¡Una peor realidad fehaciente se tiene!

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Innúmeros males de consideración gravitan sobre la nación dominicana, cuyas soluciones en el corto y mediano plazo, sin ánimo de pesimismo alguno, lucen algo lejanas; y, todo   debido a los procederes impropios en que ha venido incurriendo el poder político-social imperante en el país durante las últimas dos décadas transcurridas, principalmente, sin esperanzas de enmiendas; algunas veces,  “ensombrillados” aquellos por los injerencismos externos atrevidos de estilo, que muy poca oposición  han encontrado a nivel local.

Los gobiernos que se han dado los dominicanos durante esos veinte años, aproximadamente, encabezados por politiqueros desaprensivos de nuevo cuño, quienes poca importancia han dado al interés nacional, y sí entreguistas de la soberanía del país a magnates extranjeros, por demás han resultado; como, enajenadores en adición de los bienes públicos en favor de acólitos individuales, y grupos empresariales patrocinadores de campañas electorales. ¡Fiascos por completo se les puede considerar!

Jamás han tenido esos mandates de los destinos nacionales, presentes y pasados, el freno de la contraparte congresual debida, convertida esa más bien, en caja de resonancia cómplice del Poder Ejecutivo; y, resultando aquellos, puros farsantes para cuántos ciudadanos en sus más altos representantes creyeran; en los que cifrarán esperanzas de bienestar y desarrollo poblacional. ¡Cuántas decepciones!

Ahora, todo eso, aunque bien malo, obviamente, no es lo peor a considerar por parte de muchos pensantes nacionales. Sí lo es, el gran vacío que se advierte respecto del futuro, en cuanto a la búsqueda, identificación, y confiabilidad de hombres que en verdad estén dispuestos a agarrar el toro por los cuernos, y darle el giro necesario a este país; que representen luces posibles aprovechables al final del túnel; que se puedan visualizar, en términos de aliento, sosiego, y forma de una eventual mejor vida para las presentes y futuras generaciones.

La verdad es que, no hay para dónde coger, como se dice popularmente; opciones ofertadas para ocupar la primera magistratura del Estado nacional, en la que se pueda confiar, para detener el tránsito hacia el “despeñadero” profundo al cual está siendo dirigida esta República por los poderes regentes.

Se marcharon las tres “J”: don Juan, Dr. Balaguer, como el Dr. Peña Gómez, y el país se quedó sin liderazgo político alguno; acéfalo de hombres, capaces de timonear la nave dominicana, por aguas reproductoras de paz y bienestar para sus ocupantes. Solo nos quedamos nada más, con personajes muy cuestionados dentro de ese ruedo, jefes de grupos partidaristas, todos ávidos de riquezas y poder avasallante.

La verdad es que, “nadie sabe lo que tiene, hasta que no lo pierde”. Se fueron los tres verdaderos líderes nacionales. ¿Y, qué falta han hecho? ¡Comprobado aquí de nuevo está, el mensaje que envuelve el refrán popular citado!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

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