La autenticidad de sonreír siempre, es rendir tributo a nuestra existencia

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‘’Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se enamore de tu sonrisa’’. Gabriel García Márquez

Por: Carlos Martínez Márquez

Tras tomarme unas semanas de descanso, alejado de los medios e inmerso en la simpleza que la propia vida me provee… he abierto mis alas para viajar sobre arrecifes, caminos laberinticos y océanos cristalinos, que me permiten observar el fondo de las cosas y, que inexplicablemente nadie, estaría en condiciones  poder descifrar en cuanto a la naturaleza y su colorido.

Regreso con más energía que nunca, la catarsis me incuba y me envuelve en uno de los grandes tesoros que todo ser humano debe preservar (…) ‘’la sonrisa’’. Para mí, no existe mejor pegamento, porque a través de ella -me ha servido- acercarme al resto de las personas. Heredo de familia la sonrisa genuina y nada artificial, libre de aditivos. Exploto lo que mejor poseo y disfruto plenamente.

Creo haber sonreído tanto en la vida, que he perdido los guarismos, pero me ha servido para vivir mucho más tiempo de lo que me corresponde. Es un tema científico que se ha debatido en revistas y artículos a nivel académico. Me he librado de no ser parte de ese experticio, porque nací en el seno familiar, en que toda materia prima, es pura sonrisa.

Me encanta ejercitar la cara siempre: cuando se estiran los músculos faciales, se refleja un estado emocional autentico, porque forma parte de nuestra salud mental. La sonrisa, en mi opinión, es un elemento poderoso en la personalidad de las personas. En ella, podemos desafiar la longevidad y sobrepasar a la vez la expectativa de vida que ronda los 72,9 años que podemos alcanzar; no necesariamente la ecuación de sonreír nos asegura la longevidad, pero cuando uno es risueño, actúan otras emociones de fondo que coadyuvan a que aumente nuestra esperanza de vida.

Nada mejor que una sonrisa puede sustituirla cuando se expresa a través movimientos faciales, los emoticones, (siento) que no han podido reemplazarla en un cien por ciento. Me gusta siempre la espontaneidad, porque sale del alma, de nuestras vísceras etc. nada tiene que ver con ninguna cultura relacionada a la manera de sonreír porque es universal. La sonrisa genuina debe ir en consonancia con los ojos y la ausencia de esos dos elementos hace difícil que podamos fingirla.

Una sonrisa en cada ser humano debe ser la constante para todo tipo de emociones: la amargura o la tristeza, la melancolía o la depresión erosionan esa cualidad de explayar nuestros labios de cara al sol. Me encanta sonreír todo el tiempo y es porque cuando lo hago, revelo a los demás, que nada nos cuesta, a pesar de las contrariedades y tribulaciones que embargue nuestro estado emocional. La sonrisa fortalece el espíritu y me hace el día. No pienso en nada más en ocasiones de tiempo libre, que combinarla, con buena música y una exquisita copa de vino y un trozo de queso de leche de cabra. Rindo tributo a lo más elemental del ser humano, incluso, desde antes de nacer, por poseer la gracia divina de sonreír.

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