La Gastronomía Dominicana Como Marca País

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Por: Casilda Mercedes H.

Mediante el decreto 466-20 que instituye la Comisión Multisectorial para la creación y ejecución de la estrategia que busca concederle a la República Dominicana el ansiado proyecto Marca País y cuyo principal objetivo conduce al crecimiento económico proveniente de la captación de los recursos derivados de la inversión extranjera directa, la oferta exportable de bienes y servicios, así como el turismo, y los aspectos que le son afines como es la gastronomía. Para tales fines, dicha comisión dispone en sus articulados la coalición de los sectores público-privados, encabezado por nuestro máximo representante, el Presidente Luis Abinader, además de los ministerios de Turismo, Relaciones Exteriores, Industria, Comercio y Mipymes, Cultura, y del Centro de Exportación e Inversión (CEI-RD) y distinguidos miembros de las empresas e industrias privadas.

Como hemos comentado, el concepto Marca País, se refiere a las estrategias e iniciativas que ejecuta un gobierno determinado para unificar y competir en el terreno internacional con sus empresas nacionales, es decir, la oferta de los servicios de los que dispone, todo en aras de captar y llamar la atención de la inversión extranjera, lo que puede conferir innumerables beneficios para la Nación, que van desde alcanzar un crecimiento económico constante, y por ende, el desarrollo interno; y finalmente, ayudar a dar una enfoque distinto al país, en el caso de la República Dominicana, este nuevo paradigma significa darnos a conocer como un país lleno de atracciones y beneficios, que no queda circunscrito solamente a bellas playas.

Es aquí que la gastronomía, definida como el arte de la preparación de una buena comida, juega un papel estelar para la consecución de la meta trazada. La misma se encuentra conformada por un conjunto de conocimientos y prácticas relacionadas; cuyo lienzo es el llamado arte culinario, que a su vez se nutre de las recetas, los ingredientes, la religión, de los factores naturales como el clima y el suelo, así como de la diversidad de técnicas y métodos, y de igual modo, de la evolución histórica y sus significaciones culturales, propias de cada nación.

Brillat Savarin dijo “Un pueblo es lo que come”. Si tomamos en cuenta que la necesidad de alimentarse es inherente al ser humano, entonces, no ha de resultar extraño que nos cause curiosidad y nos interese conocer los orígenes que dan significado al término gastronomía, el cual procede del griego antiguo y cuya connotación refleja precisamente las relaciones humanas y su forma de alimentación.

Situándonos en la época actual y moderna, gracias a las Revoluciones Francesa e Industrial surgieron los restaurantes, resultó más fácil el acceso a nuevas variedades de alimentos y experiencias culinarias, las conservación de alimentos, y disfrutamos hoy en día de la crítica gastronómica.

Por otra parte, la mundialización de la que somos parte nos dicta como tendencia que, el comer y beber conlleva una maravillosa experiencia degustativa. Experiencia que trascienda y sea digna de recordar y anhelar volver a repetir, por lo cual está llamada a superar la mera acción de alimentarse; cada bocado debe exaltar la identidad, la autenticidad, los sentidos y llenar el alma.

En nuestro caso, la gastronomía en el entendido de ser un patrimonio cultural intangible, tiene además del valor agregado que le añade la cultura, la singularidad de los productos, y las características propias que le hacen única y diferente en todas partes del mundo; constituyendo las bases para ser el hilo conductor que coadyuve a la construcción de la denominada marca-país.

“R.D. Es Sabor”, puede constituirse en la inspiración que sea el marco conceptual o punta de lanza que nos diferencie y posicione de manera competitiva en el mercado gastronómico internacional. Sin dejar de lado lo que ya tenemos como sello inconfundible, nuestras hermosas playas en todos los tonos (azul verdoso y turquesa) propios del mágico caribe que nos envuelve, zonas de dunas y desiertos, verdes y frías montañas, etc. Nuestra gastronomía tan rica y variada como nuestros orígenes taínos, españoles y africanos puede ser la llave que nos abra la puerta al éxito de este proyecto tan anhelado por largo tiempo.

Un estudio realizado a finales del año 2018 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), publicado por un diario de circulación nacional el 27 septiembre, destaca las inversiones extranjeras en República Dominicana, citando: “Fuera del sector de comercio e industria, el principal destino de la IED en el país es el turismo, que ha recibido en los últimos tres años unos US$700 millones anuales”. Por tanto, no sorprende que Santo Domingo, ostente actualmente ser la capital de la cultura gastronómica del Caribe, título otorgado por la Academia Iberoamericana de la Gastronomía (AIBG).

República Dominicana posee incuestionablemente todos los atractivos en cuanto a variedad, combinaciones y originalidad en su amplio catálogo de oferta culinaria que cualquier conocedor y amante de la buena cocina desearía experimentar. Don Luis Ros, presidente de la Academia Dominicana de Gastronomía, cuyo “propósito es de fomentar la investigación, divulgación, promoción y protección de las cocinas y actividades gastronómicas propias de la República Dominicana”; considera que la cocina dominicana, necesita de ese elemento sexy de la innovación que la haga más atractiva a los comensales extranjeros, continuar preparándose en la tecnificación culinaria de sus cocineros y cocineras y jugar con el elemento de la fusión.

Como ya sabemos, la Marca País, no se trata específicamente de una marca o de un eslogan, es algo más, este concepto como hemos dicho involucra un conjunto de valores y cualidades diferenciadoras que conforman una filosofía de nación. Nuestra aspiración y propuesta es que nuestra bandera gastronómica sea representada por platos que puedan resultar en emprendimientos gastronómicos fuera de nuestras fronteras. Un ejemplo de estos, fue la visita que tuve de unos entrañables amigos desde Europa, Davinia y Adrián, un matrimonio alemán-español que conocí mientras realizaba estudios de Maestría en España, siempre hablábamos de lo divertido que sería que vinieran a visitar mi casa en el caribe, del ron que tomaríamos por barriles, ya que nuestro ron de caña es el mejor y muy codiciado en Europa, de lo que comeríamos en las playas como el famoso yaniqueque o “longplay”, o nuestra visita al restaurante El Conuco, o Adrián Tropical para probar el mangú con los tres golpes: queso frito, salami frito y huevo frito, nuestro rico sancocho, las catibías del este, el sushi aplatanao, en fin, nos faltaría estómago y comprimidos efervescentes para vivir la experiencia. Todo esto para resumir que mi sorpresa, orgullo y alegría fue tan grande que no caben en estas líneas, cuando mis amigos me envían imágenes de ellos replicando para su consumo y el de sus familiares y amigos su versión del mangú y sus tres acompañantes.

Finalmente, de mi parte todo lo dicho hasta ahora se resume en que es preciso trabajar nuestros platos icónicos desde una filosofía que no busque hacerlos más complejos, sino que estos sean una especie de Caballo de Troya que lleva en sus entrañas nuestro carisma pero también nuestra forma cultural de vivir la pasión caribeña, nuestro mestizaje y la forma de gozar la vida que nos hace tan únicos en el mundo.