La democracia de las minorías, la tiranía

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José Luis Ortiz

Por José Luis Ortiz

La Constitución Española de 1978 se refiere en dos ocasiones, de forma expresa, la «voluntad popular». Lo hace en el Preámbulo, al definir el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular, y lo hace en el artículo 6, al considerar que los partidos políticos son unos instrumentos para la formación y manifestación de la voluntad popular. De modo implícito, en el artículo 1.2, se alude a la voluntad popular: «La soberanía nacional reside en el pueblo español».

Estas afirmaciones certeras y solemnes precisan de una interpretación real de acuerdo a la realidad política. ¿Cómo se ha de formar es mayoría de voluntad popular? , ¿Pueden todas las minorías formar una mayoría?.

Si analizamos con simplicidad esta cuestión muy seria podríamos afirmar, de forma general que la voluntad popular siempre hay que buscarla en la mayoría.

Si bien es cierta esa afirmación, no es menos cierta que puede ser una forma perfecta de convertir una democracia en una grave dictadura ensombrecida con la excusa de la libertad y obviando a las verdaderas mayorías que en ese caso se convierten en minorías discrepantes y excluidas de la vida democrática.

Estas tiranías de las minorías debemos tenerlas en cuenta si de verdad lo que se busca es la convivencia de todos los ciudadanos iguales en derechos y que puedan actuar libremente.

Estas coaliciones políticas formadas por esas peligrosas minorías, deberían ser obligatoriamente “coaliciones circunstanciales” para determinados momentos de excepcionalidad y gravedad, de tiempo realmente limitado, pues si se extienden en el tiempo se perpetúan en peligrosas dictaduras para todos los ciudadanos.

Lo que tiene que primar siempre es el principio mayoritario bien entendido y es aquel que genera consenso y acuerdos, como los que forjaron la Constitución de 1978, un Régimen Democrático que las nuevas generaciones quieren sustituir por una tiranía, presuntamente y a la vista de los acontecimientos que se están viendo a fecha actual.

Yo que, en 1978, era un niño, he disfrutado de una democracia sin grandes discrepancias, en las que las libertadas siempre se respetaban y la palabra consenso servía para generar la verdadera unidad democrática y no lo que estoy viendo ahora a mis 53 años que sinceramente me preocupa en exceso.

13.420.392 millones de personas apoyaron a las formaciones PSOE, PP y C,s , frente a 10.027.521 que fueron las personas que votaron a otras formaciones . Especialmente sangrante es que la formación EH BILDU, heredera de la “extinta” banda terrorista ETA, con 276.519 votos reales sea una de la piedra angular de esa formación de minorías para una mayoría.

Conclusión 276.519 votos deciden sobre 13.420.392, o lo que es lo mismo, 2,06 % controla a una mayoría democrática.

Hago la siguiente pregunta, ¿Eso es verdaderamente una democracia? ¿Dónde está la responsabilidad de los políticos de la Transición? ¿Acaso se ha perdido en más de 40 años de andadura de la democracia española?

La formación que debería haberse formado en estos momentos lo digo con claridad y rotundidad era PSOE-PP-C,s ( en total 219  diputados de los 351, un 82,90 % de la Cámara)  y no la de las minorías , el 17,10 % de la misma.

¿Acaso pesa más la ciudadanía que sustenta 17 % frente a la que representa el 83 %? ¿Acaso no ha sido el pueblo el que ha facilitado el que estén ahí?

Demasiadas preguntas y pocas respuestas transparentes y claras.

Ciertamente esto conlleva un peligro muy real y es que este gobierno se asegura la permanencia jugando peligrosamente con la verdadera democracia que es la de la mayoría.

Son, en suma, dos niveles de concurrencia de pareceres: en la base de la convivencia y acerca de los asuntos esenciales, es necesario el consenso; sobre los asuntos no capitales -en un plano distinto- cada partido puede y debe mantener las ideas y las soluciones de su programa. El consenso no excluye la diversidad de opiniones. El consenso básico robustece la democracia (véanse los casos de Francia y Alemania, digno ejemplo democrático).

Tengo que reconocer que no siempre resulta fácil trazar la línea divisoria entre cuestiones esenciales, objeto del consenso básico, y las cuestiones que han de someterse a la libre discusión. Puede ocurrir que una ampliación improcedente de la materia del consenso paralice el funcionamiento de la democracia, y es lo que ahora ocurre palpablemente y es cuando nos encontramos con la dictadura de la minoría.

Es preciso recordar la advertencia que un consejero de John F. Kennedy le hizo llegar en ocasión solemne: «La democracia, Presidente, es algo más que el gobierno del pueblo y el reino de la mayoría». Es un recordatorio que me viene a la memoria cuando la política discurre por derroteros inquietantes, como es este el caso en España en estos momentos.