La costumbre es ley

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’El placer es la flor que florece; el recuerdo es el perfume que perdura’’. Jean de Boufflers

Por: Carlos Martínez Márquez

Y era toda una tradición, que en medio de música antillana, sentados en la mesa, tras sonar la sirena del cuerpo de bomberos, de la avenida Mella, iniciábamos con ‘’cita con el viajero mundial’’, cada bocado del sazón de mi madre, tenía ingredientes con sabor cubano y con las melodías de los artistas que representaron por muchos años y décadas, la sonora matancera.

Yo, un gran aventajado de aquella época, que desde pequeño, escuchaba todo lo que mi padre sintonizaba en la radio, cuando solo disponíamos de frecuencias de ondas hertzianas en amplitud modulada; la alta fidelidad de los sonidos de aquel tiempo, no se destacaba en ese entonces. La década de los sesenta fue la época de oro, eran otros tiempos; disfrute mi niñez con mucha alegría, y gozaba del afecto y cariño de toda la familia. Eran tiempos donde la fraternidad de los amigos, de los vecinos y los más cercanos a la familia tenían otro concepto de lo que era la solidaridad; vi eso desde que tenía definido el uso de mis facultades racionales. No he olvidado nada de aquella época…solo me faltaba decirlo con palabras cuando no podía articularlas, por ser tan mozalbete y tímido a la vez; los recuerdos no me traicionan, y por eso agradezco ser la persona que hoy día soy, sin diezmar por fortuna, mis sentimientos y el respeto que tengo hacia los demás.

Al caer la noche, mi hermana fifa, (en pijamas), listos para caer rendidos y al día siguiente para la faena escolar; en piernas de mi padre, solía escuchar las canciones de ‘’serenata continental’’, con cien canciones y un millón de recuerdos. Eso era toque de queda, toda la noche. Al día siguiente, al despertar, ya el príncipe encendía la radio, con canciones madrugadoras de música borinqueña, al ritmo del coquí; seguía la programación antes de irnos a la escuela, con danzones y luego la música ranchera. Guarachita era la radio que enriquecía las mañanas y el crepúsculo de la tarde con canciones de Pedro Infante, iniciando dicha programación con la música de preámbulo… ‘’te vengo a buscar’’. Late todavía en mi memoria y la hora justa que empezaba a sonar.

José Ramón Zapata, mi primo (Puyun), como (cariñosamente) todavía le llamamos; ferviente luchador y combatiente de la gesta de abril del 1965, convivio en el seno familiar por mucho tiempo antes de partir a los Estados Unidos, ha sido un icono querido por toda una generación y por demás, el prototipo revolucionario de pensamiento equilibrado y justo, respecto a lo que representa el sentimiento patriótico, de hombres que se mantuvieron en el anonimato, y que también, fue tan héroe como aquellos que forjaron una línea expedita de carácter libérrimo, y que a mí me da mucha satisfacción de emularlo, por asumir un comportamiento decente en esta sociedad. Yolanda, quien ya no está entre nosotros, ida a destiempo, y fue una prima querida y un ser extraordinario, excelente ciudadana en suelo americano, que por más de cincuenta años de residencia permanente, dignifico a la diáspora, exhibiendo un comportamiento intachable; ambos personajes y líderes en toda la familia, se disputaban, como niños en la mesa, la comida que mi padre dejaba. Esa costumbre se hizo un hábito de siempre y que luego paso esa tradición a mi hermana y yo. Nos peleábamos cada vez que se paraba de la mesa: ___ yo la vi primero____ ¡no, yo fui quien la vio, primero! Todo duro hasta que un día, mi padre se paró de la mesa, a tomar agua a la nevera, y al regresar me encontró ya sentado en su lugar, cuando aún no había terminado de almorzar, sentí profunda vergüenza. Deje que mi hermana menor se encargara de heredar el bocado que siempre dejaba como de costumbre. La música de aquel tiempo me coloca en los episodios  memorables del momento. Donde quiera que estés, padre, te llevo en mi memoria. La música es la que nos une todo el tiempo. Aprendí a disfrutar de la música de antes, porque sin proponérmelo, me contagiaste por lo romántico y lo popular de la época. Gracias por los tantos recuerdos.

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