La vida de nuestros muertos está atesorada en la memoria de nuestros corazones

96

Por Araceli Aguilar Salgado

“La muerte no nos roba los seres amados.  

Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.  

La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. François Mauriac 

Araceli Aguilar Salgado

La visión sobre la muerte que les determina su propia vida y pensamiento, las nociones de divinidades y de la cosmogonía siempre estarán acompañadas por encontrarle un sentido a la muerte, por lo que esta diversidad de visiones, la manera en que nuestras culturas celebran el reencuentro con sus muertos se conforma como una herencia cultural de identidad.

Todos los pueblos del mundo han ofrendado alimentos a sus muertos cercanos, a los antepasados gloriosos y a los dioses protectores de la muerte, esto no es novedad. Tanto las culturas antiguas como las actuales lo continuamos haciendo, lo que ha variado es la forma del ritual, el tiempo y el espacio donde se realiza la ofrenda

El Día de Muertos es una tradición mexicana de origen prehispánico, los días de fiesta principales son el 1 y 2 de noviembre, la celebración es originaria de la época prehispánica en ese periodo, muchas etnias mesoamericanas rendían culto a la muerte.

Entre ellas estaba la mexica cuyos dioses encargados de definir el destino de las ánimas eran Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, amboseran señores del Mictlán o “lugar de los muertos”, no obstante, para llegar aquí, las almas debían lidiar y sortear una serie de obstáculos para poder conseguir el descanso eterno.

De acuerdo con el Códice Florentino, el Mictlán estaba dividido de acuerdo con la manera de morir: Ejemplo, a la Tonatiuh Ichan –casa del sol– entraban aquellos guerreros que habían muerto en el campo de batalla; otro sitio era el Cincalco, casa del dios Tonacatecutli a este iban quienes murieron siendo infantes pues al ser tan jóvenes se les consideraba inocente.

No obstante, para que las almas iniciaran el trayecto, los vivos se encargaban de acompañarlos en la distancia por medio de un ritual, este iniciaba con la muerte de algún ser cercano el deceso se anunciaba con gritos y llantos emitidos por las mujeres ancianas de la comunidad, después se amortajaba al difunto junto con todos sus objetos personales, para que posteriormente, el bulto o cuerpo era simbólicamente alimentado con los manjares más exquisitos.

Después de cuatro días, el cuerpo era llevado a enterrar o cremar, porque a partir de ese momento, el alma emprendía el difícil trayecto, luego, cada año durante cuatro años, se realizaban ostentosas ceremonias en el lugar donde se encontraban las cenizas o el cuerpo del difunto.

Así, este complejo ritual no solo ayudaba a que las almas descansaran sino también a facilitar el proceso de duelo de los familiares, con la llegada de la población europea, este ritual sufrió un proceso de aculturación, la fiesta del dios del inframundo se unió junto con la celebración de los difuntos y se reinventó el proceso hasta ser concebido como lo conocemos ahora.

Cabe señalar que, algunos de los elementos que destacan en este día son las ofrendas.

Las ofrendas de día de muertos son altares de origen prehispánico, estos eran dedicados a distintas deidades y se colocaban en fechas diferentes, no obstante, la del señor de los muertos, Mictlantecuhtli, se celebraba en el mes que ahora conocemos como noviembre. Esta coincidencia fue aprovechada por los evangelizadores durante la Colonia para hacer un sincretismo entre el cristianismo y las creencias religiosas autóctonas.

Los días 1 y 2 de noviembre son las fechas marcadas en el calendario, en algunos lugares las festividades comienzan desde el 28 de octubre (cuando se rememora a las personas que murieron en accidentes), el 30 (bebés que fallecieron antes de ser bautizados), el 31 de octubre (los menores de 12 años), el primero de noviembre (el Día de Todos los Santos) y el 2 de noviembre, la celebración de los fieles difuntos y claramente el momento cumbre de la festividad (y el día marcado oficialmente como Día de los Muertos) porque es cuando se supone que las almas de nuestros difuntos regresan de donde vinieron de visita y es tiempo de retirar las ofrendas

Por lo que cada familia hace un pequeño (o gran) altar de muertos en su casa, reza un rosario o incluso acude a una misa en memoria de los difuntos. Otros solo prenden las velas, los recuerdan en silencio y esperan a que caiga la noche para que las personas que han fallecido los visiten.

La ofrenda es ese ritual colorido donde el individuo y la comunidad están representados con su dádiva; es un acto sagrado, pero también puede ser profano: la tradición popular es la reunión de la devoción sagrada y la práctica profana, el altar de Día de Muertos está compuesto por elementos básicos cuyo valioso significado lo ha convertido en una de las partes más importantes de la celebración de los muertos.

De esta forma, vivos y muertos se reencuentran en una dimensión que les permite convivir, cabe mencionar que las ofrendas se colocan en una mesa con dos niveles que simbolizan el cielo y la tierra, si es de tres, se les añade el purgatorio, las más grandes son de siete niveles y representan los pasos para llegar al descanso eterno.

Elementos de las ofrendas

Fotografías de los difuntos. Es muy común colocar retratos de las personas amadas que ya no están entre nosotros. No obstante, te sugerimos poner alguna de tus fotos favoritas.

Incienso o copal. El humo que desprende el copal o incienso, es la guía olfativa para que nuestros muertos puedan llegar con nosotros.

Veladoras. Estas representan el fuego y la luz. Igual que el incienso, funcionan como una guía para que las almas.

Bebidas favoritas de los difuntos y agua.

Flor de cempasúchil. Esta flor de apariencia esponjosa también es conocida como “flor de veinte pétalos”. Se utilizan principalmente para decorar o crear caminos que guíen los espíritus de nuestros muertos.

Calaveritas. En la antigüedad se utilizaban cráneos de verdad. Después fueron sustituidas con calaveras hechas con azúcar, chocolate o amaranto. Cada cráneo representa a un difunto.

Pan de muerto. Además de delicioso, el pan de muerto es la representación del esqueleto de los difuntos.

El petate. Entre los múltiples usos del petate se encuentra el de cama, mesa o mortaja. En este particular día funciona para que las ánimas descansen, así como de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda.

El izcuintle. Lo que no debe faltar en los altares para niños es el perrito izcuintle en juguete, para que las ánimas de los pequeños se sientan contentas al llegar al banquete. El perrito izcuintle, es el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán.

El gollete y las cañas se relacionan con el tzompantli. Los golletes son panes en forma de rueda y se colocan en las ofrendas sostenidos por trozos de caña. Los panes simbolizan los cráneos de los enemigos vencidos y las cañas las varas donde se ensartaban.

La cruz grande de ceniza sirve para que al llegar el ánima hasta el altar pueda expiar sus culpas pendientes.

La sal. El elemento de purificación sirve para que el cuerpo no se corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

Algo se siente distinto en el aire: no es la nostalgia por lo que se han ido, sino la alegría de revivir algunos de los mejores recuerdos al lado de ellos a través de altares y rituales, tal vez una de estas memorias tenga que ver con vivir al lado de ellos una fecha como esta, así como el contento de seguir con esta bella tradición del día de muertos, los seres queridos que han fallecido regresan para estar con sus parientes y nutrirse de las ofrendas puestas en su honor, para los vivos es una oportunidad de recogimiento y oración, de reflexión sobre la muerte, no es más grande aquel que más espacio ocupa, sino aquel que deja más vació en su ausencia.

“La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan;

si puedes recordarme, siempre estaré contigo”. Isabel Allende

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y Comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México.