Escapar del país era una opción, muchos lo hicieron, algunos murieron probando suerte, aun así, ninguno de los que lograron salir no fueron completamente libres, pues sus familiares que permanecieron en el país fueron hostigados por el SIM.

Para alguien que viviera en democracia era difícil entender por qué soportamos durante 30 años al régimen de TRUJILLO, pero al mirar de cerca verás que no teníamos el derecho más importante: el derecho a comunicarnos.

Por supuesto, en ese momento no muchas personas tenían teléfono, no teníamos internet, Facebook, correo electrónico y muchos ni siquiera tenían electricidad.

Esta debería ser una lección para las generaciones futuras, nunca deben renunciar a sus derechos, especialmente al derecho a comunicarse libremente.

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