Con golpes no

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Una visión de la teoría de Martha Alicia Chávez

Por: Claudia Figueroa

En mis años de labor docente. Primero como auxiliar docente en el área infantil, y, luego, en el área adolescente. Observo tantas conductas en los jóvenes adquiridos por la forma en que son educados y formados en casa.

Muchos de estos niños y jóvenes vienen de hogares con problemas específicos: hogares disfuncionales, monoparentales, o de escasos recursos. He observado con horror e impotencia las marcas dejadas en el cuerpo de los niños cuando se les “castiga” con golpes.

La terapeuta Martha Alicia Chávez, describe en su libro “Con Golpes No” todo el daño emocional y psíquico de un niño cuando es reprendido de manera violenta. Cuando incluyen gritos, golpes físicos, castigos sin sentido.

Ella dice menciona que ni siquiera una nalgada es buena para corregir a un hijo. Está comprobado que cuando los padres son golpeadores es porque en su infancia han sido golpeados. Cuando regañan mucho es porque los padres han sido niños regañados.

Hace unos meses atrás, hablaba sobre la disciplina, y voy a retomar algunos puntos sobre esto:

  • La disciplina es un acto de voluntad que tiene cuatro elementos: orden, ritmo, armonía y afirmación.
  • La disciplina no es algo que se tiene que imponer, sino que se debe enseñar. Si los padres y maestros no tienen disciplina en sus vidas, no van a poder enseñarlo.
  • Así como en otras áreas, la disciplina es muy importante, ya que este hábito nos lleva a ser cada vez mejores personas.

Tenemos la idea que el golpe corrige. Pero aquí viene la interrogante: si para corregir a un niño es bueno darle una nalgada, o pellizcarlo, o gritarle cuando se equivoca ¿Por qué al adulto no se le puede golpear? Dice Martha Alicia, en sus planteamientos que, para que haya un acto de abuso y violencia en contra de otro ser humano que es más vulnerable que nosotros, se necesita fuerza y poder, y recalca que el adulto tiene ambos.

Una de las cosas que me sorprenden de los padres de familia que han “corregido” a sus hijos enfrente mío es escucharlos decir: “si lloras te doy más duro para que llores por algo,” invalidando los sentimientos del menor.

Un detalle muy importante a tener en cuenta es que, cuando un padre de familia, – padre y madre – golpea a su niño, lo hace con la intención de descargar sus frustraciones, miedos, ira y resentimientos hacia alguien que no tiene la mínima posibilidad de defenderse. Lejos está el concepto de formar y corregir con amor a los más pequeños de la casa, no hay un deseo de formarlo y ayudarlo a aprender algo.

De acuerdo a la premisa de la terapeuta, podemos observar en el reino animal, dentro de la naturaleza, cuando uno de estas especies tiene un cachorro, lo cuidan, lo protegen, le procuran alimentación, acompañamiento, les enseñan a cazar, buscar alimento si son herbívoros, a volar las aves, y, cuando son adultos, los echan del nido o de la manada porque están capacitados para la vida.

Hay una historia motivacional que está relacionada con lo que se está hablando: Una mujer tiró su basura en la puerta de su vecina. La vecina ofendida tomó la bolsa de basura, la vació, la lavó y la llenó de manzanas poniéndolo en la puerta de la vecina ofensora con una nota que decía: “en esta vida, cada quien da lo que tiene.”

Los padres que golpean a sus hijos con gritos, chantajes, indiferencia, golpes físicos, faltas de respeto, es lo que tienen para dar, porque de niños recibieron lo mismo; y los expertos llaman a eso, de acuerdo a la historia, basura; aquellos que educan con amor, respetan, aconsejan sin herir ni gritar, están presentes en la vida de sus hijos y respetan sus tiempos, ritmos y espacio, son aquellos que de niños recibieron lo mismo, por ende, dan manzanas.

Existe una gama amplia de literatura de psicólogos y terapeutas que han estudiado la conducta de los niños en relación con sus padres, y la mayoría de ellos – por no decir todos – concluyen que los golpes, los gritos, chantajes, culpas, indiferencias, no son una buena manera de educar y formar adultos independientes y competentes. Lo que estas actitudes hacen es formar adultos con miedo, culpas, resentimientos e inmadurez emocional.

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