El poder es un arma de doble filo

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Por Roberto Veras. –

Luis Abinader, Danilo Medina, Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Manuel Jiménez: todas estas personas tienen el poder, ò lo han tenido, las personas que tienen el poder están sujetas tanto a la reverencia como al desprecio.

Engendran una gran lealtad y animosidad basada parcialmente en la alianza natural que sentimos con lo que eligen hacer con su poder.

Se ha escrito y discutido mucho sobre cómo acumular y ejercer el poder, y hay muchas personas dispuestas a decirte qué hacer con tu poder, el poder corrompe, el poder absoluto corrompe aùn más.

El poder es muy importante para determinar la eficacia con la que los líderes pueden liderar. Es crucial que nos sintamos cómodos con tenerlo y que lo usemos de manera efectiva.

Podemos tener una pésima relación con el poder si nos sentimos incómodos al usarlo o al intentar escondernos de él.

En el otro extremo, se vuelve muy peligroso cuando empezamos a pensar que el poder de la posición que ocupamos es realmente nuestro y es nuestra identidad.

Para comprender y comprometerse con el impacto que el poder tiene sobre nosotros, es fundamental dejar clara la distinción entre poder posicional y poder personal.

Por su propia naturaleza, el poder posicional es transitorio. Si nos dejamos seducir demasiado por sus atavíos, nos comprometeremos y haremos cualquier cosa para aferrarnos a él.

Además, si perdemos de vista que el poder está en la posición, no en nosotros, podemos creer en nuestra propia invencibilidad y empezar a hacer cosas que son, buenas, y otras pueden parecer estúpidas.

En contraste con el poder posicional, el poder personal es nuestro propio poder interno; lo cultivamos en nosotros mismos, lo que lo convierte en la única forma de poder que no se puede quitar.

Todo líder posicional está destinado a convertirse en un ex-algo algún día porque el poder que tenemos transitoriamente es solo una fase de la vida.

Este hecho se vuelve mucho más manejable si nos hemos mantenido conscientemente poderosos en nosotros mismos durante este proceso.

Cuando consideramos tanto a los íconos culturales como a las personas con el poder, sabemos que está claro que el poder es un arma de doble filo que debe tratarse con mucho cuidado y respeto para luego no arrepentirnos de nuestras malas decisiones.

 

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