Por Encima del Turismo, la Vida..!!

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Por Juan Cruz Triffolio

Mostrar urgencia en reabrir el sector turístico nacional, en los actuales momentos, constituye una necedad y un peligro de consecuencias imprevisibles.

Responsables especialistas en el área de la salud así lo han advertido tomando en cuenta, fundamentalmente, que el comportamiento de la pandemia del coronavirus en la República Dominicana todavía no proyecta un gráfico horizontal.

Es cierto que la economía y concretamente, el turismo, como soporte esencial de ese importante renglón, luce no esperar mucho tiempo en ser dinamizado pero teniendo siempre en consideración que, también es verdad, que cada acción conlleva una reacción.

Pretender reactivar un sector económico tan sensible como el turismo en un país en medio de un estado de emergencia, militarizado cada noche y bajo un toque de queda, en donde ya han repercutido por el mundo informaciones que dan cuenta de una actitud ciudadana cimentada en el desorden y la indisciplina, además de arbitrariedades de policías y militares que han concluidos en muertes lamentables y atropellos inadmisibles, es una especie de quimera que requiere de una reflexión profunda y serena.

Tanto nuestras autoridades nacionales como aquellos manejadores privados del quehacer turismo dominicano, antes de cualquier inmediata y desacertada determinación de reapertura están compelidos a no olvidar la presente y dolorosa situación sanitaria que arropa a los dominicanos y las lacerantes consecuencias que podrían acentuarse con la entrada masiva de extranjeros al territorio nacional, matizada con la peculiar flexibilización y permisibilidad, que generalmente ha caracterizado al tratamiento de esos visitantes.

Reabrir los hoteles a partir del próximo primero de octubre, como ya, oficialmente, se ha anunciado es aparentemente olvidar la máxima del inmortal Napoleón Bonaparte quien con sobrada razón subrayaba: Vísteme despacio que voy de prisa.

Seria, hasta cierto punto, no aquilatar en su justa dimensión, la situación generalizada en que precisamente, fruto de la pandemia del covid-19, se desenvuelven las actividades turísticas a nivel mundial.

Es importante tener en consideración que periodísticos recientes destacan que la compra de boletos aéreos, en gran parte del parte del planeta tierra ha sufrido, producto del mortífero coronavirus, una reducción igual o mayor al 70 por ciento que en tiempos normales.

De igual modo, no debemos perder de vista, que un número considerable de turistas cautelosos, sobre todo, de aquellos estadounidenses o nacionales residentes en la llamada Gran Unión de Estados Norteamericanos, quienes innegablemente son los que más nos visitan, encarnaría la osadía de emplear su tiempo y recursos económicos, planificando una estadía en un país como el nuestro, donde la situación sanitaria y la seguridad ciudadana, lamentablemente, no constituyen una garantía.

Ningún ser humano sensato y prudente viajaría donde la salud y el resguardo de la existencia humana estén en juego.

Es cierto que, paulatinamente, la nación dominicana ha de ser sometida a un proceso de reingeniería, en sentido general, y que, lógicamente, el aparato productivo requiere empezar a dinamizarse pero sin olvidar que por encima de todas las necesidades y urgencias está el preservar la vida de la población.

Es hora de la reflexión serena, sin pausas pero sin prisa, de manera tal que, como frecuentemente escuchábamos decir de algunos de los laboriosos campesinos de Salcedo, La Flor de la Patria, evitemos siempre que la sal salga más cara que el chivo.

Prudencia pues…