Tóxica no, solo posesiva

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Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Ahora está de moda la palabra tóxica o tóxico, bueno también el lenguaje inclusivo, lo cierto es que ahora están de moda muchas palabras que para unos significan una cosa y para otros, otra muy distinta.

Con la palabra tóxica, resumen y engloban a las personas celosas, manipuladoras y obsesivas. También se puede usar para describir a un amigo que no te conviene o a gente que no le hace nada bien a tu vida.

Pero… ¿Dónde existe el límite para catalogar a una persona de tóxica? Yo nunca me he considerado celosa, simplemente posesiva, lo mío es mío y quien lo toque le corto las manos, a quien le sonría le saco cita para el dentista y si pierdo mi juguete, prefiero que nadie lo disfrute nunca más.

Sí, bueno, en cierto modo… creo que me podrían llamar tóxica, pero esto es muy sencillo, cuando dos tóxicos se unen nace el amor y los fosos con cocodrilos en caso de que alguien no deseado toque a algún tóxico.

Con todo esto, lo que deseo explicarles, es que cada pareja es un mundo y cada mundo gira en una órbita distinta. Las personas solemos juzgar las relaciones de los demás por el simple hecho de ser distintas a la nuestra, pero cada pareja tiene sus normas, normas que van cambiando con los años y evolucionando con ellos.

Pero no solo existen los tóxicos en el amor, también existen en la amistad, y si no… confesad, ¿Qué sentís cuando de repente veis a vuestra amiga en Instagram con otra amiga? ¿Y cuándo os dice que va con una amiga a vuestra cerveza de amigas? Pues yo os lo diré; por mucho que sonriáis por fuera, en vuestra mente os gustaría darle una buena patada de Karate y enviarla a su casa de vuelta, claro que, si sois la otra parte, y, de repente, la amiga que habéis llevado se lleva mejor con vuestra otra amiga, maldecís el momento en el que decidisteis que era buena idea ir acompañada. ¿Amigas tóxicas? ¡No! Simplemente es complicado cuando son tres, siempre sobra una, y todas luchan por no ser la que se queda fuera.

Luego están los animales tóxicos, aquellos que van contigo a todos lados y no te dejan ni ir al baño sola, los que se sientan encima tuya, los que ladran o arañan al que se acerca a ti, o maúllan cuando los dejas fuera del dormitorio.

Aunque no puedo dejar atrás a los hijos, esos hijos que te persiguen a todos lados y no te dejan ni ducharte a solas, los que te llaman cada cinco minutos para preguntarte donde están sus cosas o no te permiten ir a tirar la basura porque no quieren quedarse solos a pesar de tener trece años.

También está la lectora tóxica, y he de confesar que yo lo soy, no sé si a vosotros os ha sucedido alguna vez, pero… ¿os han dado ganas de dormir abrazados a un libro que adoráis y amáis por encima de todos los demás? A mí me sucede cada vez que me compro uno nuevo, claro que, no lo hago porque en mi mente aparezco degollada por una hoja de papel, con toda la cama bañada en sangre y un Epifanio que ponga “murió por idiota”, pero os juro que si revistieran las hojas de terciopelo, dormiría abrazada los lunes, miércoles y jueves al libro de poemas de Lord  Byron, los martes al de Percy Shelley, los viernes al de Jhon Keats, los domingos al cuervo de Allan Poe y los sábados a los poemas de Emily Dickinson.

Y ahora os pregunto: ¿Con cuantos tipos de toxicidad os habéis identificado?

Y después de contestaros a vosotros mismos, toca decir: ¿Tóxica? Yo no soy tóxica, mi amor, solo protejo lo que es mío.

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