Somos maestros y alumnos en la gran escuela de la vida

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Por: Lucy Angélica García Chica

“Aprender no es prepararse para la vida. Aprender es la vida misma.”
(John Dewey, 1859- 1952)

Cuántas personas cruzan por nuestra vida cada día, dejándonos pedazos de su alma, y es de lo que no estamos conscientes. Cuántas relaciones de cualquier tipo que sean, llenan espacios en nuestra existencia, y muchas veces nos dejan con heridas, resentimientos y hasta sentimientos de rencor, y nos empecínanos en sufrir ilógicamente; sin la comprensión de que cada persona que conocemos, ya estaba predestinada a estar en nuestro mundo, y sin importar cuánto tiempo permanezca en nuestras vidas, lo importante es el aprendizaje que nos deja, en aquella corta estancia porque cada una de ellas llegó para enseñarnos algo.

Podríamos establecer acaso cuánto se va a quedar una persona en nuestra vida? No, porque puede ser que estén por una hora, un día, dos años o toda una vida, están ahí la cantidad de tiempo necesario, el tiempo que nos tome aprender la lección que vino a enseñarnos.

Cuando alcanzamos este nivel de comprensión y somos conscientes de esto, entonces es más fácil soltar, liberar sin resentimientos, si la experiencia es negativa, si sientes que no conectas con alguien, porque no tienes paciencia para esa persona, es porque esa experiencia se te presenta en el camino para darte la oportunidad de aprender a ser paciente, comprensivo y hasta aprender sobre la empatía y el amor.

He conversado con muchas personas tristes y resentidas porque su pareja los abandonó, o porque conoció a alguien más, y les es tan difícil entender que simplemente lo que esta haciendo es darte la oportunidad de ver tu reacción ante una persona que tu ego categoriza como diferente a ti, en otro nivel, o que no es bueno, de tal forma que lo que esta haciendo es darte la oportunidad de ser una mejor versión de ti mismo.
Por otro lado conocemos personas que nos parecen especiales, y con las que conectamos inmediatamente, y es como si de repente entran en nuestro viaje de vida, para mostrarnos que ese encuentro ya estaba predestinado para crecer y aprender juntos.

No debemos olvidar que somos creadores de cada evento en nuestra vida, nosotros mismos los ponemos en acción desde nuestro pensamiento, palabras y acciones. Somos los arquitectos de nuestro propio destino indudablemente.
Desde ahora debemos estar conscientes de que todos somos lo mismo, ósea UNO, y en lo más profundo de nuestro ser lo sabemos y sentimos, por ello debemos ser amables con los demás, porque en definitiva somos energía, estamos enlazados y somos como agua que fluye de la misma fuente.

Por último empecemos a mirar en el otro ese *poquito * de nosotros mismos, porque sólo así dejaremos de criticar, de odiar, abracemos el amor que es la esencia que nos nutre y nos une.

La autora es Docente, Poeta y Columnista Internacional ecuatoriana.

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