Sin impunidad, no habría delincuencia ni criminalidad en Dominicana

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“No hay efecto sin causa”, reza una frase muy verídica. Y, es la que se debe tratar de identificar con exactitud, cuando en realidad se tenga la intención de resolver cualquier problema, ya sea de índole personal, o grupal, que se esté confrontando.

Desde hace un tiempo considerable la sociedad dominicana viene siendo abatida por el flagelo combinado de la delincuencia y la criminalidad grosera, que en los últimos meses ha alcanzado niveles alarmantes, y que tiene a la gente en el país al borde de la desesperación; con temor hasta de sentarse en la puerta frontal de su vivienda; y transitar por las calles y avenidas de sus ciudades, mucho menos, en horas nocturnas.

Los antisociales deambulan por diversos sectores locales, siempre al acecho de las eventuales víctimas a presentarse, que denoten posibilidades económicas, o que sean portadoras de valiosas prendas; cuando no, de computadoras, o celulares al último guay de la moda. No importa que sea gente de a pie, o bien montada, en vehículos que llamen la atención claro está, y del que también se le pueda despojar sin problema alguno.

Muchos son los aspavientos o alharacas sobre medidas dizque de combate y prevención, emanados de las autoridades competentes, que se quedan solo a nivel de los encuentros en que son abordadas por reporteros noticiosos; como, de destacados titulares periodísticos a nivel de algunos medios de comunicación, que por lo regular se prestan al juego entretenedor, se entiende. Todo se queda a nivel bla, bla, bla, y al final nada positivo se consigue.

Cuando se han evidenciado ciertos aprestos combativos con verdadera objetividad, los inventos puestos en práctica han fracasado. Es posible, que con los mismos se haya logrado espantar un poco a los criminales concretos, como a los potenciales en desarrollo también, Pero, más temprano que tarde, esos vuelven de nuevo a su andanzas desaprensivas y malsanas, en contra de personas indefensas la mayoría de las veces

Ahora, otra vez, por disposición del superior gobierno, y debido a la presión social que recibe, vuelven al ruedo callejero nuestro, militares y policías, para actuar de manera conjunta, en pos de procurar combatir el brote de violencia delictiva que se ha venido verificando durante los últimos días a nivel local, y que ya resulta altamente preocupante para todos aquí. Sobran los titulares en primera plana de los rotativos nacionales, respecto de tal medida, dispuesta directamente por el señor presidente de la República. ¡Luce que la buena intención está!

No obstante, de nuevo, fracasar en el intento se hace más que previsible. ¿Por qué? Es una disposición que se advierte tomada, al margen total de la verdadera causal considerada como la madre innegable de la delincuencia y la criminalidad presente, entre los dominicanos, desde hace más de una década, pero que ahora han repuntado con furor: la IMPUNIDAD que se da en el país, a todos los niveles, comenzando por los mayores estratos políticos y sociales regentes.

Claro, le fortalecen otros factores, o circunstancias de carácter degenerativo social adyacente , que se promueven y se inducen desde esos mismos sectores gravitantes, en busca de anestesiar a la juventud, principalmente, que se supone siempre combativa, por los legados perjudiciales a recibir, como   enfrentar después; cambiarle a esa la manera de pensar; y, así poder   beneficiarse más aun de la propensión hacia las permisividades delictuosas, los “encorbatados y ensacados” turpenes desaprensivos, e intocables, que se gastan desde hace años los dominicanos. Se crean las condiciones para los “narigoneos” de estilo, y la apatía ciudadana necesaria.

Si arriba no hay nada punible, judicialmente hablando, a los de abajo, que vienen siendo golpeados de manera inmisericorde; que entienden están siendo burlados además por la autoridades de turno, como también lo hicieran  las anteriores, en términos impositivos, como de otra naturaleza, se les está alentando a delinquir; a formar parte de coctel doloso y criminal que caracteriza ya a un gran segmento de la sociedad dominicana, y dentro del cual se distingue, innegablemente, la clase política local, con excepciones muy mínimas a considerar.

Por lo expresado, es fácil arribar a la conclusión de que, el combate a la delincuencia y la criminalidad en el país no es asunto de estar lanzando guardias y policías a las calles, con los cuantiosos gastos relativos que eso implica, y ahuyentar a los antisociales, solo por un par de semanas, no más. Todo, tal es bien sabido, usando del dinero que se extrae de los bolsillos de la misma población afectada, a través de las gravosas cargas impositivas que se le aplican, no cabe duda.

Tales recursos financieros a invertir en ese amplio despliegue militar, y policial, bien pudieran ser usados para solventar necesidades sociales aquí, que se tornan más perentorias cada vez, tal es el caso de las asistencias médicas, y procedimentales, demandadas por la población empobrecida de la nación, a nivel de los destartalados hospitales públicos que se tienen localmente.

Según se publica en la prensa local, durante la presente gestión de gobierno se ha recurrido a dicha práctica en cinco ocasiones; y, es por séptima vez que ocurre durante las gestiones peledeístas. Total, ¿se ha logrado algo con anterioridad, en el sentido de combatir y prevenir esos males? ¡NADA! (Véase “Diario Libre”, del 5-7-18).

Los correctivos y prevención en ese orden, si en verdad hay voluntad gubernamental sentida de lograrlos, tienen que estar dirigidos hacia la conformación de un Poder Judicial, imparcial por completo, sin tintado político de color alguno; que haga honor a la “ceguera” que debe distinguir siempre a esa importante instancia estatal; y, cuya misión obligada sea, ¡juzgar con independencia mental absoluta a todo imputado! De ese modo, promover al mismo tiempo, valores positivos de convivencia social entre los habitantes locales, nacionales y extranjeros.

Todavía se pueden encontrar en Dominicana hombres con condiciones sobradas para tales menesteres; procurarles con decisión, para ofrecerles las posiciones correspondientes dentro del tren judicial nuestro, es lo que más procede, aun se tenga que lidiar fuertemente, y tratar de concienciar a los miembros de los sectores a quienes compete su selección, incluido el controversial Congreso de la República.

Si no se combate la impunidad local, desde los niveles todos en los que se debe hacer, judicialmente hablando, la delincuencia y criminalidad, continuarán in crescendo en todo el país, por más guardias y policías que patrullen sus calles y avenidas.  Tampoco surtirán mucho efecto, publicaciones alusivas realizadas, que más bien luzcan como entretenedoras.

En la reciente “intentona” preventiva, “Más de 2,800 detenidos en las primeras 48 horas del patrullaje conjunto”. (Periódico “Diario Libre”, del 7-7-18).  ¿Y qué? Parece ser, que de inmediato comenzaron a exhibirse los antisociales, para que los agarraran. ¡Tremendo titular!

Sobre lo que sí procede una profunda reflexión, y publicitar mensajes concienciadores es que: eso de que aquí, cualquiera pueda delinquir, corromperse, y hacer cuánto desee, sin posibles sanciones punitivas, por el hecho de estar cercano al poder político-social regente, básicamente, como es lo que de ordinario se estila en esta Tierra, tiene que desaparecer.

También, respecto de establecer controles efectivos sobre la dañosa penetración cultural que viene arropando a esta sociedad, destructora de valores, “anestesiadora”, y alienante pura, por supuesto, que impide reparar sobre los despropósitos tan perjudiciales de que está siendo objeto la República.

En ese sentido, no permitir que se induzca a la juventud, desde los diferentes medios de difusión disponibles, a adherirse a patrones extranjeros impropios, de esos que de ordinario se importan hacia esta nación, como productos enlatados cualesquiera.

De lo contrario, todas las iniciativas que se encaminen para combatir los flagelos sobre los que hemos venido tratando, que tanta preocupación están causando a la sociedad nacional, al margen de la causal principal subyacente aludida, innegable, la IMPUNIDAD, y demás circunstancias notables a su alrededor, resultarán infructuosos.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

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