Feliz aniversario

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Por María Beatriz Muñoz Ruiz

El 15 de agosto hace ya veintiséis años que conocí a mi marido, el tiempo pasa tan rápido que cuando miras atrás no puedes creer que aquella niña de 17 años que soplaba un gazpacho sea ahora la mujer de cuarenta y tres que sigue cometiendo errores y tropezando con piedras por el camino de una forma tan cómica como para ser dignas de contar y seguir riéndonos una y otra vez.

Recuerdo perfectamente el día que nos conocimos, yo no tenía ganas de asistir a la boda de los amigos que nos habían invitado, más que nada, porque siempre intentaban ponerme en otra mesa distinta a la de mis padres para que me divirtiera y estuviera con la gente joven. ¿A quién se le ocurrirán esas ideas? Si yo quiero sentarme con gente joven y desconocida ya tengo la parada del autobús, pero no, siempre existe una mente pensante que cree que los jóvenes deseamos estar todos juntos en una mesa.

Bueno, pues ahí estaba yo otra vez siendo arrastrada a aquella gran mesa en la que solo conocía a la hermana del novio. Un 15 de agosto con bastante calor y a mí, sin embargo, me apetecía un consomé calentito de primer plato.

Cuando vi aparecer a los camareros con los cuencos yo empecé a babear imaginándome ese rico consomé. Me lo pusieron en la mesa y a mí se me olvidó la gente, agarré mi cuchara con toda la elegancia que pude y, con el pensamiento de que aquello estaba caliente, soplé con disimulo sin ganas de quemarme. Conforme el líquido entraba en mi boca, mi cara se iba volviendo más roja, no por el calor del consomé, sino porque había soplado un gazpacho frío delante de todo el mundo. Miré hacia ambos extremos de aquella larga mesa, y ahí estaba él, sonriéndome desde el extremo izquierdo, me había visto soplarle al gazpacho. En ese instante me habría gustado que se me tragara la tierra. Pensaréis que no era para tanto, pero os puedo asegurar que con diecisiete años aquello era un drama. Pero, aunque en ese momento me pareciera un drama, a mi marido y a mí nos unió ese consomé-gazpacho, mi vestido corto y un baile.

Veintiséis años después sigo con él, no digo que haya sido fácil, la vida te pone muchas situaciones difíciles por delante, las circunstancias de la pareja cambian, y cuando llegan los niños todo se pone patas arriba, tus prioridades cambian, la economía también y la responsabilidad es una carga difícil.

Recuerdo que mi única preocupación de recién casada era que mi marido no me dejaba dormir con sus ronquidos, problema que solucionaba arrancándole pelos del brazo, bueno, pero que quede entre nosotros, que él aún no lo sabe.

Incluso cuando estaba embarazada de mis mellizos y engordé veintidós kilos, seguíamos relajados, pero cuando coges a esas criaturitas tan indefensas en tus brazos y comprendes que solo te tienen a ti, el mundo se te hace muy pesado, y de ahí me vino la estupenda depresión post parto en la que no podía dejar de llorar. Aquella fue, creo, la primera incomprensión de mi marido, no servía de nada que intentara de todo para consolarme, yo no dejaba de llorar, me sentía la más desgraciada del universo y la vida no tenía sentido.

Menos mal que aquello quedó atrás dando paso a la etapa de no dormir, mis mellizos de noche querían fiesta, y ese fue el primer conflicto padres hijos, pero de todo se aprende, y nosotros comprendimos que era más importante el dormir que el comer.

A lo mejor creéis que soy exagerada, pero mi hija, con nueve meses se daba guantazos en la cara para no quedarse dormida y los enormes ojazos de mi niño, que ahora gustan tanto, daban miedo de ver tan abiertos a las cinco de la madrugada.

Estando con la baja por maternidad, llegué a echarle en cara a mi marido que él se iba a trabajar y me dejaba con los niños, ahora me parece cómico todo aquello, pero en ese momento es como si bajaras una cuesta sin frenos.

Ahora son dos adolescentes y los problemas son otros, pero a pesar de sus complicadas edades, he tenido la suerte de tener dos niños muy buenos y la mayoría de veces obedientes.

Quien diga que el matrimonio es fácil, miente o es que no ha convivido suficientemente con su pareja, pero lo importante es aprender a superar cada etapa juntos. Así que feliz aniversario.

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