Amigos, flores, vino y croquetas

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Por María Beatriz Muñoz Ruiz

Se dice que los amigos son esa familia a la que se elige, y sí que es cierto. Son esos bancos donde te sientas a lo largo del camino, ese bastón que en muchas ocasiones te sujeta cuando estás agotado.

Pero yo pienso que algunos amigos tienen fecha de caducidad, otros se congelan y duran para siempre y otros son como esa copa que solo usas para un vino determinado, y la buscas con ese fin.

El destino nos pone en el camino a gente que en ese momento nos ha ayudado y han sido ese bastón en el que nos hemos apoyado, lo malo es que esa amistad por razones diversas se pierde, pero si se pierde es porque a ti ya te hizo bien en su momento, ahora le toca a otra persona disfrutar de su compañía.

A esta conclusión llegué porque hace un tiempo me quitaron la radio del coche y un rosario del arcángel San Miguel que siempre llevaba para que me protegiera en el camino. La radio apenas me dolió, pero al rosario le tenía mucho cariño, me sentí desolada, pero luego me percaté de que si el ladrón se llevó mi rosario sería porque a él le haría más falta que a mí.

Con los amigos sucede igual, si ya no tenéis afinidad o ha dejado de ir por el mismo sendero que el tuyo, seguramente será porque debe compartir otro camino con alguien que lo necesite más que tú.

Como ya he dicho anteriormente, no soy de grandes grupos de amigos, soy muy selectiva con mis amistades y cada una de mis amigas me aporta algo distinto. Puedo estar orgullosa de mirar atrás y saber qué, aunque ahora ya no vea a mucha gente que han sido parte importante en mi vida, sé que han estado cuando debían estar, han estado en esa fase en la que les correspondía llegar a mi vida, y se han ido de ella cuando otros las necesitaban más.

Todos y cada uno de tus amigos te enseña algo, te aporta algo que nadie más puede aportar. Algunos, es cierto que duran para siempre, esos son los congelados, los que guardas olvidando que los tienes y cuando los necesitas están en perfectas condiciones como si nunca hubierais dejado de veros.

Las amistades congeladas son las mejores, esas que no cambian y que sabes que estarán ahí cuando las necesites. Es como cuando congelas las croquetas de tu abuela y las vas sacando poco a poco porque no quieres terminarlas en un día y cada vez que las pruebas están aún más buenas.

La copa que guardas para el vino son esas amistades que sabes que siempre formarán parte de tu vida aunque vivan a kilómetros de distancia, ahí, incluso podría meter a esa gente que conoces en las redes y que te han aportado cosas muy importantes pero se encuentran demasiado lejos, también metería en ese mismo saco a las amistades de la infancia, no son menos amigos por estar lejos, no son menos amigos por no hablar con ellos en meses o años, ellos representan una etapa de tu vida en la que, a pesar de haber cerrado la puerta, siempre quedará una ventana abierta.

Yo soy una persona a la que le cuesta salir de su zona de confort, me gusta controlar lo que tengo en mi vida y a quien tengo, me gustan los sitios seguros, sitios en los que sé que puedo controlar la situación, por lo que, cada vez que alguien se va de mi vida de alguna forma, lo paso mal, pero siempre pienso que el destino me puso a esa persona en mi camino cuando más la necesitaba, y, por lo tanto, el destino seguirá poniendo en mi camino a aquellos que me necesiten o yo necesite.

La vida es así, los amigos son flores que se marchitan y tienes que dejar ir porque quizás con otra persona renacen y vuelven a ser hermosas como lo fueron contigo en su momento.

No lamentes haberlos perdido, no les guardes rencor por haberse ido, no te culpes ni los culpes por dejar de formar parte de tu vida, todo el mundo cambia, aunque pensemos que no, todo el mundo pasa por situaciones que hacen que ya no sean las mismas personas que conociste.

Quédate con lo bueno, con esos hermosos recuerdos que siempre permanecerán en tu memoria.

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