La vida, alimentación en tiempos de pandemia

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Araceli Aguilar Salgado

Por Araceli Aguilar Salgado

“La alimentación es vida, y la vida no debe separarse de la naturaleza.”Masanobu Fukuoka

La pandemia del coronavirus podría casi duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en el mundo, alcanzando más de 250 millones de afectados a finales de 2020, según lo ha advertido el Programa Mundial de Alimentos: Son 130 millones más de los 135 millones en esa situación, como resultado del impacto económico por el CONV-19.

Por lo que si no se toman las medidas para prevenir interrupciones previsibles en los sistemas alimentarios mundiales, especialmente en los países con déficit de alimentos, la pandemia del coronavirus complicaría aún más el enorme desafío de alcanzar el hambre cero, el cual es común denominador de este año 2020 dentro de los objetivos de la Agenda 2030 y el seguir luchando contra el hambre en el mundo.

Así mismo se hace un llamamiento a la solidaridad mundial para ayudar a las personas más vulnerables para que se recuperen de la crisis y hacer que los sistemas alimentarios sean más resilientes, y robustos de manera que puedan resistir el aumento de la volatilidad y los cambios climáticos, proporcionar dietas saludables accesibles y sostenibles para todos, y medios de vida dignos para las personas que son agricultores, productores o distribuidores de alimentos.

Esto requerirá regímenes de protección social mejores y que se ofrezcan oportunidades nuevas a través de la digitalización y el comercio electrónico, pero también prácticas agrícolas más sostenibles que preserven los recursos naturales de la Tierra, nuestra salud y el clima.

La alimentación es fundamental para la supervivencia humana y es imposible vivir más de unas semanas sin comer nada, además, la comida es un rasgo identificativo de las culturas y sirve como vínculo de unión entre la gente.

El acceso a la alimentación es un derecho reconocido por la Declaración Universal

En otro punto de acuerdo a datos resultados que demuestran que en el mundo hay 672 millones de adultos y 124 millones de menores con obesidad; así mismo aproximadamente 40 millones de niños menores de 5 años sufren de sobrepeso.

Datos muy abrumadores que recaen en el hecho de que la comida rápida se ha hecho una sólida base, especialmente en la población que reside en las grandes ciudades, desplazando de alguna manera a la comida más sana y esencialmente alimentos tan importantes como frutas o verduras, por harinas, grasas saturadas, exceso de azúcares en sus diferentes versiones, sal, entre otros.

El cambio de hábitos alimenticios no solo afecta al organismo humano, también está trayendo graves consecuencias al medio ambiente. La prioridad que actualmente tiene la producción de cereales en el mercado ha ocasionado una notable reducción de la biodiversidad de plantas logrando que solo 9 ya representan el 66% de la producción total de cultivos en todo el planeta.

Por lo que los países, el sector privado y la sociedad civil deben garantizar que nuestros sistemas alimentarios puedan cultivar una variedad de alimentos para nutrir a una población en crecimiento y preservar el planeta juntos.

Todos tenemos un papel que desempeñar, desde aumentar la demanda general de alimentos nutritivos eligiendo alimentos saludables, hasta no dejar que los hábitos sostenibles se queden por el camino, a pesar de estos tiempos inciertos.

Una de las cosas que más se intenta implantar en la mentalidad de los habitantes de los distintos países, es concientizar el apoyo a la producción local para que se siga generando mucho cultivo de verduras, vegetales y frutas que se puedan incluir en cada dieta.

-Probar alternativas a la carne de origen animal, como garbanzos, lentejas, brotes de soja que son ricos en proteína

-Incluir carbohidratos integrales en la dieta como quinoa, trigo sarraceno, amaranto, avena, centeno, entre otros.

-Consumir muchas frutas de distintos colores como fresas, kiwis, mandarinas que aportan muchas vitaminas, minerales, antioxidantes.

-Por último, es imprescindible disminuir el uso y consumo desmesurado de aceites y sal, además de tener una rutina de ejercicios diarios.

“El poder del amor para cambiar de cuerpo es legendario, está integrado en el folclore, el sentido común y la experiencia cotidiana. El amor mueve la carne, empuja la materia. A lo largo de la historia, el cuidado amoroso y tierno se ha reconocido uniformemente como un elemento valioso en la curación”. Larry Dossey

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México