Los avances tecnológicos sin control nos llevan a destruir el planeta

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Por Roberto Veras. –

El significado aceptado de la palabra ‘progreso’ está contenido en diccionarios y se denota, ‘avanzar hacia una etapa superior’. Si bien se entiende este significado, esto no es estrictamente cierto y requiere una posible enmienda a nuestros diccionarios o una calificación adicional.

El desarrollo en el plano mental también tiene una condición negativa que anula la afirmación de “progreso”. La acumulación de conocimientos por parte de los individuos también se considera un progreso, que sin embargo se ve erosionado por nuestra corta esperanza de vida.

Los sistemas políticos se diseñan a partir de enseñanzas que ven el progreso en términos materiales sin tener en cuenta los costos para el medio ambiente y aspectos sociales como la salud mental.

El poder de la tecnología, como los medios de comunicación, solo sirve para reforzar a quienes tienen poder y control cuando se requieren cambios para garantizar el bien mayor y la supervivencia.

Por mucho que nos guste educar a nuestros hijos para una vida y futuros mejores, parece que el esfuerzo humano permanece firmemente en las garras de la explotación y en las garras de guerras innecesarias.

Estamos encaprichados con los teléfonos móviles, mientras que está a punto de surgir un problema latente sobre la contaminación por microondas y los efectos en el cerebro de los usuarios.

Hacemos muchas cosas por conveniencia o porque es directamente rentable, pero ignoramos por completo otros costos encubiertos por la ingeniería social comercial en nombre del progreso.

Nuestros ancestros tainos vivían cerca de las regiones costeras y amaban el verdor de los campos, en general, sus estilos de vida eran idílicos, tenían abundante pesca y ricas ceremonias culturales con significado de propósito.

Creían que la vida era una transformación a través de ciclos y un viaje espiritual que se asemeja mucho a las enseñanzas de las prácticas religiosas que ‘buscan la unión’ con Dios. Entendieron que la duración de la vida humana era corta y contaron historias sobre el “espíritu” o el “alma” tal como lo describen las religiones de hoy.

Las culturas indígenas no tenían que pagar impuestos, seguir un trabajo penoso de ocho horas y ganar dinero para poder pagar un automóvil para ir al trabajo, Llevaban ropa básica, pero tampoco tenían que criar vacas y puercos y aplicar productos químicos a la tierra que terminarían en vías fluviales como contaminación.

Nuestros procesos industriales requieren grandes cantidades de energía que tienen un costo para el medio ambiente, para el transporte hemos pasado del caballo a los automóviles. En sociedades de millones de personas, el impacto sobre el uso de recursos, las necesidades energéticas, la contaminación y los accidentes han sido considerable.

Cuando se toman en consideración todos los costos y factores, los aspectos negativos anulan las ganancias, sobre la Tierra hay miles de satélites que son esenciales para la comunicación y el comercio, si estas redes son atacadas por meteoros o tormentas magnéticas, quizás esto se convertiría en un enemigo mortal, las redes de súper tecnología quedarían inutilizada.

Sin embargo, no hemos planeado nada para tal escenario porque los sistemas económicos actuales son incapaces de acatar elecciones racionales que busquen el equilibrio dinámico en interés de todos.

Nuestra inmensa vulnerabilidad puede hacerse evidente si un terremoto gigante u otro cambio polar corta los cables de Internet debajo del océano, no es que no haya sabiduría sobre este factor, realmente se trata del control social y de aquellos con poder, pero sin visión, pues nos estamos dirigiendo hacia un rumbo y un supuesto progreso que solo nos lleva a la destrucción del planeta.

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