Celebrando y lamentando

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Antonio Gómez Peña

Durante todo un mes, la República Dominicana, esparcida por todo su territorio, y en la amplia diáspora extensa por todo el mundo, celebró con orgullo nacional los 174 años de la gesta de independencia.

Aquel 27 de febrero de 1844, un grupo de nobles patriotas dejó una huella profunda en la identidad de los dominicanos; hombres y mujeres que dieron sus vidas nos dejaron un legado más allá de lo que podemos entender. Una nación que construyó los cimientos de una sociedad derramando su sangre para alcanzar esos nobles ideales.

Hoy, y todos estos días, y todos estos años debiera de ser motivo de júbilo el sentirnos dominicanos.

Pero también, en medio de la celebración, sigue latente, cada vez más fuerte un lamento.

No solo el hecho de que muchos han mostrado indiferencia o dejadez ante el sentir patriota, ante el orgullo de ser lo que somos como nación. También está la insensatez y desfachatez de muchos, incluso de entidades, autoridades, personalidades del quehacer nacional, que se han mostrado unos viles, intentando tirar por el suelo los ideales que nos legaron nuestros patricios independentistas, asociándose con fuerzas extranjeras para, por intereses personales, particulares, de corte político y económico, intentar fundir en una la isla.

A lo largo de los años, han querido “vender” la idea de que la unificación, para nosotros imposible, inaceptable, antipatriótica, es la solución al problema de nuestra vecina nación.

Y han politizado una situación en la que, jugando con el drama humano y económico de Haití, ha apostado a lo que fuese para simplemente permitir una “invasión” pacífica que conllevará a la concretización de los planes de grandes potencias, que han querido relegar sus responsabilidades con ese país, adjudicándola a los dominicanos.

Y lo peor, el actual Gobierno, paralelamente con la pantalla de las deportaciones, el demagógico plan de regularización y la falta de control fronterizo, se ha mostrado en diferentes escenarios complaciente con cualquier posición que conlleve esta imperdonable unificación.

Es sabido que aquel plan de nacionalizar haitianos, al igual que todos los programas de corte asistencialista de la Presidencia solo buscan votos que hagan perpetuar esta mini dictadura peledeísta.

Es la realidad que vivimos los dominicanos en este tan sazonado “Mes de la Patria”. Mucho aparataje, simulando patriotismo, mientras las autoridades y una banda de delincuentes de saco y corbata, dueños del poder económico, de muchos medios de comunicación, abriendo clara o secretamente la frontera; esa que nos hace distinguirnos como ciudadanos de un país con otro; esa misma barrera obligatoria que debe establecer quienes son dominicanos y quienes no; esa misma franja que se quiso profanar 22 años antes de nuestra proclama como República.

Celebramos la Independencia, lamentando como se ha profanado la soberanía nacional, al ser permisible de tanta penetración extranjera, ya no solo por una cultura foránea, sino “invadida” por aquellos que en su mayoría nos han odiado históricamente, y que al parecer sus nuevas generaciones buscan la venganza, aunque fuese “pacífica” de ocupar lo que nos arrancaron por dos décadas, y creen que aún les pertenece.

Es hora de que los dominicanos sepamos realmente defender nuestra soberanía, si es posible por encima de todo drama humano con que nos quieran amedrentar para ocultamente dejarnos sin patria. Duarte, Sánchez y Mella, junto a sus compañeros, debería estar revolcándose en sus cenizas ante todo este abuso.

Adelante dominicanos, libres, soberanos, independientes, nunca unificados, mejor “se hunde la isla”.

Plaza a la bandera dominicana

Antonio Gómez Peña.-

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