Día Mundial del Voluntario

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Por: Claudia Figueroa

El más pequeño acto de bondad vale más que la mayor intención.” Khalil Gibran

Existen muchas organizaciones a nivel mundial que se dedican al acto voluntario y el servicio social. Instituciones como ONG´s, empresas con bienestar social, y organizaciones sin fines de lucro, utilizan esta modalidad tanto para servir a las comunidades como para el beneficio común de la organización.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU o UN por sus siglas en inglés) declaró el 17 de diciembre de 1985 en asamblea general la declaración del día 5 de diciembre como el día internacional del voluntario. Esto surgió porque hubo necesidad de declarar un día internacional del voluntariado para el desarrollo sostenible de las naciones.

Pero el ser voluntario va más allá del ímpetu vacío de hacer algo. El impulso que nos lleva a la acción. Hace falta una fuerza tan poderosa como la bomba atómica, esa fuerza es la voluntad, diría el premio Nóbel de física Albert Einstein. Esta fuerza que se mueve desde lo alto, se traduce como el “quiero esto” o “no haré más lo otro,” también lleva a la acción.

Pero para ejercer un verdadero ejercicio voluntario, debemos preguntarnos ¿Qué queremos? Como humanidad nos hemos enfrascado en tantos quereres vacíos, fatuos. Llegamos al punto de fantasear con esas cosas que siempre se quieren y que nos sentiríamos muy mal si no las obtuviéramos. Pero, ese reflejo de la voluntad manifestada en lo que queremos no tiene un toque de acción, queda perdido en el limbo del olvido, o, cuando mucho, solo en una vaga ilusión.

Con esto no se quiere decir que esté mal desear cosas, al contrario, esto no está en contra de tener deseos o de anhelar cosas o realizar acciones. Pero, así como la fuerza de voluntad que lleva a la acción es muy fuerte, que se guía por el amor, la compasión y la empatía, también hay otra fuerza que se le contrapone: la fuerza de la inercia. Una fuerza que va acompañada por el miedo y la apatía que nos hace querer hoy una cosa y mañana otra, en un ciclo sin fin y pesado que nos lleva al estado de estar estáticos en un solo lugar.

Vemos la fuerza de voluntad manifestada en toda la naturaleza. La vemos en las plantas que mudan sus hojas y colores conforme pasan las estaciones del año, la vemos en los animales en sus diferentes hábitats moverse cumpliendo con su rol predeterminado, lo vemos en los minerales que, por voluntad, erosionan y transforman hasta convertirse en otros objetos.

Así como la voluntad es la fuerza que lleva a la acción, el voluntario hace uso de esa fuerza para ayudar a los demás desde nuestras “trincheras.” El voluntariado surge, no solo desde las instituciones no gubernamentales o empresas. Un verdadero acto voluntario está en los pequeños actos que nos convierten en héroes. Esos héroes que no necesitan realizar gestas titánicas para hacerse notar como un Hércules o un Kukulkán en Mesoamérica.

Ese voluntario que no espera reconocimiento, no necesita una gran organización para realizar su acto. Le basta y sobra guiarse por el amor, la compasión y la empatía. Pero no con un sentimiento de tristeza o de derrota, sino, con la inspiración que le lleva a actuar y darse por entero.

El voluntario lleva por estandarte el servicio, sus armas son la espada de la voluntad y la armadura de la bondad, y la luz del amor que brilla en su mirada. Y esa fuerza de voluntad, sumado con el amor, lo convierte en un héroe para la vida cotidiana que no necesita un día especial para conmemorarlo, aunque esté establecido, lo recuerda todos los días del año en cada acto que realice.