Un consejo de mi profesora de segundo que cambió mi vida

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Por Darío Nin

Soy uno de los que no conoció a sus padres vivir juntos, cuando desperté a la conciencia mi madre trabajaba en la capital (trabajo doméstico) y mi padre vivía en el Limón de Jimaní era el guía espiritual y alcalde pedáneo del lugar.

Mi conciencia se despertó, entre el camino de la vivienda de mis abuelos maternos y mi tía Elsa (su hija), que era una especie en cuanto a solidaridad de madre Teresa de Calcuta. Estoy hablando de mi pueblo natal Mella en el profundo Sur de la República Dominicana.

Repetí el primer curso, pues iba un día a la escuela y dos no. No me gustaba la escuela para nada, no le encontraba sentido.
Mi amigo y casi hermano Rene Vargas, no me deja mentir, estábamos juntos en segundo curso, con la profesora que recuerdo con toda la ternura del mundo, pues a diferencia de otras, y que yo recuerde, no les gritaba a sus estudiantes, sino que los trataba con cariño. No terminé ni siquiera el segundo curso con ella, pero el tiempo que estuve bajo su guía y dirección en el curso, marcaría toda mi vida.

Sólo la recuerdo como “Belencita”, de tez blanca,” llenita”, con una ternura incomparable, pero que aun sintiendo eso por ella, no se me había despertado el amor por la escuela.

Muy a menudo, aprovechaba la cercanía del recreo, pero antes que este sucediera, para acercarme a ella y decirle que me dolía la cabeza y que no me sentía bien, por lo que quería irme a mi “rancho” (casa de palma y madera en no buenas condiciones) ella me escuchaba y me complacía haciéndome creer que me creía.

Sin embargo, como por arte de magia “el dolor de cabeza” tan pronto recibía el permiso y al ver unas arenas cercanas a la casa de “China “(La madre de Rene), se me olvidaba el motivo de mi asueto y me ponía a jugar con la arena dejando volar mi imaginación de mi viaje rumbo al norte, mucho más allá de unas palmas y unas lomas que se veían a la distancia, rumbo a donde vivía mi madre. (la Capital.) Me imaginaba el camino súper agradable y la felicidad que experimentaría al vivir con mi madre.

“Profe, “Benenin” (en el campo me dicen Beni y mi apellido es nin) le está hablando mentira, dice que le duele la cabeza, pero desde que sale se queda jugando en la arena de mi casa”. Ya saben quién le contaba eso a mí profesora.

Un día Rene no tuvo que contar más, ella me sorprendió justo en el lugar, pero no jugaba, creo que me dirigía en el camino obligado, de la vivienda de mis abuelos a la casa de mi tía Elsa (mismas inmediaciones). Me llama, se detiene un instante conmigo y me dio un consejo sin regaño que se sembraría en mí, para el resto de mi vida.

¡Darío, mira donde viven tus abuelos! ¿Te gustaría ser tan pobres como ellos? Luego la fórmula, sólo estudiando saldrás de la pobreza.
No creo que el consejo haya hecho efecto como varita mágica, pero se quedó conmigo y cada día, con cada vicisitud transitada, llegaba a mi conciencia y me trabajaba, hasta que se instauró de tal manera; que ya era parte de mi estructura de pensamiento, “si estudio salgo de pobre” “esto no será para siempre si estudio”. Convencido llegué a ser uno de los estudiantes más sobresalientes desde el cuarto curso hasta los últimos estudios. Tres profesiones en mi haber, una maestria y una especialidad y escucho la voz de un doctorado llamándome cada día.

¡Caray Belén, que hiciste conmigo!, Te lo digo con doble lágrimas en los ojos.! ¡Qué consejo me diste! ¡Qué buena maestra fuiste! En el poco tiempo que pasamos juntos sembraste la semilla de mostaza que creció hasta convertirse en árbol en donde las aves hacen nido.
Tu consejo se ha multiplicado en mi vida, lo he reproducido miles de veces con otros, con mis estudiantes, con mis hermanos, con mis hijos, en mis talleres, en mis seminarios, en mis conversaciones.

Te he buscado tanto para decirte lo eficaz de tu sugerencia a un niño con apenas ocho años y hoy coqueteando con la vejez lo tengo más claro que nunca. Te he buscado antes de que existieran las redes, y después de estas, pero no te he hallado.

Recientemente llame a mi compueblano Máximo Mancebo que es de su mismo paraje “ Los pasos” de Mella de Los Yesos según le decían éstos y le imploré que me ayude a localizar a la profesora porque supongo que la pandemia en que vivimos me ha apresurado un poco , no quería correr el riesgo de irme o que se vaya ella, sin que le dé las gracias personalmente por el gran consejo recibido de ella cuando apenas era un niño.

Máximo me escribe por Whatsap una nota en respuesta a la encomienda: “Buenas noches hermano Darío. Hice la gestión de tratar de comunicarme con Belencita. Me comunique con una persona que vive en Barahona, me informó la lamentable noticia de que Ella está afectada de problemas de alzheimer. Me dice esa persona que me dio la información de Belencita no conoce a nadie,”
Mi corazón entristeció y le respondo: Un testimonio sobre un consejo que cambió mi vida. De eso quería hablar con ella, pero lo ofreceré al grupo y escribiré un artículo.

Me reafirma: “Lamento mucho la triste noticia, de que Ella se encuentre en ése estado. Cuando este servidor era un niño y aún un mozalbete, Belencita me adoraba. Siempre me iba a su casa a dialogar con Ella. Ya Ella siendo profesora en la escuela de Mella. Dejé de verla cuándo se casó con un señor que tenía una tienda de electrodomésticos en Barahona, que se llamaba Julio Guzmán. También, hoy supe que ése señor falleció. No lo sabía”
Aún vive, si el Dios en que creo me da la oportunidad, iré a verla y aunque hoy, ella no sepa quién soy yo, le comunicaré lo que hizo en mi vida, tanto para ella como para los suyos, porque repito, aunque ella no sepa quien soy yo, yo sé quien es ella y lo que significó un trocito de su vida en toda la mía.

¡Gracias maestra! Muchos maestros hoy, que han pasado por mis manos se han llevado sembrado la misma semilla de mostaza que dejaste caer en mi tierra. Gracias…
Hasta la próxima Darío Nin