Nuestra nación

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Por José R. Núñez Corona

Hay dominicano en casi toda parte del mundo, en el extranjero he escuchado muchos comentario en nuestra contra, pero en cada lugar donde mora un dominicano, también mora un trozo de nuestra dignidad, de nuestra realidad, de nuestros sentimientos; yo soy dominicano y orgulloso me siento.

A pesar de ese orgullo, son muchas las veces que he tenido el gran deseo de migrar lejos de mi patria chica, porque siempre ha estado mal administrada (dijo el Dr. Balaguer en un discurso desde la oposición: “Nuestro país es un país rico, pobremente administrado”), pero resulta que el Dr. Balaguer mal administro el estado dominicano por más de un cuarto de siglo.

Al dictador Rafael Leónidas Trujillo, se le menciona como un excelente administrado del estado, y en cierta razón es verdad, pero no se puede ignorar que él administró el estado dominicano como si fuera una pulpería de entonces, creyendo que era de su propiedad, de hecho durante más de tres (3) décadas el país fue una finca de la familia Trujillo.

Por lo tanto no se puede considerar como un excelente administrador del estado, sino como un simple ladrón que se apropió de todo lo que no era de él por la fuerza, según algunos historiadores sus inicios fueron como un gran cuatrero (que se destacó delante de los ojos de los yanquis robando ganado y fue útil en su momento para ellos).

La mayoría de los dominicanos que viven en el extranjero, son en sí solo un hermoso ejemplo de que somos algo más que delincuencias, prostitución, vandalismo, tráfico de drogas y otros achaques que dicen que nos aqueja.

En realidad los dominicanos somos más que eso: trabajo duro, estudios, honestidad, esfuerzo y sobre todo somos una gran familia esparcida por todo el mundo que con sus remezas ha ayudado en el desarrollo de nuestra nación.

Balbuena me enseñó que en donde quiera que nos tiraren caemos parao, Félix Sánchez me susurro al oído (en los juegos olímpicos) que ni Speedy Gonzales corre más rápido que un dominicano con coraje, Juan Luis Guerra me vocifero desde una guagua que iba en reversa: ojala que llueva café en el campo, Manny Ramírez me escribió en un bate de la MLB que no importa lo que digan, nosotros le damos duro a pelota, y mi maestro y hermano Matías B. Reynoso me ha dicho muchas veces: loquito: tú siempre tienes un folder lleno de proyectos para ejecutar debajo del brazo (aunque la mayoría no los ejecutes, pero estas a la espera de una oportunidad).

¿Qué fue lo que hizo que los dominicanos fuéramos así?, yo diría: los duros golpes de las pésimas administraciones de los bienes del estado, sobre todo desde Trujillo para acá.

Dice la biblia: a los que aman a Dios todas las cosas le obran para bien, el pueblo dominicano es un pueblo creyente en Jehová Dios (no ignorante), yo lo soy, mi familia también, en mi barrio la mayoría lo son, la nación entera es creyente en Jehová, eso es una bendición por sí solo.

Recientemente vi un dato que me dejo perplejo: en los últimos 10 años, legalmente han partido de nuestra patria más de 500,000 dominicanos para residir en el extranjero. Y todo por la falta de oportunidades y la falta de transparencia por los administradores del estado (eso último lo digo yo).

Al dominicano en varias ocasiones se le ha matado las esperanzas de tener una nación fuerte y sana, y digna para todos, a tal punto que desde el discurso en la toma de posesión ya se sabe quién es más de lo mismo o viene un verdadero cambio. Aunque hasta ahora no lo hemos tenido.

Y como diría un rapero cualquiera: eso nos hace más fuertes y quizás POR ESO NOS TIRAN tanto y por toda parte. En definitiva el dominicano es así no porque quiere, sino que los malos políticos han hecho un molde especial para exiliarnos y luego chuparnos la sangre con las remesas. Pero no importa los dominicanos somos duros de matar, y vamos a sobrevivir a lo que venga. Espero que haya un hermoso cambio que nos transforme como nación y como individuos a cada uno en particular y jamás se vuelva a denigrar al ciudadano dominicano que anda por todo el mundo buscan una mejor vida. ¡Dios bendiga a la Republica Dominicana!