La familia

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Por claudia figueroa

“Mucho tienen que hacer los padres para compensar el hecho de tener hijos.” Friederich Wilhelm Nietzche

El 4 de abril del presente año, se cumplieron poco más de dos décadas del asesinato de una niña de nueve años de edad que, según las pesquisas iniciales, indicaron señales de abuso sexual y estrangulamiento. Han pasado 22 años y aun sigue la lucha para hacer justicia a la niña que este año tendría, aproximadamente 30 o 31 años de edad. Siendo el principal sospechoso  el abuelo paterno de la niña, quien, al parecer, dicen las investigaciones, abusó sexualmente de ella y luego la mató.

El caso es muy conocido en El Salvador, aunque no quería decir el nombre de la víctima, no está demás mencionar que es Katia Miranda. Un caso que ha sido polémico desde el principio y que aun no se han aclarado los hechos, ya que aun están en la búsqueda de nuevas pistas.

Estos casos se observan constantemente en las familias, específicamentel las latinoamericanas.

A nosotros nos ha venido el modelo monárquico que impera hasta nuestros días. El padre es el rey y su familia sus súbditos. Y todos deben rendirles pleitesía y obediencia ciegas.

Hace poco supe de un caso parecido, precisamente en este lado de los meridianos. El abuelo abusa sexualmente de las nietas, y el papá junto con el resto de la familia de este, en constante negación de los hechos.

desafortunadamente, se tiene la idea que, por el hecho de ser familia, se debe mantener la unión familiar, siendo los más pequeños,  los más vulnerables,  los que no pueden opinar, ni reaccionar, y deben seguir el patrón establecido sin chistar, ni decir palabra alguna.

Tanto se ha enquistado este modelo monárquico, que también impera en la forma de educar a los hijos, tanto en casa como en la escuela y en todo centro de atención a la niñez. El niño no puede moverse ni hablar mientras el maestro dicta su cátedra, solo puede levantar la mano para pedir o expresar lo que necesita.

John Bradshaw hace un estudio exhaustivo en su libro “LA FAMILIA” sobre los patrones históricos enquistados en el ADN humano acerca de la conformación de la familia. En el prefacio de su libro dice: “…La historia occidental estaba caracterizada por un contrato social en el que los reyes y señores feudales obtenían un enorme poderío a cambio de protección y seguridad…” “Los sistemas monárquicos funcionaban bien para organizar la vida y dar un sentido de seguridad a la gente. Esta estructura política era validada por el patriarcado religioso con doctrinas como el DERECHO DIVINO DE LOS REYES y la creencia que toda la autoridad provenía de Dios y por eso debía ser obedecida…” Y, por último, cito: “La familia tomó esta estructura monárquica, de ella se derivan las reglas patriarcales que rigen en la pedagogía actual. De acuerdo a esto, los padres eran obedecidos cual dioses, y debían ser honrados de igual manera, a los niños jamás se les permitía expresar sentimientos de ira hacia sus progenitores, y la autoridad patriarcal era tan incontestable como la divina…” (pgs. 12 y 13)

Este sistema monárquico conlleva a muchos conflictos en la vida cotidiana. La represión de los sentimientos, y la invalidación de estos, forjando un sistema de creencias poco viable para la vida en sociedad.

Dice el autor que la manera en como los niños son criados, forma el núcleo de sus creencias respecto de ellos mismos; nada puede ser más importante ya que estos son el recurso natural primordial de cualquier cultura. Y el futuro depende de la concepción que los niños tengan de sí mismos; todas sus elecciones dependerán de como ellos se ven y perciben a sí mismos.

Por supuesto, cabe destacar que el autor también cita a otros estudiosos que le dan fuerza y realce a su postura y definiciones de como debe ser la familia. Por ejemplo, el filósofo alemán Friederich Engels, y su libro “Origen de la familia, la Propiedad Privada y el Estado”.

Siguiendo el mecanismo de origen monárquico, podemos decir que las reglas paternas son las que forjan de forma abyecta el molde del carácter de los niños. Esto tiene dos salidas: o se hacen niños retraídos, inseguros, y, por ende, agresivos e irrascibles o, en su defecto, se vuelven independientes y capaces de afrontar las dificultades.

Al tocar los temas como la culpa, la vergüenza, la obstinación, desvalorización, los gritos, golpes,  que interpreta dentro de su análisis, daun aporte significativo tanto de la vida familiar que debe ser el espacio donde aprende todo el ser humano a vivir en sociedad.

Las reglas rígidas patriarcales del sistema monárquico, dice el autor,  nos llevan a alejarnos de nuestra esencia, y crear patrones de conducta que nos llevan a sobrevivir en nuestra vida cotidiana, tomando más de alguno de estos elementos como tabla de salvación para llegar vivos a la adultez.

Esta solo es una pequeña muestra de los aportes de estudiosos que trabajan en la forma de crianza de los niños. La represión de los sentimientos nos lleva a romper con las reglas ya establecidas, tornándonos en “rebeldes.,” y demasiado mimo, nos lleva a acomodarnos en un sistema que no es beneficioso para ninguna de las partes.

Si como padres y maestros supiéramos como guiar a la siguiente generación, otra sería nuestra historia. No sería un 96% de las familias, según las estadísticas, en convertirse en disfuncionales, sino, todo lo contrario, ese porcentaje puede tener una vida completamente funcional, aprendiendo a guiarnos para guiar y no esperar que otros  digan que hacer, como vivir y, sobre todo, como actuar, cuando la mejor forma de aprendizaje y de vivir es a través del ensayo y el error.

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