La bandera [del error]

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Por  Mathias R. Vizcaíno

Por encima de que en República Dominicana existen grupos que quieren y promueven que se apruebe el matrimonio gay, el aborto libre y otras pretensiones sociales complejas que riñe claramente con la doctrina cristiana y la Constitución, es importante que se sepa y se acentúe la imperiosa necesidad de que los servidores públicos están compelidos a conservar y respetar  los símbolos patrios, a través del ejercicio decente en las oficinas del Palacio Nacional según el significado de su bandera, la Bandera Nacional.  Y que por demás, es el único país en el mundo que la biblia forma parte integral de su escudo; y está refrendado con un texto de libertad según Juan 8:32.

Por lo tanto, en los hechos entendemos  que el tipo de activismo que realiza la viceministra administrativa de la presidencia Delia Leticia Jorge Mera, de (intentar) levantar una bandera al orgullo gay en el despacho público, es un error. Es una estrategia de procesos inconsistentes de acuerdo a los valores que promueve en sí misma la bandera dominicana; en consecuencia es una contradicción pública, un exabrupto y más que eso un atropello a la humilde visión de un presidente que ni siquiera permite que se coloque en ninguna de las oficinas públicas su fotografía, con el único fin de erradicar el culto a la personalidad presidencial, y que se eleve aún más de estatura el deseo de los padres de la patria cuando proclamaron: Dios, Patria y Libertad.

Por eso y otras razones más, creo que el hecho de hacer activismo en defensa de los que, según su contexto de lucha, son excluidos, discriminados, abusados y abandonados no abre un camino liberal para cerrar el paso de derecho a otras partes de la sociedad (incluyendo con situaciones parecidas).   En el supuesto, de que otros viceministros decidan, a partir de mañana, tomar las oficinas del Palacio Nacional con el absurdo, excéntrico, poco pueril y repugnante tufillo excusa de levantar otra bandera [del error] ahora por el “derecho” a las trabajadoras sexuales. ¿Qué podríamos decirles? Cuando ellas también sufren las mismas condiciones de intolerancia social, ¿o no?

No señora viceministro, creo que se equivocó de escenario político, esa no es la bandera para disentir.  Ese no es el lugar, tampoco la ocasión.  Y me parece que malinterpretó la sociedad abierta de la que habló el filósofo austriaco  Karl Popper; por lo tanto le sugiero que el camino que debe tomar es el camino de la revisión.  Porque de insistir [en el error] es muy probable que pierda el respeto de los compañeros que le rodean y no confiarían más en su “defensa a la familia”.