¿Desincentivar fiestas navideñas?

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Pastor Matías Benjamin Reynoso

Ya viene la Navidad, y los cristianos no podrían estar más emocionados para celebrar todas sus fiestas con enormes contenidos de paz, alegría y amor.

Navidad significa: entregar y recibir amor.  Es un intercambio desinteresadamente humano y sobre natural. Son sentimientos de amor que se entrelazan entre la esencia de la naturaleza y el ser ideal, y partes de ellas revela su esplendor en el dulce mes de diciembre, declarado el mes de la alegría.

En el calendario (gregoriano) no hay otro tiempo tan representativo y expresivo de satisfacción para el ser y la familia. Ni en otros meses vemos tantos espacios abiertos  para el perdón.  Hasta en la cárcel los internos celebran la Navidad;  entonces sin duda alguna, Navidad es un momento de derroche de risas, ingenios y encantos.

Aquí la gente se desinhibe: el tímido pierde la timidez y le da riendas sueltas a sus sentimientos profundos y recónditos. También algunos extrovertidos “pierden el control” y se pasan de la raya: se endeudan para comprar lechón, o ropas nuevas, o  se disfrazan de Santa Claus para regalarles a los niños “pobres” un poco de alegría.

Los enemistados se reconcilian -sin importar qué fue lo que causó la discrepancia, Navidad los une.  Y los novios se casan, le ponen fin a la virginidad. Los vecinos se convierten en los aislantes acústicos (es el único tiempo en que la ley de Limitación de Ruidos Nocivos [no] tiene [ningún] sentido). La bulla acerca aún más a los residentes, se pierden en un efusivo abrazo entre hermanos.

Por doquier el sonido de villancicos, aguinaldos, serenatas con mágicos repertorios de amor. ¡Que bella es la Navidad!

Sin embargo por causa del covid-19 -no podemos tapar el sol con un dedo-, y saber que la gente (en el mundo) de una forma u otra está siendo azotada: físico, mental, social y espiritualmente.

La humanidad en este segundo está en guerra y atravesando la inclemencia de covid-19; el desafío más importante que tiene entre el costado, del cual estamos obligados a vencerlo, o por el contrario: la enfermedad, el hambre y la bancarrota haría su mayor estrago de la historia universal, incluso se corre riesgo de no volver a tener más Navidad.

Por ejemplo, en República Dominicana al parecer la gente se está agotando de los protocolos de distanciamiento físicos, de los cuidados personales e higiene; y de seguir así perdiendo el interés, es muy probable que un rebrote de covid-19 presione los registros y subregistros.

Según el Ministerio de Salud Pública reveló un informe que data de la tarde de ayer sábado que a la fecha se registran 2,308 fallecimientos y 986 nuevos contagios con un aumento sensible (a último minuto) en el número de ingresados a los centros hospitalarios

Por lo tanto, contrario a las consideraciones de algunos legisladores y de otros sectores social y político del país, ¨desincentivar las fiestas navideñas”, mantener  los protocolos sanitarios, y el toque de queda, es el camino prudente que debemos tomar todos, tal y como lo sugieren un sector importante de la Iglesia, la OMS y el Gobierno.