Soy Villero

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Por Simón Bolívar Nina y Sena

A un pueblo lo hacen sus gente y a ellos les pertenece el mismo pueblo; pero también es cierto que, los pueblos configuran a quienes en ellos viven.

Añoramos las calles en donde fuimos creciendo y descubriendo poco a poco el júbilo de la alegría y la tristeza de la soledad, pero también los sueños; las calles por donde sudamos aprendiendo a montar bicicleta con los “Copao” jugando pelota con mis amigos, “manillaos” por “Román Papán”. Un pueblo es lo mismo que la vida, ya existía cuando abrimos nuestros ojos a su clima, a su cielo, a su forma de hablar (éjloco que tán), a sus ríos, lagos y cachones a sus costumbres.

Sin embargo, llega el momento en que nos vamos y el mismo pueblo seguirá en el mismo lugar cuando nosotros ya no estemos, pero nunca dejaremos de ser de ese sitio, es nuestro sitio. Ahí dejamos el ombligo y este nos atrae con la misma fuerza de gravedad que como atrae tierra hacia su centro.

Cada pueblo tiene una cultura distinta, que consiste en el reconocimiento y el cultivo de su personalidad, su historia, sus hábitos y su actitud vital.

Es decir, su alma y su cuerpo.

Soy Villero. Solo ahí me siento en plena felicidad, cuando veo mis amigos y la casita vieja que me llena de nostalgia…

Esa casita en donde nací.

Solo me entristezco cuando regreso y algunos de mis amigos ya no están, o cuando alguien me dice, “tú no eres de aquí”, solo supera mi tristeza, el palpitar de mi corazón cada vez que estoy a la entrada de mi pueblo.

Sí, soy Villero, como de Puerto Rico lo es el Coquí, que si lo sacas de Borinquén, su vida termina ahí.