Silencio

179

Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Es tarde, voy a ponerme el pijama, me miro en el espejo y veo lo que otros no ven, o tal vez lo ven, pero creo que los demás ven lo que tú quieres que vean.

Hoy me siento fea, sin vida, sin ganas de detenerme a mirar ese atardecer que tanto me apasiona.

Intento comenzar el libro de poesía que me he comprado y mi mente se distrae en cada palabra haciendo que pierda el hilo, termino por cerrarlo con tristeza y acaricio su portada pidiendo perdón por abandonarlo.

Miro el móvil distraídamente y observo la aplicación de tik tok, pero hoy no estoy de humor para hacer el tonto, salto a las demás redes sociales, pero no interactúo.

De vez en cuando siento que un nudo se forma en mi garganta y dentro de mi pecho comienza a galopar alocado mi corazón, mi respiración se vuelve dificultosa, pero sé lo que me sucede, bueno, en realidad sé que lo que me sucede es la consecuencia de algo que no entiendo y que en realidad sí entiendo.

Creo que en el fondo todos sabemos lo que nos pasa, pero intentamos ahogar y acallar los gritos de esa persona que nos pide ayuda desde nuestro interior, porque sabemos que la mayoría de las cosas por las que nos ponemos así no tienen solución, solo podemos ser nosotros los que cambiemos nuestra actitud ante la vida y la miremos de otra forma, puesto que la vida nunca cambiará.

Seguimos ahogando a la razón en el rio de sentimientos que fluye por nuestro cuerpo porque hay demasiadas cosas que nos gustaría decir, cambiar o contar y sabemos que solo empeorarían y afearían todo, por lo tanto, una vez tenemos el cadáver flotando en nuestro río interior, el rio se desborda y comienza a brotar por nuestros ojos como si fueran cataratas incontrolables.

En ese instante corres a esconderte para que nadie pregunte, porque sabes que una vez que el rio se desborda y se vacía, vuelves a comenzar de nuevo la cuenta atrás y nadie notará lo que te ha sucedido, porque sigues mirando al frente y haciendo como que avanzas.

Así que si me preguntas en esos días qué quiero, me gustaría decirte que quiero de todo y de nada, me gustaría decirte que quiero reducir mis problemas a un papel arrugado que se tira a la basura como si no valiera nada, porque en este instante yo siento que no valgo nada, que no soy nadie, que la vida se escapa entre mis dedos y simplemente me detengo a observarla y esperar que pase, pero en vez de decirte todo eso, simplemente te digo “nada, cosas mías” y tú crees que estoy loca o miento, pero es que no se pueden verbalizar tantos sentimientos, tanta tristeza, tanta ira, tanta desesperanza y tanta frustración, así que decido pasar por loca y me sigo quedando con ese “nada” que lo engloba todo.

En ese momento me conformo con aislarme, con no ver a nadie, no escuchar a nadie ni sentir las miradas de nadie, porque si pudiera escapar de todo mi mundo, correría y olvidaría mi vida, ese reflejo feo que el espejo me devolvió, pero no soy así, yo jamás abandono un barco, asumo que algún día me hundiré, pero ese día no será hoy.

Mañana o pasado mañana, volverá mi sonrisa, pero frente a ese espejo solo estoy yo, bueno, yo y todas esas personas que se sienten igual a mí en cualquier parte del mundo. Porque nos pueden separar miles de kilómetros, pero el ser humano es igual en todos lados por mucho que haya gente que se sienta superior y especial. Puede que los demás crean que tienes todo lo que cualquiera podría desear, pero tú te miras al espejo y te ves fea a pesar de todo.

SHARE