La otra humanidad del obispo Francisco Ozoria Acosta (1 de 6)

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Por Miguel Espaillat

Preliminar

A – EL Obispo Francisco Ozoria Acosta, como en su tiempo lo fue Nicolas López Rodríguez, es contrario al aborto terapéutico, pero indiferente ante la masacre de los nacidos. Ozoria Acosta, al igual que López Rodríguez ha sido y sigue siendo indiferente al Holocausto que desde antes de Trujillo hasta la fecha, se ha venido llevando a cabo con los cortadores de caña dominicanos y haitianos en todos los ingenios del país, Ante esta inhumanidad, Ozoria Acosta, cuando fue obispo de la diócesis de San Pedro de Macorís, no solo fue indiferente a los enormes sufrimientos de esta pobre gente, sino, que para peor se confabuló con los barones del azúcar, para que esa aberración siguiera a sus anchas en todos los ingenios de aquella zona.

B – En este tiempo, desde el púlpito de la Catedral Primada de América, el obispo Francisco Ozoria Acosta predica sobre la justicia y amor a los pobres y advierte que no es buena política buscar el bienestar para una sola persona, y que tampoco se hace buena política si ese bienestar se persigue para una familia, un solo partido político, o un grupo determinado.

C – De igual forma, durante el Sermón de las Siete Palabras, el Viernes Santo, monseñor Ozoria Acosta fustigó al Estado y las intenciones “mezquinas” del presidente perpetuarse en el cargo sin importar que para lograrlo haya que pisotear una vez más la Constitución. Y desde otro escenario calificó de preocupante y lamentable la situación de la justicia dominicana y la falta de independencia de los poderes del Estado, lo que podría desembocar en una dictadura, si no se despierta y se cambia.

D – Días después, monseñor Ozoria visita al corrupto presidente Medina, recula, claudica y declara, que esa reunión se trató de un encuentro de trabajo y diálogo fraterno, donde se dio seguimiento a proyectos que la iglesia católica ha solicitado al Gobierno para beneficio de las comunidades. Pero ante los cuestionamientos de la prensa declara, que no se pelearía con el poder, que entre iglesia y el gobierno reina un ambiente de paz y armonía, y que son los “medios de comunicación que quieren ponerlos a pelear”.

E – Desde del púlpito monseñor Ozoria insta al presidente Abinader a que vaya a servir al pueblo y que si descubre que algunos de sus colaboradores en vez de servir al pueblo, busca servirse del pueblo, no dude en separarlo de su lado”,

F – Desde el altar, Ozoria predica que Jesús demostró que el poder hay que conseguirlo con actos de humildad y un accionar débil y humillado en favor de los demás.

H – Estas predicas contrastados con la realidad, arroja, que solo son discursos divorciados de la práctica. Es tan así, que nadie lo ha visto salir en defensa de los beneficiarios de los Fondos de Pensiones ni de los cortadores de caña que reclaman la miserable pensión que le niegan después de haberlas ganado con 30 o 40 años en el durísimo trabajo esclavo del corte de la caña, o en otras labores como en el magisterio o de obrero en una fábrica. Tampoco a este supuesto siervo de Cristo se le ha visto enfrentar la corrupción frontalmente, sino de manera genérica e indirecta. Pero también el obispo Ozoria Acosta – (como hemos visto) – es capaz de contemporizar con el poder para beneficio personal suyo y de su iglesia, sin importarle por ello, los intereses de pueblo. Eso sí, para pelear contra las tres causales del aborto terapéutico, se emplea con pasión, 24/7.

I – Tengo mis motivos, informes y argumentos suficientes para sospechar que el cristianismo del obispo Ozoria Acosta no es genuino. Yo intuyo que su elección por el sacerdocio no obedece a un llamado del Altísimo, sino a un instinto innato en la mayoría de los hombres nacidos en la pobreza que impele a la búsqueda de ascenso social y de seguridad para la supervivencia en una sociedad, donde los pobres y los verdaderos cristianos y revolucionarios son marginados o mueren aplastados por el sistema. El que el obispo Ozoria Acosta, teniendo la elevadísima dignidad de obispo y que sobre ello acepte del rango de mayor general del ejército, comprueba, que a él le gustan los oropeles sociales y que le llamen eminencia reverendísima, lo mismo que usar esas vestimentas y tocados que lo hacen sentir vanidosamente todopoderoso.

J- Para mí, el obispo Ozoria Acosta es una versión más de Nicolas López Rodríguez, aquel hombre autoritario y soberbio señalado hoy en día por Jenny Michelle Pimentel Molina como su gran amor. En esta claque también están, Agripino Núñez Collado (el cura millonario y sibarita), y los curas que mintieron, engañaron y se confabularon para darle el golpe de estado a Juan Bosch. Esa otra naturaleza del Obispo Ozoria es lo que vamos a demostrar en este ensayo. Veamos:

K – Este ensayo está apoyado fundamentalmente en seis libros testimoniales: “Over”, de Ramón Marrero Aristy -, “Cañas y bueyes”, de Francisco Moscoso Puello -, “El hombre Acordeón” de Marcio Veloz Maggiolo, “El sacerdote inglés”, de Carlos Agramonte, – “Esclavos en el paraíso” de Jesús García y finalmente en la Santa Biblia, que es un libro excelente para comprender la vida. También van en esa línea testimonial, las experiencias de lo que vi y viví personalmente por muchos años en los bateyes de mi amada República Dominicana.

L – Todas esas experiencias personales y lecturas, estamparon en mi mente, imágenes dantescas que nunca he podido borrar. Es por ello, que cuando leo los libros que tratan sobre la esclavitud a que durante más un siglo han sometido los barones del azúcar a los braceros dominicanos y haitianos, fibras muy íntimas de mi ser se activan para de algún modo pedirle a Dios justicia y clemencia para esos hombres explotados e irrespetados en su dignidad. Pero mi acción no se limita solo a rezar y a pedir a Dios justicia y misericordia y que acabe con estas abominaciones, sino, que también siento la necesidad de hacer algo para conjurar tales bestialidades. Ante la realidad de no poder hacer mucho para la solución, entonces, escribo para desahogar en algo la carga de sentimientos e indignación que me invaden; pero también escribo, porque está probado, que las denuncias y críticas son armas poderosas de combate contra las ignominias que cometen ciertos los hombres y clases sociales que disfrutan de poder y fortunas inconmensurables en esta tierra digna de mejor suerte, si no hubiese tanta angurria.

M – En este contexto, tres puntos me llevan a confrontar al obispo Francisco Ozoria Acosta. Ellos son: primero, su nombramiento como Mayor General del ejército dominicano. Segundo: sus sermones de reproche a quienes “dañan a las personas en sus derechos y su dignidad”. Tercero, su protagonismo como uno de los buenos de la película, pero que los testimonios del sacerdote ingles revelan todo lo contrario.

N – Con las tres proposiciones precedentes, no puedo crear un silogismo, pues sus premisas no son concordantes, sino contradictorias. No asimilo, como un vicario de Cristo, puede ser Mayor General del ejército dominicano. Tampoco veo que su discurso religioso sea cónsono con la práctica del verdadero cristiano. Su reproche para quienes dañan a las personas en sus derechos y dignidad, contrastan con el rol que jugó frente a los cortadores de caña cuando era obispo en San Pedro de Macorís. En esa arquidiócesis, no defendió los derechos ni la dignidad de los cortadores de caña, sino, que se confabuló con los barones del azúcar, para que siguiera la explotación inmisericorde y las masacres a que eran sometidos aquellos infelices obreros en todos los ingenios del país.

O – Para que el amable lector tenga una idea de lo que hablo, más abajo expongo los hechos que dan fundamento al tema que trato en este ensayo. Principalmente me valgo de los libros ya aludidos – “Esclavos en el paraíso” y “El sacerdote inglés”, que dicho sea de paso, este último, después de estar en las librerías fue recogido y prohibida su reproducción, además, Carlos Agramonte, su autor, se vio obligado a salir del país para salvar su vida.

La otra humanidad del obispo Francisco Ozoria Acosta (1 de 6)

Nota: Este ensayo, tal como ya señalé, está apoyado en mis experiencias personales y en la lectura de varios miles de páginas, las cuales he reducido a unas cincuenta, por lo que me veo precisado a publicarlo en seis entregas. Hecha esta aclaración pasamos a inicio del mismo.

La horrorosa vida de los cortadores de caña en los bateyes

1 – Los bateyes son una demarcación del territorio dominicano donde los hombres y mujeres (niños y ancianos), que lo habitan, no tienen otra nacionalidad que la esclavitud. Ellos son habitantes de un territorio que se llama Ingenio, que constituye un Estado dentro de un Estado. En estos lugares no se aplican las leyes del Gobierno dominicano ni del haitiano. Los dos gobiernos se han puesto de acuerdo para dejar estos territorios al margen de la legalidad que ellos representan. El propio Gobierno dominicano tiene por excluido de sus leyes el territorio cañero e ingenios. Aquí no se aplican las leyes dominicanas ni haitianas, solo se aplican las leyes creadas por los dueños de los ingenios para esclavizar a su modo y conveniencia a los todos los cortadores de caña, sean haitianos o dominicanos.

2 – En estos bateyes no había servicios médicos, ni seguridad social, muchos menos un sistema que permitiese un contrato de trabajo, ni la registración de los nacidos, ni la observancia del más minino de los derechos humanos. Allí cualquier guarda campestre podía golpear y hasta matar a cualquiera de los braceros, sin que ello acarreara consecuencias penales.

3 – La desnutrición, el hambre, la sífilis, el sida, la tuberculosis, los parásitos intestinales, llagas de toda clase en la piel y decenas de afecciones más, así como toda clase de abusos e injusticias, era lo habitual y natural en aquellos bateyes. Cantidad de personas morían por falta de asistencia médica y por desnutrición, es decir por hambre.

4 – En los bateyes nadie tiene un documento de identidad. Eso es para que ninguno de los dos gobiernos tenga responsabilidad con el ciudadano. La vida que llevan en los barracones estos cortadores de caña, los convierte con el tiempo en bestias, en simple animales de trabajo, pero que al llegar a viejos, al no poder venderlos al matadero como carne, entonces, simplemente los dejan tirados sin sustento, para que mueran de hambre e inanición en el miserable barracón. Para colmo de males, a estos obreros le pagan un bajísimo estipendio por tonelada de caña cortada; pero además, le roban en el pesaje de la caña. Tampoco le pagan su magro salario en efectivo, sino en vales, con los cuales compran sus pocos alimentos en la pulpería local propiedad de los dueños del ingenio, donde de nuevo, también le roban con una balanza calibrada para robar, y donde también, para otro robo, le hacen un descuento del 20%, del valor del vale, pretextando un pago operativo, porque la compra no se hace en efectivo.

5 – El sistema esclavista instalado en los bateyes del ingenio Hermanos Colon, ha sido peor que los sistemas esclavistas de antaño. En el régimen de la esclavitud antigua, los esclavistas tenían responsabilidad para con los esclavos; Tenían que darles alimentos, techos y vestimenta. Se debe recordar, que en el régimen esclavista, aun en la colonia, es decir, a partir de 1492, los esclavos tenían derechos. La relación de esclavos y esclavistas era tan cercana que muchos esclavistas tuvieron muchos hijos con esclavas. Era una relación con cierta armonía. Al contrario, el esclavo que vive en un batey del ingenio Hermanos Colon, es un animal tan desagradable para los amos, que ni siquiera desean conocerlo ni verlo nunca. Jamás se da caso de que un bateyano salude a uno de los amos o que toque su piel. Para el dueño del ingenio, eso sería indigno. Es decir, el régimen esclavista a que están sometidos los braceros del ingenio Hermanos Colon es peor que la más brutal esclavitud de los tiempos de la Roma de los Cesares, y la a precedente a Abraham Lincoln.

Para que el lector tenga una idea de la vida de esclavitud de que hablamos, procedo a transcribir de los libros “Esclavos en el Paraíso” y “El Sacerdote Ingles”, los relatos siguientes:

En el hospital de pueblo no se puede atender a los cortadores de caña

6 – En los bateyes mueren demasiadas personas por falta de atención primaria de salud. Por falta de una simple penicilina, se muere una persona. En los bateyes no hay un hospital y el que existe en el pueblo no atiende a los trabajadores cañeros. El hospital del pueblo está orientado a atender a los habitantes de la región que no sean cortadores de caña. Ni siquiera los casos de emergencia son atendidos. Son muchas las personas que mueren en sus camas por esta exclusión. El Gobierno de la República no asume a los cortadores como parte de sus responsabilidades sociales. El gobierno plantea que los dueños del ingenio Hermanos Colón, que son los dueños de toda la producción de caña de esta región, sean los responsables de la salud y del bienestar de los trabajadores. El Gobierno, de alguna manera, asume que estos territorios no pertenecen a la República Dominicana, sino a la República del ingenio Hermanos Colón. Los cortadores de caña son propiedad del Ingenio y ellos son los responsables de todo.

Los caserones de los barracones y modo de vida de los braseros en ellos

7 – Los caseríos de los barracones son enormes hileras de miserables viviendas. Algunos están a punto de caerse por su propio peso y por los años de construidos. El sol abrasador obligaba a salir de las casuchas a las mujeres, a los niños y a los hombres para guarecerse debajo de algún árbol que le diera una sombra fresca. Durante el día no se podía permanecer dentro de esas casuchas debido al calor y a que no tenían ventilación y porque no cabían las personas paradas.

8 – Grupos de niños, descalzos, cubiertos de harapos, semidesnudos con grandes barrigas llenas de lombrices, jugaban en el puro lodo, mientras sus madres intentan encender un fogón con leñas mojadas. Estas son versiones surrealistas de casas de una sola habitación de tres metros de largo por tres metros de ancho. Aquí, en estas casuchas sin ventilación, con olor nauseabundo, con pisos de tierra, sin electricidad, sin agua, sin letrina, sin cocina, sobrevive esta gente. En las noches se alumbran con lámparas de gas, que fabrican con una botella o un jarro de aluminio. La defecación, la hacen a cielo abierto en el cañaveral que rodeaba las casuchas. Había una sola fuente para obtener agua. Era una llave que soltaba el líquido dos veces por semana. Las mujeres o quien fuere, cocinaban en medio del sol. Por otro lado, la habitación era tan pequeña, que sólo cabía una cama, que muchas veces tenía por colchón de trapos viejos y cartones sucios, donde dormía una familia de hasta diez miembros. Aquí se ven cuadros inverosímiles de gente en miseria y abandono que conforman un espectáculo sobrecogedor y aberrante. En estos bateyes los niños se mueren por disentería y por desnutrición. La mayoría de ellos no conoce la leche, ni los huevos, ni otra fuente de proteína. Y los mayores mueren de hambre y por cualquier enfermedad curable con medicamentos simples.

9 – En estos bateyes, los guardacampestres imponían el terror en el todo el caserío. Ellos eran dueños de la vida de cualquier cortador de caña. Tenían como misión fundamental la de no dejar salir a nadie del perímetro del batey, y de llevarlos todas las madrugadas hasta los campos de cañas que estaban de corte. El terror era tal, que cuando llegaban estos hombres con las gorras que tenían las siglas IHC (Ingenio Hermanos Colon), todo el batey se recogía. El terror era absoluto. Si atrapaban a un bateyano tratando de salir del batey, lo apaleaban y lo amarraban a un árbol en un paraje lejano, a sol y agua, por algunos días. Esos son a los que mejores les iba; porque los demás eran simplemente asesinados y enterrados en los cementerios clandestinos.

Para que el lector tenga una idea del infierno de que hablo, transcribo de los libros “Esclavos en el Paraíso” y “El Sacerdote Ingles”, los relatos siguientes”

La muerte de Marta

10 – Marta, flaca hasta el hueso, desnutrida y llena de llagas, permanecía acostada en un sucio camastro. Tenía una espantosa llaga de enormes dimensiones en la zona sacra, donde había desaparecido toda la masa muscular. Era un auténtico hoyo que tenía. Se le veían claramente diez centímetros de la columna vertebral. Era espeluznante la visión del horror. Era literalmente espantoso. Ella tenía unas marcas largas y ensangrentadas en los pies y en las espinillas. Las ratas, de noche la se comían. Ya no se podía hacer nada para salvar a Marta. Ella en pocos días Murió.

La muerte de Margot

11a – —¿Está Margot en la casa? —preguntó desde afuera el sacerdote ingles a la niña que lo miraba con sus inocentes e infantiles ojos grandes. —Ella está acostada. Ella no se ha muerto —dijo la pequeña infanta bateyana con su vocecita infantil. Era una niña de doce años que tenía el desarrollo de una niña de seis años. Era la única hija de Margot. Su marido, hacia cierto tiempo se había enfermado de disentería y no se le quitó hasta que se murió. A Margot se le habían muerto siete hijos antes de haber cumplido el primer año de nacidos. Ella decía que no tenía suerte para los hijos. Después de la muerte del marido, tuvo que cortar caña durante el día, y trabajar en un burdel en la noche para poderse mantener en el batey.

11b – —¿Quién es? —se escuchó una voz débil preguntar desde el interior. El sacerdote reconoció la voz y se estremeció al sentir la debilidad.

El sonido era bajo y quebrajoso. —¡Es el padre, mamá! —respondió la niña.

Soy el padre Christopher. Margot, he venido a visitarla. —Dile que pase —ordenó la voz que parecía apagarse.

El padre Christopher observó a la enferma y sólo atinó a santiguarse. Margot era una mujer de menos de cuarenta años; pero parecía que tenía más de sesenta. Su rostro demacrado y su cuerpo tirado en el miserable camastro deteriorado, que tenía como cama, enflaquecido hasta el límite, parecía una víctima de los campos de concentración nazi.

—Padrecito viene a rezar por mí —dijo en la penumbra aquella mujer que estaba tendida en el mugriento camastro.

11c – El doctor Robert intentó cubrirse la nariz por el mal olor que salía de la miserable habitación. No lo hizo: prefirió soportar aquel nauseabundo olor sin denigrar a la mujer que parecía emitir sus últimos sonidos. «No puede ser que esto suceda en pleno siglo XXI», se dijo Robert para sí.

Sor Margaret, que hacía de enfermera, intentó cambiarle el vestido. No pudo. El mugriento camastro y el vestido que tenía puesto Margot estaban atestados de materias fecales. Margot tenía una diarrea que la consumía. Con la ayuda de Martín Almonte (el chofer de confianza del padre Christopher y usando un galón de agua que tenían en el vehículo, lograron limpiar a la enferma, para poderla trasladar.

12 – Las vicisitudes de los bateyanos en tiempo del Ciclón George

Se cuenta en el libro “Esclavos en el Paraíso”, que después del ciclón George, el cual arrasó con todos los barrancones dejando a sus moradores y sus escasas pertenencias en una intemperie de lodo, que nadie de los ingenios del CEA ni de los Hermanos Colón se interesó por la suerte de esa gente. Ninguno de ellos fue por allí, a llevarle a esa gente una libra de arroz, ni un galón de agua, mucho menos un medicamento. Imagínese usted amigo lector el drama de aquellas personas en esas circunstancias: niños recién nacidos, ancianos, jóvenes, mujeres y hombres en esa intemperie de lodo, sin agua, sin luz, sin comida, sin un camastro para dormir y sin dinero para comprar lo más mínimo para la supervivencia. Posteriormente fueron muchos los que murieron (mujeres, hombres y niños) por disentería y hambre.

Con Dios delante, continuaremos la próxima semana.

New York, NY 11/10/2020