Las dos caras de la envidia: crecer o destruir

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“¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!”, Miguel de Cervantes (1547- 1616.)

Por Lucy Angélica García Chica (Angie Lu)

Aprendemos a compararnos con otros a temprana edad. Cuando somos niños, comparamos juguetes, altura, calificaciones, ropa, etc. Cuando somos adultos queremos asegurarnos de que estamos a la altura de la gente que nos rodea. Pero una cosa es la competencia sana, y otra muy distinta es invertir nuestra energía en la envidia.
Cuando la envidia surge y se le permite vivir y crecer en nuestros corazones trae consigo terribles consecuencias. De esto podemos ver muchos ejemplos en la Biblia.

Cuando la ofrenda de Abel fue de agrado para Dios, y la de Caín no, Caín mató a su hermano por causa de la envidia. (Génesis 4:3-8) Cuando Coré tuvo envidia de Moisés, la tierra se abrió y lo tragó. (Números 16) Cuando Saúl dejó entrar envidia acerca de David en su corazón, fue asesinado en la batalla. (1 Samuel 18) Aún Jesús fue asesinado por los líderes religiosos de aquellos tiempos porque lo envidiaban.

El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos. Proverbios 14:3.

La envidia es algo que todos conocemos. Cuando vemos a alguien que tiene algo que a nosotros nos gustaría tener, ya sean posesiones materiales, cualidades, ministerios o talentos, se levanta una reacción natural humana que se llama envidia. Se requiere de un trabajo consciente para ser libres de esto y para poder estar agradecidos por lo que tenemos y “gozarnos con los que se gozan”, (Romanos 12:15)

No es pecado ser tentado a la envidia, pero si dejas que tales pensamientos vivan y crezcan en ti, causarán mucho daño. ¿Por qué la envidia es pecado? Porque divide a las personas. Destruye relaciones, causa discordia, crea espíritu de amargura y maldad. Hace que la gente diga y haga cosas de maneras tóxicas.

Tener envidia es claramente un pecado, y está definido como tal en la Palabra de Dios.

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”.

La envidia proviene de la insensatez y de la falta de comprensión. Paradójicamente y desde otro punto de vista, la envidia es un paso más allá de reconocer lo que carecemos en nuestra vida.

Cuando vemos carencia en nuestra vida, reconocemos que estamos muy alejados de donde nos gustaría estar. Ese deseo es una importante herramienta en nuestro desarrollo, ya que sin él no podríamos tener la motivación para hacer un esfuerzo de progresar. Nuestro ego es el que tergiversa ese deseo positivo en envidia. Nuestro ego observa nuestra carencia, y no toma en cuenta es que cada individuo tiene su proceso particular con su propia serie de obstáculos.

Si bien un empleo importante se le dé muy fácilmente a alguien, quizá tenga dificultades para conocer a su alma gemela o tener relaciones significativas con la gente. Mientras que alguien que haya encontrado al amor de su vida podría tener dificultades en el mundo de los negocios.

Todo es demasiado fácil en la vida de una persona desde la perspectiva externa y lo consideramos como perfecto, sin saber los golpes o las luchas internas y privadas que cada uno enfrenta todos los días de sus vidas. La verdad es que cada uno de nosotros está luchando su propia batalla personal, y los desafíos que enfrentamos están especialmente diseñados para ayudarnos a evolucionar y crecer exactamente de las maneras en las que estamos destinados a hacerlo.

Pero debemos ser conscientes que el ego siempre intentará engañarnos para separarnos unos de otros.

Cuando la envidia es fuerte, la persona sentirá odio y animosidad hacia aquél a quien envidie. Le deseará el mal y murmurará contra ella. Tales sentimientos de odio resultan muy destructivos.

Si una persona tiene una tendencia a sentir envidia, su existencia entera estará plagada de angustias. Esforcémonos por alegrarnos de los logros y felicidad de otras personas y más bien, utilicemos la envidia como una motivación para crecer.

La autora es Lda. en Ciencias de la Educación, escritora, poeta, maestra y columnista internacional ecuatoriana.