¡Un pueblo masoquista, o sin líderes políticos!

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Las cosas que se ven Dominicana “no tiene perdón de Dios”, como se dice popularmente, con principalía las provenientes de los sectores sociales hegemónicos gobernantes: políticos, y económicos poderosos.

Cada vez más, las burlas y desaprensiones alegres, que hacen blanco en el grueso de la población aquí, son mayores; mientras, la misma permanece como anestesiada, y conforme con que se le siga humillando, y golpeándole sin contemplación alguna. Es obvio que, no parece lucir dispuesta a emprender las acciones reivindicativas que desde hace tiempo se imponen en su favor.

La gran pregunta que de seguro asalta a cualquier observador independiente es: ¿será un pueblo masoquista, o, es que no dispone de reales, verdaderos líderes políticos, en capacidad de aglutinar, y encabezar movimientos liberadores del “yugo” a que se le viene sometiendo desde hace años?

Con facilidad se puede arribar a una conclusión mixta en ese sentido: ¡hay de las dos cosas, innegablemente! Porque, para aguantar tanto, sin que se haya producido en este país un ejemplificador estallido social, aun sin tener hombres selectos que los dirijan, tiene que haber una actitud masoquista interviniendo; ya que, hay otro refrán pueblerino que envuelve un mensaje muy cierto, el cual dice: “lo mucho hasta Dios lo ve”.

En segundo lugar, de que en esta República no hay liderazgo político alguno, de eso no cabe duda ninguna. ¡Lamentable, tener que decirlo!, por más alharacas y lambonismos que se escuchen alrededor de ciertos personajes públicos.

Se tienen más bien determinados individuos, que tratan de fungir como tales, pero que nada más son jefes de grupos que les hacen las “cohortes” y corifeos complementarios, para tratar de llegar al poder, todos, en busca de beneficios muy propios, desfalcando con regularidad el erario público de la nación.

La capacidad de aguante que tiene este pueblo asombra, e inquieta saber hasta cuándo será; y, si esperará por su depredación total, según es lo que se advierte; como, el que vengan los acreedores internacionales a llevarse el país en un barco grande, cuando no se les pueda pagar el gravoso endeudamiento que se habrá de acumular hasta entonces.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

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