¡Dame lo mío!

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Esa es una de las frases que más se escucha a nivel de la sociedad dominicana, principalmente durante los procesos electorales, en que participan los candidatos propuestos por los partidos políticos, que salen por doquier en busca de votos de los simpatizantes; y, cuando no, procurar comprar conciencia a nivel de los desafectos. ¡Ambos piden a cambio de!

Pero, en adición a ese presente exigible, también están las promesas que se deben hacer, a ser cumplidas cuando se alcance realmente el poder; por lo que, de inmediato tal cosa ocurre, las nuevas autoridades que asuman son sometidas a innúmeras presiones, para que se cumpla con los ofrecimientos hechos, proporcionando cargos en el gobierno, u otros beneficios sean otorgados.

Importante causal esa – “todo a cambio de” -, en el orden de lo personal, o grupal, lo cual provoca en parte los malos gobiernos que se viene gastando este país desde hace décadas; y, que surgen a partir de lo “dao”, como de los compromisos electorales que se hacen durante las campañas de elección; de la compra de conciencias ciudadanas; como, de las demagogias y falsías que se estilan siempre, para completar el mercadeo político de costumbre.

Por tal razón, difícil podrá salir a camino esta nación, ya que los mandatarios, con sus séquitos eventuales; al igual que los congresistas, y los alcaldes, no son favorecidos con el voto ciudadano, debido a las reales condiciones que se tengan para tomar las riendas del país, desde sus respectivas instancias, pensándose en el bienestar y desarrollo de la generalidad de la población. Todo, es a cambio de lo que se pueda conseguir. El grueso de los asuntos calamitosos nacionales poco importa a los que sufragan.

Que sigamos ahogados por el endeudamiento con el exterior; que crezca cada vez más la corrupción estatal; que se prosiga gobernando para un grupo (ricos); como, el que sea pisoteada siempre la soberanía nacional; ¡y qué importa!

Tampoco preocupa que el descalabro institucional acelerado continúe; ni que no haya seguridad ciudadana, etc., En ninguna de tales cosas se repara, cuando se está frente a las urnas de votación.

Son esos aspectos nocivos para la nación, de los muchos que resbalan a innúmeras personas nuestras, de las que sufragan con regularidad cada cuatrienio, para escoger nuevas autoridades estatales aquí en Dominicana, Claro, siempre y cuando aparezca lo de ellas, de momento, o para después.

Luego, concienciarse procede, a los fines de evitar las lamentaciones ciudadanas ordinarias recurrentes que se escuchan, o las que posteriormente vendrán con mayor ahínco en el país, tan pronto se perciba la continuidad de la misma situación de corruptela, como de despropósitos oficiales acostumbrados. Tampoco, el que la nación prosiga siendo conducida hacia tan inciertos derroteros futuros.

Asociado con lo expuesto anteriormente, ¡ay de las nuevas generaciones nuestras!, de continuar votándose aquí en favor de los farsantes políticos que se gasta esta nación, solo por lo que se dé a los que ejercen el derecho a elegir sus autoridades.

Quiénes podrán enmendar en el mañana los tortuosos caminos que se han venido abriendo para esta sociedad durante los últimos lustros, como consecuencia de lo expuesto con anterioridad; desmotivar la proclividad hacia la delincuencia y la criminalidad, que se advierte, habrá de aumentar en esta nación; como, honrar el abultado fardo de los empréstitos contraídos con el exterior, que se prevé, podrían poner en juego el disfrute de la soberanía de la República.

¡Difícil de responder tales interrogantes, verdad!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos,wordpress.com

 

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