¡Ay nuestros bachilleres, y futuros profesionales, qué lástima dan!

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Con sobrada razón el relevo generacional en Dominicana, en términos de sustituir con la efectividad debida a los actuales académicos en ejercicio, respecto de las diferentes áreas del saber científico, ha venido brillando por su ausencia durante las últimas décadas.

En ese tenor, muy penosa es la realidad que se vive a nivel de las aulas universitarias del país, con principalía en las pertenecientes a la estatal academia de educación superior, cuando los docentes destacados en las mismas, “tienen que hacer de tripas corazón”, como se dice en buen dominicano, al tener que estar lidiando, y tratando de formar profesionales a partir de una materia prima inservible en su mayoría, bachilleres allí matriculados que apenas saben leer y escribir.

Por más esfuerzos que trate de hacer el profesorado, es muy poco lo que se puede lograr, pues amén de las deficiencias que arrastran muchos de los alumnos con que se debe trabajar, también se muestran estos “renuentes” a reconocer sus imitaciones fehacientes; como, a observar los comportamientos debidos, en el sentido de asumir las responsabilidades que la educación superior exige.

A la vista se tiene, que el sistema público educativo nacional lo que está aportando a las universidades del país, son personas semi-alfabetizadas. Quizás pueda aparecer gente idónea para capacitarle profesionalmente dentro de la masa egresada de los colegios privados, donde también “se cuecen habas”, suficientes, como reza un dicho popular ¡Qué nadie se llame a engaño!

Es por lo expresado anteriormente que, muchos buenos profesionales dominicanos (médicos, ingenieros, abogados, periodistas, contadores, etc.,), que ya se han retirado del ejercicio por razones de edad, y físicas limitaciones obvias, cuando no es que han fallecido, no han encontrado quienes les sustituyan en las labores que realizaban; y, mucho menos, con el prestigio con que aquellos abnegados impregnaban sus trabajos.

Ahora, ¿culpables quiénes son?, sería una de las preguntas obligadas que asaltan.  Otra, ¿se podría señalar a los estudiantes, aunque hace ya mucho tiempo dejaron de ser la levadura, como decía un otrora canto de protesta juvenil? ¡No! Sí que son el sistema político actual, como el poder económico regente, que han arropado un amplio segmento de los jóvenes de esta sociedad, en procura de convertirles en marionetas utilizables en su favor, a los fines de conservar sus propósitos subyugantes por tiempo indefinido,

Esos mismos grupos dominadores, inducen desfavorablemente a los muchachos, en cuanto a personalidad y carácter se refiere; como, les permiten, además, no servir en el presente, para que mañana sirvan menos, haciendo provecho de los sistemas educativos locales, incluyendo el de mayor preponderancia, el perteneciente a la educación superior. En ese último no se exige rendimiento académico alguno.

Se van sembrando desde los niveles inmediatamente inferior al mismo, cuántas hierbas malas sea posible, para que luego florezcan a nivel de ese amplio sector formativo, universitario, desde donde se alimentará después la sociedad nuestra, recogiéndose entonces allí los frutos, o efectos mayormente deseados: mediocridad y servilismo por doquier.

Y, todo eso se torna innegable, a pesar de los tantos “cantaleteos” que se hacen, en un país donde se dice estar llevándose a efecto la llamada “Revolución Educativa”, como la creación de la “República Digital”, reportándose ambas seudo ejecutorias a la cabeza entre los “buques insignias” del actual Gobierno, que se auxilia con sonoros titulares periodísticos pagados, no cabe duda, para una amplia promoción presupuestada, y venta de imagen oficial politiquera, con fines más que consabidos.

Se asocian en parte los costosísimos anuncios relativos, y las reseñas complementarias, con el pronunciamiento de un nuevo término demagógico que se ha puesto muy de moda entre los políticos actuales: posverdad, que fuera aceptado, e introducido en el diccionario de la lengua española en el año 2017, por la popularidad ganada, definiéndole como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. ¡Embaucar, dicho con lindura suficiente!, cabría agregar, de lo cual saben mucho estos truhanes políticos de nuevo cuño.

“Es pa’lante que vamos”. ¡Otro honor al término posverdad! ¿Cuál será el destino que en realidad nos espera?, pues se vislumbra todo más que incierto en Dominicana, a pesar de los decires politiqueros de estilo con que se procura continuar entreteniendo a la población.

En conexión con ese amplio pensar ciudadano, cuando las necesidades de recursos humanos aptos también apremien, en las diferentes áreas del saber, habrá que buscar en el extranjero los sustitutos de los talentos nacionales que vayan desapareciendo, pues las cosechas de aquí en ese orden, será de incapaces, mediocres, y mercantilistas por completo, haciendo provecho de la escasez obvia, debido a lo expresado con anterioridad.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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