Fuga de cerebros

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Julio Portillo

La diferencia entre lo sucedido después del 23 de enero de 1958 al derrocarse la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y lo que ocurra al salir del poder el dictador Nicolás Maduro, es que entonces regresaron los políticos exiliados, pero la mayoría de la inteligencia nacional, aunque callada, estaba en Venezuela. No pasará en lo inmediato lo mismo, regresarán los exiliados, pero la mayoría de los talentos venezolanos que han salido del país por la crisis actual, tardará mucho en volver.

Nunca imaginamos que al mencionar entre las desventajas de la globalización, la fuga de cerebros, el ejemplo más actual iba a ser Venezuela. Aquel término inventado por los ingleses en los años sesenta del siglo pasado, estaba muy lejos de alcanzarnos. Con todos los errores que se cometieron en los años de democracia de 1958 a 1999, Venezuela seguía luciendo como un país próspero donde la gente no emigraba.

Pero nos sobrevino la maldición militar, es decir, los gobiernos que en el continente han caído en manos de los uniformados, que resultaron en dictaduras, ruina económica, perseguidos, violación de los derechos humanos. El gran historiador Ramón J. Velásquez llegó a decir “cuánto nos costó meter en las jaulas los demonios del militarismo y cuánto nos va a costar volverlos a encerrar”.

Es incalculable el costo de la perdida de capital humano que ha tenido Venezuela por causa del chavismo. Todas las ramas del saber han sido afectadas y donde más se comprueba ello es en las universidades. Mientras la dictadura duplica el gasto militar, la educación se encuentra acorralada, no solo por sueldos de los profesores y maestros sino por la falta de insumos para hacer posible la enseñanza. Faltan pizarrones, tiza, laboratorios, papel, pupitres, transporte, sanitarios, computadoras, es la ruina del conocimiento. Albert Einstein decía que “todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento y solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos”.

De los hogares de la clase media es de donde están emigrando los jóvenes profesionales de Venezuela. Resienten no solo la falta de oportunidades, el sectarismo del gobierno, sino saber que hay una inflación que pasa el 1660%, que falta el 80% de medicinas, que de cada cien delitos se castigan solo cuatro, lo que habla de la impunidad, que Venezuela tiene una gigantesca deuda externa y que se encuentra entre los 10 países más corruptos del mundo.

En el libro “Emboscada al relámpago” del exministro de la cultura de la República Dominicana Tony Raful encontramos una cita extraordinaria: “Un país no puede sucumbir bajo una ola de pesimismo galopante, Las grandes reservas de una nación en términos humanos e históricos tiene que emerger de su letargo, encabezar el proceso definitivo de redención, restituyendo la fe perdida, castrada, espoleada”. Y del gran poeta dominicano Manuel del Cabral extraemos “Pobre América Latina mendiga de sus ladrones”.

 

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