Vivir un día a la vez y nada más

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Por: Carlos Martinez Marquez

’Elige un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar un día en tu vida’’. Confucio

Me resulta siempre placentero salir una mañana cualquiera a lavar mi carro; hacia tanto que no lo llevaba al car wash desde el inicio de cuarentena en el mes de Marzo. La inclemencia del tiempo lo convirtió en una simple metáfora…’’ lo que el virus del Covid-19 nos trajo, algo así, como lo que el viento se llevó’’, la otrora obra cinematográfica histórica y romántica estrenada en el 1939. Tras la espera mientras acicalaban mi auto, hacia una retrospectiva de aquellos años maravillosos que me tocaron vivir y los que jamás volvería a disfrutar.

El vendutero de a pies, el lechero de puerta a puerta, aquel carbonero que vagaba en carretas por toda la ciudad, con el sudor que emanaba de su frente y torso [hasta desembocar por los jarretes], como señal de un perenne trajinar| envuelto en avatares enunciando una simple resolución de lo que es llevar con orgullo la honra de un magnánimo proletario. El verdadero trabajo es aquel que trasciende a los hábitos del hombre de firmeza y amor a lo que hace sin importar su desempeño en la vida. No existe otro trabajo que aquel por el cual nos pagan y hacemos con placer.

La insurrección del 1965 tomo las calles del centro de la ciudad— que tras la invasión de infantería de marina de Norteamérica — y el olor característico de la pólvora esparcida en el ambiente, generaron días intensos, de ruidos y chillidos de metralletas. Tras el retiro de la armada norteamericana es cuando desde entonces| se abre una ventana a lo transcultural: el consumo paulatino de productos anglosajón, y la llegada al mundo del espectáculo por todo el continente, de uno de los mas pegados y sex simbol de la década, el Gales, Tom Jones, mi favorito al día de hoy. El entorno caribeño de los llamados ‘’hippies’’ no se resistieron a su encanto interpretativo, que con una voz rarísima de un barítono potente y exótica cautivó al mundo. Era la época de los tenis converse, escasamente veíamos calzarlos en jóvenes de la barriada. —es un riquito—mírenlo! — decían los demás.

Y al salir del lavado de carros, coincidencia de la vida, enciendo el radio y en ese instante sonaba la canción ‘’Young Girl’’ de Gary Pucket & The Union Gap; eso era una especie de mi imaginación conspirativa a lo que desde siempre me hacía levitar de niño. El recuerdo es como   puente que me lleva del presente al pasado y como átomos se esparcen aquellas imágenes que causaron en mi tanta alegría y esperanza cuando estuve rodeado de seres queridos que hoy no están entre nosotros. Esos años maravillosos eran de abundancia y fortuna, en aquel tiempo no se conocía el término ‘’prángana’’, la humildad no se trataba de la carencia de una familia, era mas bien, una suerte de asentamiento sistemático de lo que eran las buenas costumbres y la crianza. Aquello era un culto a la honra y a la bondad; era una especie de aquel macondo que describía el ‘’Gabo’’ en su opúsculo, cien años de soledad.

Para mí, todo aquello, era eso…un mundo de avatar, de coloridos y de fuente limpia en la que todo era posible sin mayores trastornos. La vida debe ser como la perciban los demás, pero no para los excesos, sino mas bien para sembrar en el diario vivir, una esperanza que deberá ser una constante en cada individuo que tenga para sí mismo sentido en su desempeño por su existencia.

El autor es articulista y escritor.