Ciudad de Gitanos

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Por: Carlos Martínez Márquez

‘’El transporte público es un servicio público, en todo el mundo. Si no les es rentable, devuélvanlo a quien le toca dar el servicio’’. Esteban Garaiz

Década tras décadas nos planteamos cómo el mundo ha evolucionado y se ha desarrollado en cuanto a sus medios de transporte. El transporte en Europa y Norteamérica, por ejemplo, es el retrato del por qué esos países a través de este servicio tan importante generan  un desarrollo vital y bienestar para los  usuarios. Un medio de  transporte de calidad y bajo costo, nos da la oportunidad de ahorros, sin necesidad de adquirir vehículos, que abarroten las ciudades con daños colaterales en cuanto a la emisión de Dióxido de carbono (CO2).

La ciudad de Santo Domingo se ha convertido en un desorden en todas sus dimensiones; ya no tiene capacidad para albergar tantos vehículos en sus calles  y avenidas. Es una triste realidad que desde hace muchísimos años, hemos tenido gobiernos en la que nunca han echado un vistazo  al transporte público y al tránsito. La economía del caos, es el caldo de cultivo, en la que siempre se inventan, un bajadero atenuante que a largo plazo nada resolverá.

Se hicieron los elevados que en parte han resuelto un gran problema, pero seguimos teniendo dificultades para uno poder desplazarse a cualquier punto sin mayores contratiempo; viene luego la incursión del metro, cuya iniciativa ha sido uno de los puntos más acertados de los gobiernos de los últimos veinte años. Estábamos muy convencidos de que las demás etapas no se harían esperar, pero todo se estanca en cuanto surgen nuevos inquilinos en el gobierno, trayendo consigo su propio librito y prioridades y el tema de modernizar el transporte y adecuarlo a los nuevos tiempos, no ha de ser de su interés per se y no de la colectividad.

Se nos ha hecho la vida muy difícil cuando salimos a las calles, para hacer cualquier diligencia con mayor prontitud; nunca se sabe cuando llegamos a nuestro destino, agreguémosle, además, el tema de los aparcamientos en los centros de salud, restaurantes, plazas comerciales etc. La improvisación de parqueos en las calles, es otra situación desesperante, ocupando los espacios públicos que son reservados para el peatón y que no tiene quien los proteja. No hay política definida de nada que tenga que ver con el sistema vial y el transporte colectivo. Estamos echados a la suerte, donde la mayoría de los vehículos de transporte, zigzaguean, en donde solo les corresponde transitar por la derecha y no tomando la izquierda, como observamos en las calles a diario; lo mismo con los camiones de cargas, que no son garantías para los transeúntes y conductores, llevándose por delante a todo en cuanto encuentre a su paso y eso se produce a la vista de las autoridades reguladoras del tránsito.

Me siento frustrado como ciudadano al ver tanta indiferencia e indolencia por parte de quienes gobiernan y administran el Estado de cómo se nos cae la ciudad a pedazos, por las tantas insensateces de quienes circulan en las calles, de querer violentar las normas de conducir y la tanta violencia que este malestar genera a los demás. Esto es sencillamente una jungla en medio de la civilización. Es un verdadero desastre y un desorden que nunca acabara. Es ahí que entra en juego, el Estado…buscando fórmulas más dinámicas y más eficaces para combatir el caos del tránsito, generando un transporte colectivo de calidad y digno de uno sentirse orgulloso con relación a los demás países que compiten en esta materia. Dios, nos ayude!

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