Como olvidarte

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Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Como olvidarte, como olvidar tu cálida sonrisa, tu mirada cómplice, como olvidar tus abrazos… dime cómo hacerlo, ito, como se olvida a un abuelo que jamás volverá a reírse con tus ocurrencias. Como se olvida a esa persona que siempre leía lo que escribías y compartía conmigo la afición por la lectura.

Cuando alguien muere, siempre se dice “el tiempo lo cura todo”, pero no es así, el tiempo lo esconde todo, cada problema sin solución, cada ausencia, cada lágrima derramada en silencio ¿Qué porqué se esconde? Porque la gente huye de la tristeza, la gente no desea ver tus lágrimas, porque pasado un tiempo, ya no es normal que se siga estando mal.

Ya van a ser catorce años sin ti, te fuiste demasiado pronto, tenías tanto por ver aún, tantos abrazos por dar y tantas sonrisas que sacar… pero la vida es así, es injusta y traicionera, se lleva a los mejores, a esos que tanto se necesitan.

Cada vez que veo un periódico impreso te recuerdo sentado en el porche leyéndolo, odiabas que te desordenaran las páginas y cuando llegabas a la parte de crucigramas, yo ya estaba preparada con mi bolígrafo para ayudarte.

A veces, me llega tu olor a tabaco y colonia, entonces apareces en mi memoria, con tu pelo blanco, tu sonrisa inconfundible, tu camisa de listas y esos pantalones clásicos que siempre llevabas, aunque fuera verano.

Sí, aún te hecho tanto de menos… pero la gente no lo entendería, por eso guardo silencio, porque todo el mundo dice que no se puede vivir en el pasado, pero yo no puedo cerrar esa puerta, nunca podré cerrarla, es más, no deseo cerrarla nunca.

No suelo ir al cementerio a verte, aún me resulta demasiado doloroso dejarte allí, es como si te abandonase, como si volviera a perderte. Entonces, veo dentro de tu cristal esos pequeños sonajeros que te metí cuando tuve a mis bebés, esos que no llegaste a conocer porque te fuiste de nuestras vidas dos meses antes de que ellos nacieran, y me entristece aún más el paso del tiempo, porque todos esos años los hemos pasado sin ti, porque ellos no llegaron a conocer a la persona que fue como un segundo padre para mí.

Cada uno de mis libros va dedicado a ti, cada uno de mis logros va dirigido a ti, sí, a ese que me compraba cada colección nueva que salía, a ese que me acompañaba cuando salía de la academia, al que le gustaba que me cogiera de su brazo. Lo que daría ahora por cogerme de tu brazo, lo que daría por un beso tuyo y por escuchar de nuevo que me llamaras chatilla.

Pero mi tristeza es un secreto entre tú, mi ordenador y yo, porque a la gente no le gustan las personas tristes, porque se cansan de verte llorar por alguien que se fue hace tanto tiempo, porque no me entenderían.

Pero no te preocupes, ito, no deseo que me vean llorar, no deseo que me abracen, no deseo sus miradas compasivas, no deseo que lo sepan, porque el dolor por tu ausencia será un secreto.

Algún día, espero que, dentro de muchos años, nuestras almas vuelvan a encontrarse, porque… ¿sabes qué? El no haberme podido despedir de ti, me atormenta desde el día en que nos dejaste, yo estaba embarazada de mis mellizos y con cinco meses de embarazo me recomendaron no ir al hospital, tuve que tomar una decisión y puse a mis bebés como prioridad, pero mi castigo será el vivir toda mi vida deseando haberte dado un último beso, un último abrazo, haberte dicho lo mucho que te quería, quizás por eso empatizo tanto con esas personas que no pudieron despedirse de sus seres queridos en plena pandemia.

Como olvidarte, jamás podría hacerlo. Te prometo que seguiré luchando y viviendo esa vida que el destino te arrebató a ti, y cuando nos encontremos de nuevo te daré ese gran abrazo que te debo.

Hasta siempre, ito.

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