Un país de ensueños

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Por: Carlos Martínez Márquez

‘’ El que no detecta los males cuando nacen, no es verdaderamente prudente’’. Maquiavelo

Borgen, es una de las series de televisión que todos debemos ver, incluso la clase política que dirige el status quo en la que muchos países se ven envueltos en la misma vorágine que atenta a las bondades e ingenuidades de los pueblos. Durante toda la semana he estado revisando NETFLIX y me encuentro con esta joya perdida producida hace diez años. Sencillamente, no tiene desperdicio.

Si de veras me preguntaran donde querría haber nacido, no dudaría en elegir ‘’el mejor país donde todo es pura ficción y nada me sorprenda’’. Ese lugar geográfico en el cual no hago alusión— no existe— porque todo huele a podrido por doquier. Ciertamente, la serie Borgen, es un drama de ficción y nos traslada al país donde todos hacemos referencias cuando las cosas no andan bien… ‘’algo huele mal en Dinamarca’’. La pobreza de los pueblos es un mal necesario para la clase política que engulle el poder por medio a la estafa y el hurto a la moral de los que siembran cada cierto tiempo la esperanza de vivir en un país digno y decente e igualdad de condiciones.

La justicia social aboga por una sociedad que se respeten las normas y las leyes en la que cada individuo que ostente el poder, no se le ocurra de manera caprichosa, violar los preceptos constitucionales que nacen desde el mismo instante que se establece una nación. Aun sueño con aquel país en la que cada hogar haya paredes hechas de vientos y techos de estrellas, para albergar e iluminar, la caridad de los que obran con buena intención de hacer de la política una ‘’sublime artesanía’’ de las buenas acciones y que su legado sea un referente para otras generaciones.

¿Por qué, someter a los pueblos a un estrés innecesario? Nadie merece estar bajo el escrutinio de imposiciones triviales que posteriormente quedarían sin efecto cuando es el propio pueblo quien ejerce el poder natural y pasa factura cada cuatro años. En las pasadas elecciones quedo demostrado que los pueblos poseen el poder para tumbarle el pulso a cualquiera; la corrupción es el común denominador y constante (lacerante) que contribuye al desencanto ciudadano que es vilmente vilipendiado con odiosos impuestos [fruto de los caprichos de algún genio financiero que vive meditando en su cama, con que tipo de anestésico nos vendrá, para que no haya retaliaciones y reacciones adversas a tal genialidad.

Quiero vivir en un país donde no me sienta obligado a estar si no estoy conforme; debe haber un cambio de mentalidad en los políticos. Y el país aprendió la lección del pasado, de que no sabía que su poder estaba en sus manos y en su conciencia, que las cosas cambian si deseamos que cambien para no vivir en un estado de cosas, en la que no se nos violen masiva y sistemáticamente nuestros derechos fundamentales, omitidos, por las autoridades responsables por no adoptar medidas que lo garanticen.

El drama producido por NETFLIX retrata una exquisita narrativa cuya revelación la hace interesante debido a que la política debe ser ejercida mediante la guerra, pero sin sangre y no la guerra someter a la política sangrienta. El poder debe ser equilibrado y la sociedad debe por naturaleza constituirse en veedora de que las decisiones de los gobiernos deben ser transparentes. Las fuerzas políticas nos tienen acostumbrados a que debemos apostar al fracaso de otros para mantenerse gravitando en el poder sin importarles la carga pesada que lleva cada ciudadano— tristemente— sin márgenes para el ahorro. ¡Lo quieren todo! Los políticos se transforman cuando ascienden al poder y se convierten en Anacondas engullendo todo lo que les quepa en sus vísceras. Y los empresarios, como ‘’Halcones’’ siempre oteando desde arriba, que pez gordo, lo va a nutrir.