¡Justicia, queremos justicia!

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Justicia: “Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde”.(Red de la Internet).

De observarse ese principio entre nosotros, se puede castigar siempre como es debido, por casos particulares específicos acaecidos, u otros, como es lo que espera la ciudadanía.

Ahora, eso no significa que con dicho proceder solamente, se vayan a erradicar tan terribles males envueltos, como por ejemplo son, esos de la delincuencia y la criminalidad, temáticas aquí abordadas, qué es lo que más se debe procurar.

Entones, nada de “muerto el perro y se acabó la rabia”. Pues, de actuarse así, en el tenor de lo aquí tratado, al igual que con relación a otros males sociales que atacan, esos flagelos continuarán como siempre su agitado curso.

Tal se intitula este trabajo, es lo que más se escucha pronunciar a familiares y amigos de aquellos que resultan víctimas de los tantos antisociales que ahora se tienen en Dominicana, haciendo “barbaridades”, y que se inclinan de ordinario por acciones como las señaladas.

Sí, de esos que optan por asaltar con violencia marcada; matar a otras personas por celos, problemas pasionales; realizar trabajos de sicariato; cuando no, por asuntos relacionados directamente con el consumo y tráfico de drogas narcóticas, los llamados “ajustes de cuenta”.

Claro, eso de pedir justicia en este país, por la ocurrencia de tales hechos, conociéndose de antemano como se bate el cobre dentro de esa área aquí, en la que con frecuencia no se actúa con la “ceguera” necesaria, como tampoco siguiendo el llamado debido proceso. Luego, se reporta el pedimiento de aquellos, como estar tirándole siempre piedras a la luna.

En ese sentido, nos referimos a lo que se puede esperar, con respecto al rol cuestionable que vienen jugando los representantes dentro de ese sector entre nosotros, con las excepciones de siempre, claro está. Se trata de jueces, fiscales, abogados, como de los mismos cuerpos del orden competentes, y otros, qué son no ajenos al gran problema.

Dentro de esos, los que se tenían antes como colaborares de la justicia   – abogados -, ahora fungen más bien como cómplices de sus representados, con ciertas exclusiones notales, que las hay, buscando cuartos de sus clientes, y nada más. Sí, de aquellos que infringen las leyes, y procuran después, quienes les defiendan ante los tribunales de la República, sin importar cuánto se tenga que hacer.

Aunque es innegable, que la aplicación de justicia procede, la mayor presión en el sentido de lo tratado, debe estar dirigida a hacia todos los sectores que les compete la problemática, en el orden de que, se procure identificar y atacar en sus verdaderas raíces, las causales que subyacen en esas lamentables desgracias.

El asunto no debe ser, con relación a ésas, haciendo analogía, si es que aplica, “querer matar el perro, para que se acabe la rabia”, como reza un dicho popular; pues, aunque el can en ese caso deje de existir, el referido mal en su esencia continuará causando peligrosos daños. Otros ciudadanos resultarán afectados luego; y, proseguirá la “dolorosa fiesta”.

En ese tenor, sobre lo primero que se debe hablar, es de la descomposición familiar que desde hace años se verifica entre nosotros, y de cómo enfrentarla. Segundo, de la pérdida fehaciente de los valores que otrora caracterizaban a esa tan importante cédula dominicana, la familia, germen primario de toda sociedad, no solo de la nuestra.

Y, tercero, de la falta que vienen haciendo las verdaderas orientaciones de tipo espiritual, competencia de las iglesias todas, a sus feligresías.

Además, del concurso imprescindible de los profesionales de la conducta, psicólogos y psiquiatras, el cual se hace casi obligatorio, para poder completar el abanico de posibles soluciones a esas problemáticas.

También, sobre los aprendizajes nocivos que se obtienen, a partir de la deleznable programación que se exhibe en la pantalla chica, de procedencia local, como extranjera también (cable), cargada de acciones reñidas con lo moral y las leyes. ¡No hay supervisión alguna!

El traje de la delincuencia y la criminalidad en Dominicana, tiene mucha tela por donde cortar.  Lo que ocurre es que, desde hace ya mucho tiempo se viene intentando solo “agarrar el rábano por las hojas”, como se dice popularmente, para entre otras cosas, no chocar de frente con determinados sectores, que bien es sabido, se consideran asociados con esas deleznables situaciones.

Se agrega a la dejadez notoria, lo concerniente al trabajo efectivo que corresponde realizar a las instancias judiciales, de lo que deviene la alegre impunidad de que gozan los tantos “malechores” que aquí se tienen, entre los que se encuentran: políticos corruptos a la clara; narcotraficantes; saqueadores de erario público: aquellos que se pueden catalogar como ladrones vulgares, con saco y corbatas; y, estafadores de todo tipo, etc.,

Es obvio que, los no castigos a esas malas acciones, innegablemente inducen a delinquir a nivel de los segmentos bajos y desposeídos   de la sociedad nuestra, donde se estima que, si para los de arriba no hay punición alguna, ¿por qué no emularles nosotros?

Luego, sobre puntos como esos, es que procede que se vaya en post de enmendar, sin demagogias, y evidenciando sólida voluntad política, si es que en realidad se quiere combatir esos males: DELINCUENCIA Y CRIMINALIDAD en este país,

Y, por supuesto, dejarse de estar andando con tantos rodeos, y las chácharas politiqueras de estilo que se han venido verificando hasta hoy.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemoswordpress.com

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