Alabanza a la razón

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Amy Adams, en imagen de tal vez la mejor introducción, o inicio, de una película vista por mí en 50 años: «Nocturnal Animals», 2016

Por Dr. Frank Peña.

Nueva York, 27 marzo de 2018.

Erasmo de Rotterdam fue una columna intelectual de la Reforma Protestante. Escribió «Elogio de la locura», ensayo publicado en 1511. El título del famoso libro confunde, porque aparenta un tributo a la necedad.

Sin dudas, el autor era un hombre de fe, un fanático de La Biblia. Pero, junto a Tomás Moro y Martín Lutero dieron forma a la revolución religiosa más famosa de la historia, la Revolución Protestante, denunciando la corrupción de la Iglesia Católica.

En la primera mitad del siglo XVI, la mayor suma de poder de toda Europa estaba en el Vaticano. El Papa, era un Príncipe con su ejército, sus sicarios y jueces de la Inquisición para asesinar a contrarios, sus bancos, y sus alianzas con Estados imperiales.

Y viendo ese inmenso poder, Erasmo redactó su libro con estilo satírico. Censuró a los ricos, a los intelectuales, y a la jerarquía católica usando la burla sutil. Así, denunció al catolicismo como la cultura imperante en Europa, como la droga que dopaba a las gentes, creando en las personas la sensación de felicidad usando la razón lo menos posible.

Yo nací y crecí como católico. Fui militante y disfruté el catolicismo durante mis años escolares 1 al 8, es decir, durante las escuelas primaria e intermedia. En 1965, con 15 años de edad, en el primer grado de la escuela secundaria, experimenté con la religión evangélica. En ese período de hormonas calenturientas, bajo otro techo, quise encontrar el amor de Dios y el amor femenino.

Ahora, con casi 70 años sobre mis espaldas, me pongo a revisar mi pasado, hasta el momento que me gradué de bachiller, y mentalmente me visualizo como manso cordero y ojos cerrados rezando y orando hacia el espacio infinito, desde un templo católico o protestante, y siento por mí mucha vergüenza, porque el retrato aludido es el sello de la ignorancia.

Mentes brillantísimas como Demócrito, Baruch Spinoza, René Descartes, Denis Diderot, John Stuart Mill, Arthur Schopenhauer, Bertolt Brecht, Friedrich Nietzsche, Carlos Marx, Charles Darwin, Ayn Rand, Albert Camus, Sigmund Freud, Ludwig Feuerbach, Bertrand Russell, Albert Einstein, Stephen Hawking, Michel Foucault, y Noam Chomsky, se declararon: Agnósticos, una parte. Ateos, la otra.

En esa lista, hay genios creadores de hipótesis y tesis como el Psicoanálisis, el Materialismo Histórico, la Lucha de Clases, la Evolución de las Especies, la Ley de la Relatividad, la Teoría del Todo, etcétera. Por eso, ahora, con un pie en la tumba, admito que aprobé los 12 cursos del sistema escolar público, que consumí mi adolescencia, siendo un tonto, un supersticioso, un hombre corriente apoyado en la fe.

Friedrich Nietzsche escribió la frase: —- Dios ha muerto.

Y pienso que genios del nivel de Nietzsche, como los filósofos y matemáticos Hegel, Russell, Einstein y Hawking, son las únicas personas que pueden, con autoridad, hablar y escribir sobre si existe, o no, Dios. Esos cinco (5) genios, usando las mayores profundidades del razonamiento, y de la lógica matemática, buscaron a Dios en el espacio infinito, sobre la tierra, y en las aguas oceánicas, y no se toparon con él.

Y yo me pregunto:

Si hombres con los cerebros más avanzados, con los mejores manejos de las ecuaciones, de los axiomas, y de los corolarios, como Baruch Spinoza, René Descartes, y Noam Chomsky, no pudieron demostrar científicamente, racionalmente, la existencia de un Dios Creador.

¿Cómo un hombre común, inmoral, como el actual Papa Francisco, diariamente dicta Magistrales Cátedras sobre ese mismo Dios, el Diablo, el cielo y el infierno?

¿Cómo cientos de miles de Pastores evangélicos (la mayoría analfabetos funcionales), de Rabinos judíos, de Maestros hindúes, islámicos, y budistas, viven pidiendo ofrendas económicas a cambio de «un mundo después de la muerte»?

Es oportuno decir, que matemáticos como Albert Einstein, confeso agnóstico, no tiene obligación de demostrar la No existencia de Dios, porque él No inventó a Dios.

En cambio, los sinvergüenzas y los locos que hablan de un Dios que yo nunca he visto (ni ellos tampoco), sí tienen que demostrar lo que afirman: Que ellos hablan con Dios. Que ellos tienen almas. Que ellos, en el Juicio Final, viajarán junto a Dios para vivir eternamente en el cielo.

Concluiré este artículo a manera de meditación.

La civilización actual (con comunicación satelital, internet, medicina con rayos láser, trasplantes de órganos, estaciones espaciales orbitando la tierra, etcétera), nada le debe a la fe ni al Dios Creador que nadie conoce.

La fe no aporta nada al conocimiento. Es un estado de ánimo del cerebro. Es la razón inventando una situación de placer. El mismo mecanismo psicológico, se produce cuando nos graduamos como profesionales, cuando imaginamos que llevaremos a la cama a alguien que nos gusta, cuando compramos un tique de lotería y estamos seguros que ganaremos el premio mayor.

Tener fe religiosa. Inventar a Dios. Nunca han aportado un dato científico a la Humanidad. Sí, han llenado la Historia de mentiras, masacres, y tiranías. Por eso, la religión fue bautizada por Carlos Marx como «el opio del pueblo», la droga que usa la clase social rica para explotar la clase social pobre.

Napoleón Bonaparte, el gran Emperador y Soldado de la nación francesa, estratega nato, conocía a fondo el papel de la religión para el Gobierno y el Estado. Por eso, escribió:

—- ¿Cómo se puede tener orden en un Estado sin religión? La religión es un formidable medio para tener quieta a la gente.

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