Nicolás Calderón y los Viajes del Emilio (1 de varios)

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Por Carlos Díaz Picasso

Como había manifestado en escritos anteriores, hablar de lo que representa la figura del Profesor Nicolás para nuestros barrio, nos tomaría varios tomos de libros, yo, desde mi memoria, a través de estas notas tratare de compartir con ustedes algunos recuerdos.

Los viajes del Emilio, es el título que he seleccionado para describir los paseos y giras que se organizaron y realizaron desde nuestro colegio, los cuales para mí y sé que para todos son inolvidables.

Dr. Carlos Diaz Picasso, Director General de El Sol de Las Américas

Los paseos eran realizados básicamente para los niveles iniciales y medios y eran en la ciudad capital, entre los destinos estaban el Parque Infantil, el Jardín Botánico y el Zoológico Nacional, Mientras que; las giras eran para los niveles medios y superior, siendo los destinos tales como playas y ríos del interior del país. Aunque he definido a cuales niveles estaban dirigidos tanto los paseos como las giras a ambas excursiones asistían estudiantes de todos los niveles.

El Parque Infantil, ubicado en la época en la avenida Alma Mater, en la actualidad se encuentra el Conservatorio Nacional de Música, la llegada a dicho centro de recreación de por si era un jubilo, un gran estacionamiento con notables arboles de la especie Bambú era el escenario en cuestión, una entrada con varias boleterías y puertas giratorias de barrotes redondos de metal nos daban el acceso. Una vez dentro empezaba la diversión, como locos corríamos hacia cada una de las atracciones, nos disponíamos a comprar el pase para disfrutar esa aventura, entre las más preferidas puedo señalar la alfombra mágica, la estrella, los carritos chocones, la casa del terror y para los más grandes la pista de gokarts.

Una vez se nos agotaban los recursos, con los pocos dineros existentes comprábamos palomitas de maíz y algodón, para luego recorrer las pequeñas calles del lugar en donde, aunque no lo viví, se decía que funcionaba el zoológico viejo y como prueba de ello, aún quedaba en el lugar un viejo elefante y el famoso mono buche, los cuales para nosotros eran parte de los atractivos, ya al final, nos dirigíamos a las Cuevas de Santa Ana en donde había varios pasadizos que atravesábamos de un lugar a otro haciendo volar nuestra imaginación a la época taina.

Entrada la tarde, nos íbamos agrupando para abordar la guagua que nos traería de vuelta al barrio.

El Jardín Botánico, sitio que nos mostraba la variedad de flora nacional y foránea, con amplios ambientes decorados a manera de jardines, bosques y microclimas. Con el tiempo fue que entendí la importancia de este destino, siendo chico era solo un espacio inmenso, un hermoso parque para jugar.
En el lugar teníamos dos opciones, abordar el tren para hacer el recorrido o hacerlo a pie, por lo regular elegíamos el de caminar, era más divertido.

Los ambientes más destacados eran un reloj jardín inmenso, el Jardín japonés, unas fuentes de agua ubicadas en la explanada principal, el orquideario, los caminos tipo bosques en los cuales podíamos apreciar un pequeño rio que luego descubrimos era una cañada que arrastraba aguas residuales y pluviales de los sectores de la zona, pero lo más entretenido era un pequeño lago en el cual alquilaban botes a remos, eso sí que era genial.

El Parque Zoológico, al igual que los demás paseos, desde el día anterior no podíamos dormir soñando con lo que nos íbamos a encontrar, una vez en el lugar, la idealización empezaba a tomar formas reales.

En el Zoológico sí que había espacio para caminar hasta el cansancio, nos tomaba todo el día recorrer la grandeza del parque, pero lo recorríamos, terminábamos medios exhausto, pero lo recorríamos.

En la explanada principal había un espacio en donde se visualizaban gran cantidad de flamencos así como caimanes y cocodrilos, sobre estos reptiles debo señalar que se mantenía inmóviles, nos robaban la atención por varios minutos de nuestro tiempo a la espera de que hicieran movimientos, una vez logrado procedíamos a adentrarnos en lo que para nosotros sería la gran aventura de selvas y llanuras africanas.

Los Tigres y Leones eran dos especies que la mayoría procurábamos, en su búsqueda nos encontrábamos con especies animales que nos cautivaban y robaban nuestra atención, la solidez de los rinocerontes, la grandeza del hipopótamo, los rayados blanquinegros de las cebras, la hidalguez de las jirafas, el ambiente de los avestruces, la pajarera aunque no veíamos los pájaros, el serpentario entre otros.

El Museo del Hombre Dominicano, el Museo de Arte Moderno, la Biblioteca Nacional y el Parque Mirador Sur eran otros destinos para hacer los paseos.

El traslado en una guagua grandota era parte de la emoción, me atrevo a decir que en la guagua era que más se gozaba, con gritar a todo pulmón frases como “Chofer seguro a la guagua dale duro” así como también “Chofer valiente a la guagua a 120” era una experiencia imborrable, pero lo más alucinante era cuando al momento de llegar al parque o al barrio todos gritábamos “Llegamos, llegamos, llegamos”

Yo construyo este artículo desde mis recuerdos, pero todos tenemos nuestros propios bellos recuerdos.

En próxima entrega, escribiré sobre las giras del Emilio.

El autor es odontólogo, político dirigente deportivo y líder comunitario