Nuestro nivel de conciencia, determina cómo apreciamos el mundo

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Por Lucy Angélica García Chica

Los seres humanos somos criaturas de hábitos; quizá hacemos algo hoy simplemente porque lo hicimos ayer, sin pensarlo mucho ni tener mucha conciencia. No obstante, cada parte de la Creación renace diariamente, no hay dos nubes iguales. no hay dos hojas de hierba que crezcan exactamente de la misma manera. Así pues, mientras nos acercamos a esa Fuerza Divina, se nos pide que veamos nuestra vida de la misma manera: que nos volvamos más conscientes de nuestros pensamientos, palabras y acciones; que luchemos por hacer de este mundo un lugar mejor gracias a que existimos; y que vivamos con la conciencia de que cada día es una nueva oportunidad para llevar Luz a los demás, ya sea que estén lejos o cerca.

Puede ser realmente difícil ver la Luz en todo, y encontrar lo bueno en todo lo que se cruza en nuestro camino; pero, aun así, esa es la tarea que tenemos que asumir mediante nuestro trabajo espiritual diariamente; creo que nos hemos comprometido a ser mejores, en esos momentos de angustia que hemos vivido, es lo primero que se nos ocurre, hacemos pactos desde lo más profundo de nuestro ser, buscando las lecciones en el dolor; porque es a través de estas experiencias cruciales, cuando miramos hacia arriba, y nos damos cuenta, que no estamos solos, y empezamos a mirar a otros y encontramos sus cualidades positivas en lugar de las negativas; vemos el vaso medio lleno en lugar de medio vacío.

En realidad no estamos aquí en este mundo para corregir nuestra ira o nuestro egoísmo, ni siquiera para corregir las palabras que hemos utilizado para herir a otras personas. Estas correcciones son importantes, pero nuestro verdadero propósito es alcanzar un estado en el que entendamos —en lo más profundo y sin cuestionar— que nuestro mundo y todo lo que hay en él está determinado por nuestra propia conciencia.

Una conciencia positiva es la que escoge ver la Luz en todo. Cuando utilizamos como herramienta el esfuerzo por ver positivamente cada circunstancia, sin duda hay una luz más brillante que nos permite visualizar positivamente el camino a seguir, intentando crecer desde dentro hacia afuera, y con pequeños actos cotidianos proyectar nuestro sentimiento de unidad, como parte fundamental de esa transformación positiva.

Creo que el milagro más grande es el Amor, porque es el eje de la unidad, es aquello que podemos compartir el uno con el otro; si tenemos eso, si podemos crear esa energía entre nosotros, podemos mover montañas.
Simplemente compartir con los demás y cuidarnos entre nosotros es milagroso. Cuando nos unimos en espíritu, podemos vernos a los ojos y sentir la profundidad de la belleza que existe en cada Ser.

La autora es Escritora y Poeta.