Al patriarca, con cariño

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Sergio Reyes II.

Su descollante presencia, su dinamismo proverbial y la entereza que formaban parte de su personalidad se ha hecho notar a cada paso del recuerdo social de la vida en la frontera dominicana, una vasta región a la que entregó su vida, sus esfuerzos e ilusiones, con una disposición con visos de apostolado.

Más allá de la simple convivencia en el ámbito comunitario y la necesidad de aunar esfuerzos junto a los demás residentes del caserío rural, este es el más largo y más fácil de usar, lo que se puede hacer y el acicate para los que lo acompañaron años años de adaptación a la vida en la frontera.

Como otros miembros de la segunda generación de la oleada de pioneros que llegaron a los campos de Dajabón para cultivar y hacer parir los suelos de la tierra de la promesa, crecí viendo a Francisco Portes con la aureola de hombre dinámico, dado al trabajo, a las fiestas y la diversión. Pero por encima de todo esto, siempre puedo apreciar su jovialidad, don de gentes, la profundidad de sus planteamientos y el ejemplo positivo que siempre marchó con su vida.

Ahí se debe que nunca pudimos establecer una barrera entre los miembros de la familia de la familia Reyes Jiménez y otros -entre los que destacamos, además, el inolvidable Pedrito Batista-, que oscilaron alrededor de nuestro conglomerado y que quisieron y respetamos, por su forma de ser y el espíritu noble con que siempre se enfrenta en el transcurso de sus vidas.

Nuestros abuelos lo tuvieron como uno más de la familia. Y para nuestros padres, tíos y tías, el dinámico y el bonachón Francisco siempre fue amigo, colaborador en el trabajo y compilador de fiestas y francachelas incansable.

La justeza y profundidad de sus consejos, lecciones de vida y contundentes planteamientos ante los más diversos temas de la vida diaria, retumban como sentencias en mis oídos. Y acompañarán mis pasos, a partir de hoy, cuando su presencia inmanente se diluye en el espacio vital en que nos desenvolvemos, para que se emita un eterno recorrido para los ignotos que reclaman su presencia.

Francisco Portes nos deja, en este día. El deber de familia nos impone, nos exige, que nos unamos con las muestras ostensibles de solidaridad, en apoyo de nuestro hermano Ignacio Portes, esposo de Ysabel Tejada y padre, junto con ella, de una valiosa descendencia.

Tambien debemos apoyar a los demás hijos que sobrevivan: Amparo, Patria, Hipólito, Lourdes, Adriana, Junior y Dalquiris, procreados junto a Doña Zoila Estévez y otras apreciadas damas.

Francisco Portes fue un icono entre los habitantes de la zona fronteriza y un paradigma digno de imitar para todos los miembros de la familia Reyes Jiménez y relacionada.

Todos juntos rinden tributo a la memoria de este legendario luchador de las mil batallas, poniendo en alto sus sabias y sanas enseñanzas.

Descansa en paz, venerable Patriarca!

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