El “bobo” del crecimiento económico en Dominicana. (Posverdad)

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¡Tremendo chupete!, para los de poca capacidad pensante entre los nacionales de este país,  hablándoles en el marco del neoliberalismo capitalista impuesto, discriminatorio de las clases sociales, vejatorio, y hasta avasallante por demás, que encuentra suficiente caldo de cultivo en los países tercermundistas como el nuestro, principalmente, debido a que su gente luce como anestesiada; nada le mueve a procurar las reivindicaciones debidas en su favor, limitándose siempre a creer cuánto se le dice.

Son aquellas naciones, que las han convertido en plazas para la colocación de los excedentes de capital de los ricos del mundo, que administran los organismos internacionales de financiamiento. Por tanto, hay que darles “salsa” a esos clientes potenciales, usando ese ardid, del crecimiento y mejoras económicas, a los fines de que sigan cogiendo cuartos prestados, sin reparo alguno, y así continuar condicionándoles, para poder seguir con los “narigoneos” injerencistas de estilo.

Si en Dominicana hay crecimiento económico, como viven cacareando esas entidades, que se entrometen en los asuntos económicos internos de cada país, verbigracia éste, con el coro cómplice de las autoridades monetarias locales, que se pavonean, y celebran como la gran hazaña lograda, determinado en base a los reales parámetros que prescriben las llamadas ciencias económicas, y que establecen lo que se expone a continuación, cabría preguntarse, ¿cuándo no lo hay?

(“El crecimiento económico es el aumento de la cantidad de trabajos que hay por metro cuadrado, la renta o el valor de bienes y servicios producidos por una economía. Habitualmente se mide en porcentaje de aumento del Producto Interno Bruto real, o PIB”. ¡Linda teoría! Fuente: red de la Internet).

Claro, sin que sean pinceladas las cifras en los lujosos despachos de estilo, se debe aclarar, aquellos tienen que ser revisados, reformulados, o enmendados, debido a las falsedades que en su conjunto arrojan los mismos de ordinario. En razón de esas determinantes prescritas, ¡hablar de tal condición en lo que respecta a Dominicana, resulta muy cuesta arriba!

Ese es un estado que, solamente se podría apreciar aquí a nivel de los sectores empresariales poderosos, y de los políticos gobernantes. Las precisiones aseverativas que de común se hacen en tal sentido, siempre están al margen de los propósitos esenciales de dicha disciplina, que incluiría como principal entre ellos, por deducción lógica, “el satisfacer excesivas necesidades sociales con recursos financieros insuficientes, a partir de la definición y aplicación de políticas apropiadas (distribución adecuada de recursos escasos)”.

Por eso, aquí el supuesto “bienestar”, que debería derivarse de la obtención señalada, no trasciende hacia la población en general; aunque se entiende, por simple deducción, en algo tendría que reflejarse socialmente, a pesar de que algunos entendidos en la materia consideran que: “el crecimiento económico no siempre garantiza bienestar”. Entonces, ¿para que se obtiene?, sería la gran pregunta obligada. Parece ser que, por esa razón, el tan cacareado entre nosotros no va hacia lo general; ¡se queda solamente, en unos cuantos bolsillos personales, y algunas cajas de caudales empresariales selectas!

De más es sabido que, aquellas – las ciencias económicas – se tienen como el abanico que conforma el trabajo de la disciplina profesional de los gráficos, los promedios, los pronósticos aéreos, y el léxico especial a que se recurre para confundir a los ingenuos; como, mantener a los pueblos dormitando, bajos las directrices que trazan los poderes hegemónicos que rigen, manejadas hábilmente por los tecnócratas que la ejercen, que son sus fieles servidores.

Que la misma en realidad no proyecta nada, pronostica, ni concluye resultados que reporten credibilidad; que solo se tiene como herramienta para condicionar mentalmente a la gente; para ocultar realidades concretas, y poder seguir las fiestas grupales y políticas que se plantean los mandamases.

No hay que ser ducho conocedor de las ciencias económicas, ni financista destacado, para dudar del tal crecimiento económico que se le atribuye a este país; debido que, es una condición imposible de lograr,  cogiendo cuartos prestados sin control, siempre en una escalada alcista, para ser utilizados en cubrir gastos corrientes, como pagar intereses de los empréstitos ya concertados, entre otros destinos cuestionables;  ¡que nada retornan!; y, con déficits presupuestarios anuales, que necesariamente se tienen que cubrir con la concertación de mayores empréstitos, hipotecando incluso la soberanía nacional, emisión de “Bonos” en el extranjero.

Por otro lado, en un país donde se carece de una estructura productiva nacional adecuada, en capacidad de competir con ninguna otra nación; que se mantiene a merced nada más de la denominada industria sin chimeneas, el turismo, cíclica y neurálgica, como de las remesas de los dominicanos residentes en el exterior.

Pero, además, que está plagado por completo de desórdenes administrativos estatales, y corrupción a granel, amén de las impunidades que se verifican, según cuántas informaciones trascienden hasta la opinión pública; y, con políticos gravitando, que solo piensan en sus intereses personales, y aquellos de los grupos que les respaldan durante los procesos electorales; como, en explotar impositivamente a la población, para sus beneficios muy propios.  Verbigracia de eso último, los sobreprecios en los hidrocarburos, por las cargas tributarias que se les imponen; resultan ser los más caros en toda el área del Caribe, según los expertos.

Luego, ante panorámicas como esas, ¿se puede estar creciendo económicamente en los porcentajes que se aluden (la posverdad en uso)? Sería la pregunta que obligatoriamente asalta; incluso, colocando a Dominicana por encima de naciones con condiciones favorables muy distintas a las nuestras; y, situando esta tierra por demás, a nivel de liderazgo en América Latina, con respecto a otras que sí se disponen de recursos variados suficientes, y los controles gubernamentales pertinentes; donde se respira otra fragancia estatal.

Por todo lo expuesto, ese bobo politiquero adormecedor del crecimiento económico aquí, es para los poco pensantes. ¡Se hace necesaria una mayor sincerización en ese orden!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

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