Se prevé otro intento fallido

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El asunto no se circunscribe solo a desarmar la población. Hay muchas otras más cosas de importancia capital también, a considerar en torno a esa connotada y delicada problemática: delincuencia y criminalidad a nivel nacional.

Qué se contemple enfrentar esas como debe ser, para comenzar a resolver en verdad, y de una vez por todas, ese flagelo de la delincuencia y la criminalidad en el país. ¡Dejémonos de estar agarrando el rábano por las hojas!

La posesión de las armas de fuego, sea esta legal o no, en realidad no es lo que provoca ese tipo de actitudes humanas despreciables, sino las poderosas razones que obviamente puedan subyacer bajo determinadas circunstancias vivenciales que se presentan en los humanos, y detrás de las cuales es obvio que, no se quiere ir en Dominicana.

En este país nada más se habla de la pantalla, en cuanto a desarmar a la gente; de los aparentes barrios seguros por los cuales se propugna, procurando introducir los preventivos que se entiende son necesarios, incluyendo amplios operativos de carácter policial, cuyo personal, en parte, a veces no se sabe de qué lado está,

A pesar de que, desde hace gran tiempo, suficientes reuniones y eventos diversos se han llevados a cabo, en busca de definir posibles soluciones a esos problemas, es muy poco lo que se ha logrado.

En los mismos, por regular han participado personas autorizadas en la materia, buscando evacuar recomendaciones alusivas que puedan dar en el blanco resolutorio necesario de la deleznable situación, Pero, nada fructífero en realidad se ha producido.

Eso constituye un claro indicador, de que en verdad no se ha trabajado con las causales potenciales que se tienen; que nada más se quiere estar buscando la fiebre en la sábana, como reza un dicho popular, ignorándose las circunstancias “corporales” propias, que no cabe duda son diversas.

Entre esas están; la inobservancia de los roles que corresponden, a las familias, en primer término, como las células primarias de toda sociedad; a las iglesias, como reales orientadoras espirituales, no tales simples grupos “doctrinarios” convencionales, y sectarios, por supuesto, sino que deben trabajar esas para combatir  la inmadurez psicológica de las entidades espirituales encarnadas en el planeta Tierra (almas),  por la cercanía  marcada que mantienen aún con la animalidad ancestral, según sostienen los que saben.

Sí, esa que modela la falta de raciocinio que se observa a nivel de la especie humana, de acuerdo con lo que apuntan grandes entendidos en asuntos esotéricos; y, que es característico de la especie   inmediatamente inferior de la cual se proviene, los animales.

Pero, además, también se ignora el papel de los colegios y las escuelas, encargados de trabajar con las personalidades, y los comportamientos conductuales a observar por los alumnos; como, con la formación académica requerida, a los fines de que puedan aportar constructivamente dentro de la sociedad en que vivan.

Todo esos son elementos que, con regularidad no son tomados en cuenta al momento de abordar objetivamente esa problemática. Todo se limita a lo meramente subjetivo, y a aparentar intenciones de enmendar frente a la ciudadanía angustiada.

Tan así es que, los profesionales de la conducta – psiquiatras y psicólogos -, de ordinario brillan por su ausencia en las reuniones concernientes; como, tampoco están presentes allí los representantes de las iglesias.

No se invita a ninguno de esos a los eventos que se realizan, a los fines de poner el frente a esos flagelos tan lacerantes. Y, cualquiera se preguntaría, por qué. ¡Sus opiniones tendrían bastante peso en ese escenario!

Tampoco se habla, cuando sobre el asunto se trata, sobre las inducciones directas que se reciben hoy, procedentes de los medios masivos de comunicación; estando en primera fila la llamada pantalla chica, donde más aprenden nuestros jóvenes faltos de capacidad pensante, por estar cargado el grueso de su programación de una penetración cultural innegable; obscenidades puras; y, comportamientos inapropiados extremos, que a nada bueno conducen.

Entonces, los factores expuestos no pueden ser dejados de lado, y se requiere trabajar arduamente con los mismos, para procurar adoptar las medidas correctivas de lugar, ante la deleznable situación que se presenta actualmente en los órdenes señalados.

No es solo estar hablando de incautar armas de fuego, cuya posesión, sea legal o no, como medida correctiva, al igual que efectiva se cree. Claro, sería lo más fácil para determinadas autoridades, y por ahí es que tratan de ir.

Pero no, ¡qué se agarre el toro por los cuernos!, si en verdad se quiere resolver el problema; y, qué se trabaje con cuánto se debe hacer en ese orden,

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

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