El azar de un extranjero

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“ El que se porta gentil y cortésmente con los extranjeros, demuestra ser ciudadano del mundo.”

Sir. Francis Bacón.
( 1561- 1626)

Por: Lucy Angélica García Chica

Hoy quiero compartir una experiencia personal, que me dejó una reflexión maravillosa y un aprendizaje de mucho valor para mi vida.
Tenía 23 años y en aquella época yo no había estudiado con ningún líder religioso aún, sobre ninguna religión, mis padres eran creyentes católicos y lo que yo sabía era que teníamos que cumplir 10 mandamientos.

Un día después de despedirme de mi comunidad donde trabajaba como docente en la zona rural, emprendí mi viaje de regreso a casa (5 horas) para pasar mis vacaciones de invierno.

Compré mi tiket para el autobús, y al subir al mismo para encontrar mi lugar donde sentarme, (asiento # 3) unos ojos azules mi miraban con mucha atención, ( bueno me incomodé un poco y disimulé desde luego, ) me senté en mi lugar y entablé conversación con la otra persona junto a mí, otra docente que también iba de vacaciones.

El caballero en mención, estaba detrás del asiento de mi acompañante y parecía que estaba muy atento a nuestra conversación. Después de 2 horas y media de viaje, mi amiga se quedó en su ciudad, y su asiento quedó vacío, lo que aprovechó el caballero en mención para pedirme permiso y ocuparlo, ( en inglés) asentí con mi cabeza y continuamos el viaje; cerré mis ojos en procura de dormir, ( en realidad estaba un poco nerviosa con esa mirada azul ). De pronto el autobús se detuvo y él me preguntó, adónde iba yo, le dije que a una ciudad cerca del mar, con júbilo me dijo: ¡ Ooh. Wonderfull !Sonreí como diciendo. ¡ Yes! Conversamos a medias, y lo noté muy impaciente.

Cuando arribamos al terminal terrestre, yo llamé un taxi para dirigirme al centro de la ciudad, lo noté a él con una sensación de estar perdido, en ese momento recordé algo que había aprendido en las escrituras, en el libro de Levítico (19:33-34) del Antiguo Testamento. ” Dios dispuso una regla a seguir por todos los israelitas, que es realmente reveladora, “Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto ”.

Tomando muy en cuenta este precepto y mi sentido de solidaridad, le permití subir al taxi y dejarlo en el hotel 5 estrellas de la ciudad. Obviamente el recepcionista hablaba inglés y español y nos sirvió de traductor.

Él me expresó su agradecimiento, y nos presentamos. Esta pequeña bahía era un lugar turístico conocido internacionalmente, él era un ciudadano canadiense que estaba dando la vuelta por todo el continente americano. Solicitó mi número telefónico y me pidió si podía ser su guía turística en esa parte del país, nos despedimos, regresé al taxi y al subir a mi casa, timbró el teléfono convencional,
era él.

Al día siguiente muy temprano, empezó mi recorrido como guía por varios lugares de la pequeña ciudad, la casa de la Cultura, la Iglesia, el mirador, la playa. Etc.
El caballero en mención me parecía muy buena persona, en lo poco que podíamos entendernos por el idioma, me daba seguridad, era simpático, gentil y divertido.

Pero, ¿ Cuál fue ese aprendizaje que hasta este momento recuerdo ?

Y es que no tenemos que desconfiar de todo el mundo, que no necesariamente tenemos que ser religiosos para ser buenas personas, este caballero era Ateo, y sin embargo yo podía ver cierto sentimiento de humildad en su postura, le gustaban los niños, y sonreía a todo el mundo con humildad. Su manera de mirarme, con sus brillantes ojos azules, me traducía un sentimiento de felicidad, gratitud y algo más que no pude entender.

Yo creo que nuestra actitud sincera en la vida cotidiana ante el mundo, es una forma tan espontánea como gestionamos nuestro paso por esta vida, encontrando resonancia en personas positivas, creando circunstancias de armonía con el entorno, pero por sobre todo, proyectando nuestra esencia más pura como ser humano en conquista de la felicidad.

Educadora y Poetisa.