A 200 años todavía no empezamos

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Por Fabio Mendoza Obando

Estamos en el mes de septiembre. El mes de las fiestas patrias, es cuando el fervor del sentimiento patriótico toma control de cada ciudadano o así debería de ser. Pero esta vez tendrá una connotación más especial donde el realce  patriótico será más expansivo y expresivo, se celebran los 200 años de vida independiente. Actos ceremoniosos alusivos a esta fecha  se estarán realizando en las  seis repúblicas  que conforman esta tierra que llamamos  Centro América. Son 200 años y  el ambiente de las festividades ya se percibe por todos lados.

Es notorio que en algunos de nuestros países que conforman el corazón de América,  el avance es significativo  en diferentes áreas de lo político, social y económico, sin embargo, mientras en otros también se puede ver el estancamiento y retroceso y para ser más concreto en el caso de Nicaragua todavía estamos luchando contra una dictadura dominante, que parece estar más enfocada en querer a toda costa seguir perpetuándose en el poder haciendo  fraudes y  todo tipo de fechorías,  que sacar de la pobreza y la miseria a la mayoría de la población.

Y esto es sorprendente,  cómo es posible que en 200 años de habernos independizado  del dominio español, nosotros estemos todavía luchando contra una tiranía que nos tiene sin acceso a la libertad. Unos le llaman castigo divino, otros la fuerza del destino, están los que dicen que eso nos ha tocado vivir y así vamos a continuar, no estoy de acuerdo con esas aseveraciones. Es un largo camino recorrido y con resultados no satisfactorios para muchos.

Al cumplirse los 200 años del Bicentenario de la Independencia de  Centroamérica, deberíamos estar celebrando con actos esplendorosos el hecho de ser libres,  la algarabía de un pueblo lleno de alegría porque vive en paz y democracia, un pueblo con oportunidades de trabajo, deberíamos estar celebrando la hermandad ciudadana, las conversaciones de una buena vecindad, de familias sintiéndose orgullosas de su patria, el amor al terruño, celebrando la gratitud por el hecho de vivir sin ataduras.

Nicaragua no tiene nada que celebrar en este Bicentenario de Centroamérica. Tenemos a un país secuestrado por una pareja tiránica llenos de odio y apeteciendo el poder para  existir. En estas fiestas patrias no hay nada que celebrar cuando dos dictadores tienen de rehén  a una nación, han negado la libertad al pueblo, y es que ni la bandera azul y blanca se puede exhibir con orgullo, está prohibido hacerlo porque así le place a la dictadura.

No somos libres, y aun peor Nicaragua no es independiente, sigue siendo un país sometido a las avaricias de una dictadura, con miles de inmigrantes, pobreza extrema, presos políticos, una clara desaparición de la institucionalidad  del país, todos los poderes del Estado están a merced de la dictadura, el Ejército y la  Policía politizada y la libertad de expresión coartada. La dictadura sandinista ha destruido todo vestigio de bien de  Nicaragua y su pueblo, todo con tal de permanecer desgobernando como dueños de esta tierra. A como dijo la Presidenta de la Paz Violeta Barrios de Chamorro: ´´La razón de ser de Nicaragua es la libertad´´.

Nicaragua es bautizada como tierra de lagos y volcanes por su invaluable belleza, república de insignes poetas que  han llevado su canto a la  cúspide universal, evocadora de próceres bravíos y de inclaudicables gestas  que les corría por la sangre en ensanchada fuente la defensa de la libertad. Escribieron su nombre con su sangre derramada   el orgullo de ser de esta tierra con el  más sagrado honor en los cuatro puntos cardinales. Un país es lo que es por su gente, y este pedacito de tierra  es gloria que nos  congrega.

Nicaragua es tierra de héroes y mártires que ofrendaron su vida  con valor,  honor y gallardía  por defender  la Patria de las amenazas de la codicia del poder absoluto. Cuanta sangre derramada entre hermanos que ha corrido por  los poros de esta tierra por las causas justas y libertarias y así esclarecer el camino para un mañana con igualdad y oportunidades para todos. Y esas revueltas y gritos de rebelión siguen estremeciendo la columna vertebral de la dictadura escrita  en las páginas de la historia como la más vil. Nicaragua es de los nicaragüenses.

El autor es poeta y escritor nicaragüense

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