La mejor decisión

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Pastor Matías Benjamin Reynoso

El plan de inmunización contra coronavirus “Vacúnate RD”, impulsado por el gobierno dominicano a través del Ministerio de Salud Pública es, en este segundo, el programa con rostro humano más importante y generoso de la agenda nacional y, probablemente, es la mejor obra que ha puesto en marcha el presidente Luis Abinader.

En ese sentido, el resultado esperado es elevar considerablemente la tasa de los factores de protección inmunológicos de los seres humanos; y así, evitar más bajas por COVID-19. Por lo tanto, el éxito de las inyecciones radica en la confianza que depositen los habitantes de un país  en sus autoridades de salud. Según el proverbio del rey Salomón “al paciente lo sana su ánimo”. Dicho con otras palabras, presentarse a los centros de vacunación con buen ánimo ayudaría también a un sinnúmero de vidas a alejarse de la línea de peligro del coronavirus.

Está claro que la efectividad de este planteamiento no basta sólo con la firma de un decreto del presidente ni mucho menos con los esfuerzos que hace el personal sanitario cada día en los hospitales y laboratorios, sino que requiere aún más de la madurez, confianza, empatía y concurrencia que dilate la población.

Independientemente, existen grupos homogéneos cargados de exepticismo que se resisten a ponerse la vacuna por diferentes creencias.  Por lo tanto, bueno es resaltar que sólo la sensatez de la gente y la confianza puesta en el Dios de los Cielos daría paso a los planes presentes y futuros de salud pública para lograr la inmunización colectiva.

En sí, la inyección (por ahora) no coadyuva a erradicar la enfermedad, pero si a romper la cadena de contagio que en el mundo ha cobrado más de 2 millones de vidas. Por eso, vacunarse sigue siendo la mejor decisión a tomar.

Las personas deben mostrar su cooperación acudiendo – sin demoramiento- a los centros de vacunación según el orden establecido por el Ministerio de Salud Pública, por dos razones simples: primero, para salvar su vida y las que están a su alrededor. Y segundo, por los impredecibles altos  costos económicos que implicaría una población enferma.

Hoy las vacunas, llámese como se llame o venga de donde sea, llegaron al país. Y es una firme esperanza que tiene la humanidad y, en particular, los dominicanos.

 

¡Vacúnate RD!

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