Sin darnos cuenta, se nos escapa el gran amor

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Por: Lucy Angélica García Chica

Hoy quiero hablar de un importante tema y lo escribo de una manera muy sentida, como mujer, como parte de un conglomerado humano que desde mi lugar quiere aportar con una semillita de reflexión a la fértil tierra de esos corazones, que por circunstancias adversas han sufrido una ruptura por separación o divorcio.

Cuando empezamos a construir una relación le ponemos toda nuestra energía, traducida en actos de amor y cuidado, porque amar es cuidar, respetando la singularidad de ese ser que será parte de nuestra vida y evolución.
Llegamos a una relación de pareja con la mejor intención, para empezar una nueva etapa en nuestras vidas donde nos esperan cuatro paredes de una casa, a la cual le colgaremos el cuadrito escogido entre dos; no cabe duda que el descubrirnos cada día como pareja es una aventura llena de desafíos, convergiendo tantas cosas juntas y de gran impacto en nuestras vidas.

A medida que pasan los días se desarrolla un vínculo muy profundo haciéndonos creer que todo es fácil cuando se ama y se es capaz de resolver las dificultades; hacer proyectos para superar las pruebas y afianzar la confianza mutua me parecen los mejores momentos compartidos complementando esa sublime y profunda intimidad de la relación.

Pero llegan esos momentos críticos cuando nuestro cerebro empieza a razonar normalmente de nuevo y el amor romántico se extingue y entramos a una nueva fase,
esas situaciones en que no sabemos porqué discutimos, probablemente por nada, la mayoría de parejas discuten por cosas insignificantes, pero mirándolo bien ese insignificante es un inmenso motivo que hay que resolver.

Los conflictos entre parejas es una compleja situación “normal”, sin embargo podemos experimentar que el amor también significa sufrimiento y dolor, el mal de amor y la tristeza se sienten como si el corazón se partiese, esa sensación tiene un nombre en medicina desde hace varios años, el “Síndrome del corazón roto”, afirman algunos expertos que incluso se puede morir de amor.

Es así como día a día muere el amor, es como si llegaran jinetes apocalípticos de, ataque, defensa, bloqueo y menosprecio, como asesinos de ese amor y sueño compartido.

El menosprecio es como el ácido sulfúrico mortal para una pareja
Si alguien habla y el otro lo menosprecia es como un veneno que mata lentamente.
Según las estadística de expertos en el tema, afirman que el 75% del tiempo hablamos sin escucharnos, y la sensación de estar atrapado en la apatía nos quita esa energía del inicio de la relación.

También es importante puntualizar que hay relaciones que terminan por el escaso contacto físico, y que cuando el deseo desaparece en la pareja, desaparece el amor. Y
aunque haya amor sin deseo, la mayoría de las personas les gustaría preservar la pasión del principio, nada libera tanta oxitocina ( una hormona que cumple varias funciones, muchas de las cuales todavía no conocemos con precisión. Se sabe, por ejemplo, que es ella quien nos conecta con los demás, la que nos inyecta esa fuerza que da forma al afecto, al amor en todas sus formas y matices) como la intimidad compartida con la pareja.

Según las encuestas realizadas sobre este tema, la sexualidad tiene el potencial de evocar emociones y sentimientos increíblemente intensos, siempre y cuando exista amor mutuo
por supuesto varía mucho de persona a persona, de tal modo que cuando la pareja está activa sexualmente, está más unida y comprometida emocionalmente, no es solo el vinculo, sino que también brinda una experiencia de recompensa fuerte, un sentimiento agradable, una sensación de cercanía, intimidad e incondicional apoyo.

Es necesario entonces para aquellas parejas que están en este proceso, buscar ayuda psicológica juntos para salvar la relación; dicen los sabios que hay dos cosas que debemos cuidar: economía – relación de pareja.

El vínculo va mucho mas allá del matrimonio e hijos. Es sentirse completo como pareja, para caminar juntos en esta tierra, disfrutar tiempos de bonanza y felicidad plena.