Lo material prevalece; se ignora lo espiritual

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¡Yo tengo; yo soy; yo dispongo! Son de las expresiones que más se escuchan en la voz de muchas personas de la sociedad moderna. Raro es el caso en que una de ellas no se pronuncie durante los conversatorios que se llevan a efecto.

Indudablemente, a veces hay algo de verdad en lo que se dice; mientras que, en otras, todo no es más que allantes y fantocherías, con lo que se trata de vender una falsa imagen ante los demás.

El último calificativo – yo dispongo -, siempre es producto de los haberes materiales que se logra acumular; nunca refiriéndose a los valores y saberes que se tenga. Cuando estos últimos se reúnen en cantidad apreciable, de ellos mismos se desprende la humildad que se pone de manifiesto en todo momento”; y, es difícil que se haga entonces, algún tipo de alarde asociado.

En estos tiempo de pandemia, COVID-19, un asesino silente e invisible que ataca de forma repentina en cualquier lugar, sin distingo de raza, color, o condición económica que adornen, mal que algunos atribuyen a una de las pestes de que hablan las Sagradas Escrituras, y sujetas a verificarse durante los tiempos finales de la llamada “Era Cristina”, se está produciendo la inclinación de muchos humanos hacia un serio pensar en los asuntos espirituales esotéricos, lo cual aleja un poco de lo material, obviamente, e induce  a actuar al margen de lo religioso tradicional conocido.

Lógico, en torno a procurar conocer lo que en verdad somos los hombres; a descubrir la esencia real de los mismos – una entidad espiritual, con un revestimiento de carne y huesos, para poder manifestarse en el mundo de la materia densa -; concienciarse más bien.

Y, en adición, por reflexionar sobre lo que dijera el Predicador, ECLESIASTÉS: “Todo es vanidad”. “Miré todas las cosas que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. (Sagrada Biblia).

Por tanto, a tener bien presente siempre, que los suntuosos castillos que se construyen sobre el planeta Tierra, se pueden ir a pique en cualquier momento, con la mayor facilidad, por un simple amago punitivo de la Madre Naturaleza; y, que, en conexión, todo lo acaudalado acompañante está sujeto a ser tragado también por las “aguas turbulentas” y repentinas en que de ordinario se mueven los terrícolas.

¡Cuán equivocados viven entonces los que esas cosas ignoran!; aquellos que solo fijan su atención en el lucro y las tenencias materiales todas, “vanidad de vanidades”; que nada más despiertan egoísmos, confrontaciones, y malquerencias, entre congéneres hermanos, que son ramas todos de un mismo frondoso árbol, cuya sombra nos cubre en totalidad: el Supremo Creador del Universo.

Por consiguiente, como anillo al dedo ha venido ahora, cuando una cruel pandemia sanitaria ataca al mundo, COVID-19, un trabajo preparado por el señor Iván Ernesto Gatón, alusivo directamente a Occidente, pero que se infiere traslativo el mensaje que envuelve, a todas las sociedades, y que está en línea con el asunto que hemos venido tratando.

El mismo aparece publicado en el periódico “HOY”, edición de fecha 5-10-20, página 12ª, bajo el título “Gatón alerta Occidente debe transformarse o se derrumba devorado por lucro y lo material” ¡Merece ese aporte sosegada lectura y reflexión!

Dado el mensaje que envuelve, vale la pena transcribir aquí finalmente, como aguijón para su lectura, los dos últimos párrafos de esa valiosa publicación:

“El mundo occidental, cuna de las revoluciones burguesas y de la democracia, se está hundiendo y corre desbocado a una hecatombe, considera”. Claro, debido a la inclinación por el lucro y lo material solamente, cabría agregar.

“En ese mundo enfermo y corroído, un atleta gana más dinero que un médico, y un actor más que un maestro. El espectáculo vale más que la vida. Así, no puede sobrevivir. Gatón lo sabe, sabe también, que la perdición occidental es la perdición de toda una civilización que se derrumba”.

Dicho hay suficiente en ambas puntualizaciones, ¿verdad? ¡Solo resta imparcial interpretación, y la debida asimilación!, por parte de los hombres (general).

 

Autor: Rolando Fernández

 

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