‘Desmuchachados’

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Por Sergio Reyes II.

(A Sergio, Lyah, Erin, Amanda, Ariel, Aaron, Eva Luna, Leah y Emil).

‘Al que se viste con lo ajeno, en la calle lo dejan en cueros’. ‘Zapatero a tus zapatos’; ‘Te vas a quedar sin guitarra y sin violín’.

Antes, pensaba que éstas eran solo frases lanzadas al viento. Que la amarga verdad que ellas encierran no habría de lacerar mi entorno, ni por asomo.

Y he aquí que, de golpe y porrazo, he venido en caer en el peor de los ostracismos, ése que invade a los abuelos con su gélida brisa de ausencias cuando se les somete al peor de los castigos: el alejamiento de los nietos.

No digo que sea por inquina ni por maldad. Líbreme Dios de tal infundio!

Tampoco ocurre este despojo como parte de una acción malvada encaminada por padres acaparadores ni impositivos, actuando en nombre del derecho a la primacía en las caricias, los arrullos y el disfrute de los balbuceos repentinos de esos ‘locos bajitos’ que pululan por doquier a nuestros pies, arrastrando todo a su paso, disfrutando de la más solemne tolerancia y permisibilidad y contando con la mirada cómplice de los abuelos.

Ni siquiera se debe, este ultraje, a manejos arteros interpuestos por la camada de abuelos ‘del otro lado’, en acción de felonía dispuesta hábilmente para disfrutar, ellos, de los encantos, los chillidos, la barahúnda y el reguero que arrastra a su paso una parvada de nietos, en una interminable ronda de fin de semana.

No, qué va!

También ellos sufren de igual martirio y flotan, en estos días, como barco a la deriva, observando hacia afuera de la casa por el ventanal, con ojos lánguidos y anhelantes, a la espera de que les lleven de visita (o les presten por un rato, sería mejor decir!!) a uno de esos traviesillos alborotadores en quienes tanta ilusión ponemos los abuelos, haciendo mutis del malevo refrán de que ‘quien mejor cría son los padres, porque los abuelos solo consienten’!

Y he aquí que, en este monótono y solitario sábado gris, libre de sobresaltos, triste por la ausencia de la vocinglera chiquillería y asombrado por la novedad de la falta de reguero en la sala y los dominios del librero, me encuentro tumbado en el sofá, frente a un ordenador con todas las teclas ávidas de ser usadas para producir ideas sublimes y solo me brotan sollozos ocultos, por la falta de mis nietos.

Qué triste y penoso es estar desmuchachado!!