¡Amarga realidad nacional!

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La salud poco les importa a los mandantes de turno en Dominicana. ¡Es un juicio innegable! Qué falta hacen los gobiernos, que se conduelan de sus pueblos; que no ignoren por completo después, a los conciudadanos respaldantes en los procesos electorales de los que surjan; a los que, obviamene, deben su ascenso al poder.

Eso, principalmente, en el sentido de que, se interesen siempre por hacer asequibles los alimentos y las medicinas que requiera la gente de su nación, para la preservación de la subsistencia física misma de aquella.

Qué jamás permitan rejuegos comerciales especulativos con ambos rubros, tan imprescindibles para todos, a nivel de los interventores necesarios en orden de lo que se trata; que no se inclinen por lesionar la salvaguarda siempre obligada, respecto del principal activo con que deben contar todo el tiempo los seres humanos: la salud.

Lo relativo que se puede apreciar entre los dominicanos, con relación al ejercicio de la medicina, en especial, es que se trata de un avieso y alarmante comercio, capitaneado por los hoy llamados empresarios de la salud (médicos), centros asistenciales diversos del ramo, clínicas famosas, centros de diagnósticos y especialidades, laboratorios, farmacias, ambulancia, ARS, etc., sin que las autoridades gubernamentales competentes nada les preocupe sobre el particular; se hagan de la vista gorda, como se dice popularmente, por lo que no resulta una osadía considerarles como cómplices solapadores a las claras, dentro del sector.

La verdad es que, cualquier ciudadano que de repente le sorprenda algún tipo de afección en su salud; o, que esté obligado a mantener tratamientos médicos continuos, si no dispone de los recursos económicos necesarios, suficientes para satisfacer las apetencias mercuriales de los seudo galenos, y de sus auxiliares; que no cuente con un seguro, o la mano amiga de un político local en campaña,  ¡se lo llevará el diablo!, frente a este mercado desaprensivo y explotador de los medicamentos prescritos, como los servicios asistenciales soportes (laboratorios y diagnósticos) que se requieran

Y, si la única alternativa que les queda a las personas es tener que recurrir a un hospital público en busca de ayuda, el desalentador panorama que en los mismos se observa les hará tornar más gris su panorama; y, hasta es muy posible, que sus males empeoren, por los sinsabores que se habrá de pasar en el seno de esas instituciones, como por las carencias observables allí, que de ordinario se verifican en todos los órdenes.

Y, mientras eso viene ocurriendo, los políticos del patio, en el gobierno, y la dizque oposición, nada más están enfocados en el proceso electoral del año 2020. Solo les interesa alcanzar la presidencia de la República; o, las curules congresuales, como senador o diputado de la nación; cuando no, una de las alcaldías existentes. Las posibles soluciones a los desastrosos males sociales presentes todos, están siendo diferidas en el tiempo; ¡qué esperen para después!  ¡Cuánta inconsciencia, mamacita!

¡Ay Trujillo, el “Jefe”, y la salud del pueblo! Muchos son capaces de negar hoy que había preocupación por esa en aquel entonces. Claro, reconocer tal loable actitud durante ese régimen, sería un pecado mortal en el presente, por las implicaciones que se infieren; entre ellas, acabar con los grandes negocios inherentes. Es obvio que, ¡no conviene al sector político-social regente!

Para comprobación, respecto de la aseveración anterior, qué les pregunten a todos aquellos que aún quedan vivos, y que en algún momento requirieron de los servicios médicos asistenciales públicos a la sazón.

De seguro, harían honor a la verdad; y, sintiéndose agradecidos, dirían sin temor: “no había desatención asociada alguna durante aquella administración, sin importar a la hora que fuera; ¡siempre aparecían los médicos requeridos, y los medicamentos necesarios!”.

“Tampoco, rebotes indecorosos de pacientes “descuartados”, en cualquier área operandi que fuera del sector salud en el país, como si los pobres no tuvieran derecho a nada, tal de ordinario es lo que hoy, lamentablemente, se concibe. ¿Quién se atrevía a negar en la “Era famosa” tales servicios? ¡Con facilidad iba a parar en una celda!”.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcsminemos.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

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